Mi retrato conceptual

domingo, 19 de febrero de 2017

El final de Manila.

Cuando Herbal murió, Manila cerró el local debido a que la gente dejó de venir y lo vendió, con lo que ganó se hizo una pequeña panadería, muy mona donde ganaba algo de dinero. Un día, delante de su local abrieron otra panadería, eso le hizo perder unos cuantos clientes, y eso le hizo bajar los precios.
Después de eso Manila tenía más clientes que nunca. Una tarde Manila fue a ver la otra panadería que abrió delante de la suya para ver quién era el dueño y como le iba. Al entrar en la panadería se dio cuenta de que no había nadie, ni clientes, ni trabajadores. Entró en la despensa, con cuidado de no tirar nada, y vio algo horrible. Eran los narcotraficantes que iban al burdel donde ella trabajó, ella sabía que comerciaban con drogas, y le daba igual, pero no sabía que comerciaban con mujeres, los vio intercambiando mujeres a cambio de dinero, y les escuchó decir que era una pena que el local de Manila hubiera cerrado, que en meses le hubieran convencido de comprarles a las chicas por un buen precio.
Manila se fue de la panadería, y al llegar a casa, intentó dormir, pero no pudo, estaba dándole vueltas a lo que había pasado hoy.
Al día siguiente Manila fue a la panadería de los narcotraficantes, cuando tenían clientela, entró gritando -se lo que hacéis con las mujeres, lo sé todo, se lo diré a la policía- después el trabajador fue a por ella diciendo -tu no le dirás nada a nadie, acabaremos contigo, sabemos quién eres- Manila le esquivó y se fue corriendo de la panadería.
A partir de ese día comenzó a cerrar la tienda cada vez más temprano, miraba a la gente con más desconfianza, temiendo que en cualquier momento fueran a por ella.
Un día dejó de abrir la panadería, y se quedaba en casa, callada y asustada, escuchando los coches y rezando que el siguiente que pasase no aparcase en frente de su casa y se la llevasen. Intentó explicárselo a la policia pero lo que les contó parecía sacado de una película de miedo, y no la creyeron.
Después de un tiempo sin que pasase nada, Manila se despreocupó e intento hacer más vida social.
Un día como otro cualquiera Manila se fue a dormir, escuchó un coche aparcando cerca de su casa pero no le dió importancia, después escuchó como le rompieron la puerta de su casa y tan rápido como lo escucho, alguien entró en su habitación y se la llevaron.
Manila apareció  muerta dos días después en un río, con los pulmones llenos de agua y la cara tan destrozada por los cortes y los golpes que recibió que costaba reconocerla. Nunca descubrieron al culpable, solo Manila supo quien o quienes eran.

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