Yo tendría unos nueve años cuando a mi madre, por motivos de trabajo, la trasladaron a la República Dominicana. Me gustó el viaje, fue entretenido: conocimos a una mujer muy amable y simpática en el avión. Bueno, en realidad, me pasé la mayor parte del tiempo durmiendo, pero fue interesante. Al llegar, ¡hacía un calor tremendo! Pero antes de ir a la piscina o a la playa, lo que nos apetecía en ese momento, era ir a nuestra nueva casa. Era preciosa y con unas vistas maravillosas. Teníamos de vecina a la jefa de mi madre. Dejamos las maletas en casa y la inspeccionamos detenidamente: tenía dos habitaciones, tres baños, comedor, cocina y un balcón enorme. Mi madre me preparó un bocadillo de jamón salado mientras yo me ponía el bañador y cuando ya lo tuve puesto, me lo comí mientras ella se ponía el suyo. Cuando las dos estuvimos listas, salimos de casa y nos encontramos a la jefa. Nos comunicó que tendríamos a alguien que cuidaría de nuestra casa, se llamaba Kleny. Era de Haití y estaba embarazada. En seguida me encariñé con ella, y ella conmigo. Me llamaba ‘Lolita’, porque decir Ariadna le resultaba complicado. Después de conocer a Kleny por fin pudimos ir a la piscina. Al día siguiente, mi madre empezó a trabajar y yo me iba cada día a comer y pasar el día con Klenny. Acabé negra de tanto tomar el Sol. Pero, tristemente, este viaje sólo duró un mes, así que cuando llegó la hora de irse me puse muy triste porque no quería separarme de Kleny. De todas formas, teníamos que volver a Andorra, el instituto me esperaba.

Ariadna, tu redacción es genial.
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