Presente, pasado y futuro

domingo, 22 de mayo de 2016

Narración del Tercer Acto

ACTO TERCERO
Se ha hecho de noche, y en el patio interior de la casa de Bernarda están comiendo ésta y sus hijas mientras la Poncia les sirve. Prudencia, que ha ido a visitarlas, decide que es hora de irse pero continúan hablando sobre el marido y la hija de prudencia, y lo bien que le han ido los negocios a Bernarda. Sale a relucir el tema de la boda de Angustias y ésta aprovecha para enseñar el anillo de pedida a la visita. Bernarda alardea del dinero que se ha gastado en comprar los muebles para su hija. Finalmente, Prudencia por fin se va al oír el último toque lejano de las campanas de la iglesia para rezar el rosario.
Tras la cena, Adela, Amelia y Martirio salen a tomar el fresco mientras en la sala se queda Bernarda hablando con Angustias. Hablan sobre Pepe. Angustias cree que le oculta cosas, que está extraño, como distraído. Su madre le alecciona sobre cómo debe comportarse con su futuro marido, siendo una esposa sumisa.
Vuelven a entrar las hijas tras estirar las piernas y contemplar la noche y su madre, tras mucho insistir, consigue que sus hijas se vayan a acostar quedándose a solas con la Poncia, que le insinúa a Bernarda que a pesar de su vigilancia no es capaz de controlar todo lo que pasa bajo su techo. Bernarda orgullosa, se niega a plantearse esa posibilidad. Cuando la dueña de la casa se retira a su habitación, Poncia y la criada comentan sobre la tormenta que se les avecina cuando estalle toda la información oculta tras las paredes de la casa y bajo los corazones de las hijas de Bernarda Alba. Adela interrumpe la conversación al ir a beber agua. Se van todas a dormir.
Aparece María Josefa con una oveja en los brazos entonando una irónica canción. Se va cantando y entra Adela que, mirando a un lado y a otro con sigilo, desaparece por la puerta del corral. Aparece en la habitación Martirio, que va en enaguas y se cubre con un pequeño mantón negro, de repente sale enfrente de ella su abuela. Mantienen una absurda conversación ya que su abuela desvaría hasta que Martirio consigue mandarla a la cama. María Josefa se va llorando mientras canturrea el estribillo de su canción.
Es evidente que la oscura noche da cobijo a los oscuros secretos de las hijas de Bernarda. Martirio se dirige a la puerta del corral en busca de su hermana Adela. La llama primero con inseguridad pero enseguida la reclama en voz alta. Adela aparece despeinada y Martirio le echa en cara que su actitud no es el de una mujer honrada. Discuten entre ellas por el amor de Pepe. Adela está enamorada de él y cree que su amor es correspondido. Sabe que vino a la familia atraído por el dinero pero está convencida que sus ojos siempre han estado sobre ella. A Martirio, sin embargo, le corroen los celos ya que ella también se ha sentido atraída por Pepe y sabe que jamás será correspondida. No tiene ningún problema de que el amante de Adela se case con Angustias, porque sabe que ésta nunca conseguirá el amor de su futuro marido, pero Martirio jamás consentirá que Adela se salga con la suya.
Adela intenta ablandar el corazón de Martirio acercándose a ella con la intención de abrazarla tras su dura confesión de que también estaba enamorada de Pepe, pero Martirio, rencorosa, amargada y llena de odio, rechaza a su hermana. Adela le dice, que con resignación soportará que Pepe se case con Angustias porque sabe que a quién el hombre lleva en su corazón es a ella, la cual siempre estará disponible para él a lo largo de toda su vida.
Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante. Adela intenta escapar y forcejean. Martirio llama a voces a su madre que aparece en enaguas con un mantón negro. Martirio acusa a Adela de haberse acostado con Pepe el Romano. Bernarda se dirige furiosa a Adela increpándole su comportamiento, pero la menor de sus hijas, le hace frente por primera vez defendiendo su amor por Pepe.

Aparece el resto de la familia desconcertadas y atraídas por los gritos. Adela dice que ella es la verdadera mujer de Pepe y que él le está esperando fuera en el corral. Bernarda coge la escopeta y sale corriendo. Adela intenta salir pero Angustias la retiene contra su voluntad. Suena un disparo y entrando en la habitación Bernarda le dice a Adela que se atreva a buscarlo ahora. Martirio corrobora la versión de su madre y Adela sale corriendo. La Poncia pregunta si realmente lo ha matado y Martirio le dice que no, que salió corriendo en la jaca. Pero esto último Adela no lo ha oído. 

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