
En la floristería elegí las flores más bonitas, de sus colores favoritos: amarillo, blanco y rosa. Las cogí y pensé que era el mejor ramo del mundo, y como no, para la más preciosa del mundo.
Llegué a casa y allí estaba Belle, tan preciosa como siempre.
De puntillas me acerqué a ella, que estaba en el comedor mirando por la ventana y desayunando un cruasán con café, como cada mañana.
La cogí por detrás y la besé.
- Qué cariñoso estás esta mañana. - Me dijo.
- Siempre estaré cariñoso para ti, mi vida. Aunque hoy más que nunca.
- Y eso Marc?
- Hoy es nuestro aniversario, cumplimos un año de casados y aquí tienes tu regalo.
Le entregué el ramo y se quedó con cara de impresionada.
- Gracias cariño. Te amo como nada más en el mundo.
- Para mí tú eres mi mundo. - Le dije yo cariñosamente.
- Me gusta cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes. - Me dijo Belle.
- No miento, pero tú aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas.
Nos quedamos mirándonos fijamente, la besé y nos sentamos a desayunar. Belle se rió pícaramente y me dijo:
-Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno.
Me cogió de la mano y me llevó al dormitorio.
1 comentario:
Ani, has escrito una historia preciosa.
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