Tengo diecisiete años que
divido en dos etapas: la primera desde que nací hasta los siete, y la segunda
desde los siete hasta el momento en que escribo este texto. Ciudad Real y
Vilafortuny, respectivamente. Por lo tanto, mi tierra natal quedo atrás y mi
etapa adolescente se desarrolla aquí.
Son dos ciudades (aunque
Vilafortuny pertenece a Cambrils y Ciudad Real es ciudad propia) bastante distintas en lo práctico. Empiezo
por el lugar donde nací. Con su clima extremo del centro de la península,
pasando veranos de intenso calor seco por la escasez de humedad y el gélido
invierno que de vez en cuando convierte de blanco las calles. Mi consciencia
recuerda los mejores años, jugando en la calle con los vecinos y yendo de la
mano de mi madre a la escuela por las mañanas combatiendo aquella neblina
característica. Cada domingo iba a comer a casa de mi abuela, que vive en un
pueblo a las afueras de Ciudad Real y que considero mi segunda casa. Donde
celebramos navidad toda la familia reunida, los que están y los que se han ido.
La parte centro de Ciudad Real está plagada de tiendas y bares, aunque el mejor
lugar para ir de tapas es la plaza del ayuntamiento. La ciudad va creciendo y
por lo tanto la periferia es donde se concentran más casas y en el centro
destacan los pisos junto a los miles de parques donde jugar al balón o
balancearse en los columpios.
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| Plaza del ayuntamiento, Ciudad Real |
Hoy en día viajo dos o tres veces al año y mi
punto de vista ha cambiado respecto al que tenía. Ahora mis intereses son
otros. Por suerte conservo amigos, mis mejores amigos, con los que salgo por
las noches por el centro en busca de ambiente y pasarlo bien. Otra de las cosas
que más aprecio es la cantidad de lugares públicos (y privados) disponibles
para hacer cualquier tipo de deporte.
Por otro lado tengo mi
segunda residencia, donde vivo actualmente y donde ya he pasado más de la mitad
de mi vida y lo que me quede. La etapa más difícil y con los cambios más
drásticos en los intereses personales. Vilafortuny me ofrece algo que siempre
necesito y es tranquilad, espacio y poder salir de noche al parque sin miedo a
nada. Sin duda es lo que adoro de este lugar. Un buen y estable clima mediterráneo a pesar del odioso viento que toma protagonismo semana sí semana no. En cambio me cuesta mucho el
aceptar que tengo que recorrer quilómetros para hacer lo que más me gusta:
jugar a tenis. O por ejemplo para salir a comprar ropa o simplemente ir con mi
hermano al cine; para ese tipo de cosas necesitamos un transporte. Y por suerte
lo tenemos, somos afortunados, y eso a veces no lo apreciamos como merece.
Para terminar, echo de
menos Ciudad Real y sé que siempre tendré allí mi casa y mi gente pero también
sé que mi presente, mis estudios y mi vida social vive en Vilafortuny, mi
pequeño gran paraíso.
Aunque el hogar son las
personas, no los sitios.

1 comentario:
Todo positivo en esta redacción, Alberto. Me ha gustado mucho.
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