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lunes, 28 de noviembre de 2016

Lectura Teatral. La Celestina

SÉPTIMO ACTO, ESCENA III.
Pármeno: Señora, que bueno que estés aquí.
Areúsa: Bienvenido, Pármeno.
Celestina: Ven aquí, burro. ¿Por qué te sientas tan lejos? No seas tan vergonzoso. A ver, escuchadme los dos. Ya sabes tú, Pármeno amigo, lo que te he prometido, y tú Areúsa, lo que te pedí, dejando de lado la dificultad con la que me lo has dado. Él siempre ha vivido muy triste por ti, y viendo su pena no le querrás ver sufrir y por eso no te importará que duerma esta noche aquí.
Areúsa: Ni de broma, por favor, que no se le ocurra.
Pármeno: (Aparte) (Por favor, no me quiero ir de aquí sin estar con ella, porque estoy totalmente enamorado. Dile que le puedo dar todo lo que heredé, todo lo que tengo. ¡Va! ¡Díselo! Que no me quiere ni mirar).
Areúsa: ¿Que te está susurrando a la oreja? No voy a hacer nada de lo que me pida.
Celestina: Simplemente dice que se alegra de tu amistad, porque eres generosa y buena persona. Ven aquí, Pármeno, no seas tímido, que quiero ver de lo que eres capaz. Acuéstate con ella y aprovéchala.
Areúsa: Que no tenga tanta cara de hacer conmigo lo que quiera sin mi permiso.
Celestina: ¿Con que con esas vamos? Solo espero que lo aprovechéis bien, ya que él es joven y tiene energía de sobras para aguantar tres noches. Estos consejos me daban a mi cuando era más joven.
Areúsa: ¡Ay por Dios!, no me trates así. Ten compasión de esta vieja. Apártate, que no soy de esas, de las que venden su cuerpo por dinero. Que no conseguirá nada conmigo hasta que Celestina se vaya.
Celestina: ¿Qué pasa Areúsa? ¿De qué estás hablando? Parece que yo no entienda como va esto, como si nunca hubiera visto a un hombre y una mujer juntos. ¿Acaso crees que nunca he pasado por esto ni he gozado por lo mismo que tú? Pues te aviso que fui prostituta como tú, y tuve de esos “amigos” que tú tienes, pero la diferencia es que nunca rechacé a todos aquellos que me aconsejaban y protegían. Con tus actos me das a entender que nací ayer, que por hacerte tú la digna, me humillas y me desprecias. Y no tienes en cuenta mi oficio para alzarte en el tuyo. Pues entre iguales ha de haber compañerismo.
Areúsa: Perdóname, me he equivocado, y prefiero que tú estés contenta a que estés enfadada conmigo.
Celestina: No estoy enfadada, pero es un consejo para tu futuro. Bueno Areúsa, me voy ya, que no me siento bien con todo lo que me estáis diciendo.
Areúsa: Hasta pronto.
Pármeno: Celestina, ¿Quieres que te acompañe?
Celestina: No va a hacer falta que vengas, que yo ya soy vieja y no corro peligro. 



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