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miércoles, 22 de febrero de 2017

Relato Ficción

Relato Ficción 

El Sargento Landesa, regresó a casa después de que se produjera, la reunión que, supuestamente, nunca había tenido lugar. Mientras recordaba las órdenes que él mismo había encomendado a sus hombres, se dio cuenta de que se había olvidado de su querida pistola Walther, en el cuartel donde se habían reunido. 

Aunque no era precisamente de su agrado, salir a altas horas de la noche por la calle, dada la situación en la que se encontraba España actualmente, pensó que no podía dejar allí su arma. 
Decidido, se despidió de su mujer, y emprendió el quilómetro y medio que había desde su casa hasta el cuartel. La noche era fría, y la humedad se calaba en los huesos de tal manera, que podía llegar a producir una sensación reumática. 

Cuando ya visualizaba la puerta estropeada y oxidada por el paso del tiempo, de aquel pequeño edificio, escuchó un ruido proveniente de una esquina cercana. Pensó que se trataría de algún zorrillo o de algún mapache, dado que solían andar por allí a esas horas. Metió la llave en la cerradura atrofiada, cuando de repente notó un fuerte y frío golpe en la nuca. Medio inconsciente, se giró para ver quién le había propiciado el golpe, y vio tres hombres con atuendos del bando republicano decididos a atacarle.

Él, en sus inútiles intentos por defenderse, solo podía escuchar las voces de aquellos hombres furiosos: -¡Muere facha, muere!, le gritaban a la vez que le golpeaban con instrumentos metálicos. Así fue, ya que tras resistir cuatro o cinco embistes de los asaltantes, el Sargento cayó al suelo y fue perdiendo la vida lentamente, bajo la fría y oscura noche.

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