
En una mesa de la cafetería del instituto se reunían cada día un grupo de chicos de tercero de la ESO. Eran seis en el grupo, Miguel, el más guapo de todos y el más creído, Antonio, el listo del grupo, Jorge, un chico tímido y reservado, Alex, el líder del grupo, Roque, que era de primero de la ESO y Cristina, una chica muy agradable.
Era lunes, en la hora del patio, estaban al principio del segundo trimestre, vieron entrar a un chico con gafas por la puerta, nunca lo habían visto, parecía que llegaba nuevo. Entraba con una mujer que parecía su madre.
El chico se dirigió a la cafetería, se sentó solo, no sabía con quien estar. Alex, el líder, propuso ir a hablar con él y conocerlo. Todos se pusieron de acuerdo, menos Miguel, que creía que ese chico era un poco raro y no muy divertido. Antonio no hizo caso a Miguel y se dirigió al chico nuevo, pero justo en ese momento sonó el timbre. Cada uno se fue para su clase. Roque ya que iba a primero se quedó en la planta de abajo, Los demás subieron a arriba. Miguel, Jorge y Cristina coincidieron en la misma clase, tercero A, que el chico nuevo, que descubrieron que se llamaba Enrique. En el cambio de clase Alex y Antonio, que iban a la misma clase, tercero B, se acercaron a tercero A, para intentar acercarse a Enrique, les parecía un buen chico para formar parte del grupo. Enrique no era muy sociable, pero poco a poco se hizo amigo de los del grupo, menos de Miguel. Miguel siempre esquivaba a Enrique, Antonio quería hablar con Miguel, para intentar ir todos juntos, para arreglarlo. No sabían que le pasaba a Miguel, no quería saber nada de Enrique y siempre se burlaba de él, y cuando podía le hacía bromas pesadas al pobre Enrique.
Antes del patio, vieron que Miguel se acercaba mucho a Enrique como si lo quisiera pegar, lo que intentaba era quitarle el dinero para el desayuno, pero antes de que lo hiciera todos los demás se acercaron para defenderlo. Hablaron con Miguel, y lo intentaron arreglar, pero no pudieron. A Miguel le sigue cayendo mal Enrique, aun que no le hubiera hecho nada, pero no le decía nada, ni le hacía bromas.
Poco a poco a Miguel le fue cayendo mejor Enrique, pero nunca conectaron de verdad.
A las personas no se las debe tratar mal sin que te hayan hecho nada.
1 comentario:
Blanca, has escrito un cuento solidario. Muy bonito.
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