Aquella mañana era muy especial, era nuestro segundo aniversario.
Quería impresionar a mi estupenda mujer, Belle.
Me levanté a las seis de la mañana para hacerle un día inolvidable.
Quería prepararle un día muy especial porque me gustaba hacerla feliz.
Me puse manos a la obra, por el ventanal veía como amanecía, las calles aún estaban vacías de gente, lo dejé todo preparado, bien ordenado y limpié toda la cocina. Todo estaba perfecto.
Fui a despertarla, me acerqué, la besé y la cubrí de besos, nos abrazamos y le susurré felicidades cariño.
Cuando Belle entró en la cocina, se sorprendió, su cara irradiaba felicidad, se sorprendió de lo bonito que había quedado. Marc hizo una mueca, como si no le hubiera costado nada. Ella le dijo lo mucho que le gustaba cuando decía tonterías, cuando le hacía reír, cuando la besaba, cuando preparaba algo especial para hacerla feliz.
Se sentaron juntos, en la pequeña mesita de la cocina y tras muestras de cariño se comieron el desayuno tan especial, desearon los dos antes de apagar las velas muchos años de felicidad juntos.
1 comentario:
Carlota, has escrito una bonita redacción. ¡Lástima que no hayas añadido una imagen apropiada!
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