EL DESAYUNO
Era muy pronto cuando Marc se despertó. Hoy era su cumpleaños. Hacia 35 añitos y quería salir a dar una vuelta antes de que Bella se despertara. Quedaba poco para que fuera su aniversario de bodas. Llevaban 10 años casados y todavía seguía enamorado como el primer día en que la vio. Mientras paseaba por las calles madrugadoras, pasó por una floristería donde vendían flores frescas recién cogidas del campo y le compró un ramo por 100 rublos. Las flores eran preciosas, tenían un ligero rocío congelado sobre los pétalos. Esas eran las flores que merecía su querida Bella. Cuando llegó del paseo matutino, vio a Belle en la cocina. Ella se giró de repente, con el delantal puesto y la cara sucia de chocolate, y escondiendo algo detrás de ella. Estaba apoyada en el mármol de color grisáceo, en la mesa había unos cuantos utensilios de cocina, y las cortinas coloridas estaban corridas para darle un toque más acogedor a la cocina.
- Hola cariño. ¿Qué haces?
A lo que Bella respondió esbozando una inmensa sonrisa de esas que solamente ella sabía dibujar. Marc se acercó, y entregándole el ramo por sorpresa, le dijo
- ¡Tu sonrisa es como una ducha en el infierno! ¿A ver qué tienes ahí? –preguntó curioso
- Nada... –dijo ella intentando esconderlo sin ningún éxito
- Todavía me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y tartas. Por cierto, ¿dónde está el beso?
- Tendrás que venir a buscarlo
Y corriendo por la casa como en un noviazgo de dos meses, se persiguieron hasta caer rendidos en el sofá. Y allí sentados, le dijo:
-Tengo un hambre feroz esta mañana, voy a empezar contigo el desayuno.
Y allí sentados, se comieron la tarta que Bella había hecho con mucho amor.
1 comentario:
Alba, has hecho una combinación perfecta entre el poema y el cuadro.
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