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domingo, 10 de marzo de 2013

El cerdo de calandrino.

Yo y mi mujer, criábamos cerdos, y como todos los años teníamos la costumbre de en diciembre, con mi mujer, matarlo y ponerlo a salar. Pero este año mi mujer se puso enferma, y tuve que ir yo a matarlo con dos amigos, Bruno y Buffalmacco, que se les ocurrió la idea de que dijera una mentira a mi mujer. Decir que me habían robado el cerdo, y con ese dinero gastárselo entre todos, yo les dije que no, que ni pensarlo, que mi mujer no se lo iba a creer. Los dos amigos, pensaron robarme el cerdo mientras dormía, y cuando me di cuenta, se lo dije, y me dijeron que tenia que ser algún vecino mio, que hiciera una especie de prueba, que se tomaran unas píldoras y el que las escupiera seria el ladrón, pero yo mismo escupí mi pastilla, porque era amarga, y se creyeron que yo mismo me había robado el cerdo.

El cerdo de Calandrino

- Ya ha pasado un año desde la última matanza del gorrino, y parece que fue ayer cuando lo compramos, ¿verdad esposa? Venga prepárate que nos vamos a la heredad y así de paso le echo un vistazo a los cultivos a ver cómo están.
 - Lo siento Calandrino, me encuentro fatal… me parece que este año tendrás que ir tu solo a matar el gorrino. Así que sin mi esposa me dirigí a las afueras de Florencia para matar al cerdo. ¡Era un cerdo enorme! Tendríamos reservas para una buena temporada. Cuando estaba de vuelta de la heredad, cargando mi enorme cerdo, me encontré con Bruno y Buffalmacco, dos viejos amigos, así que decidí fardar un poquito de la pieza que llevaba entre manos.
 - ¡Qué gordo está! Véndelo y gastémonos el dinero, y a tu mujer le dices que te lo han robado –propuso Bruno
 - ¡No, que no iba a creerlo y me echaría de casa! No insistáis, que no lo haré –les respondí
Yo a mi mujer le tengo mucho respeto, y nunca le haría tal cosa, está claro. Por muy amigos que sean, por encima de todo quiero a mi mujer. De todas formas, les invité a cenar para que pudieran catar el maravilloso cerdo, pero ellos se negaron, no sé porqué. Pero más tarde, ellos fueron los que me invitaron a la taberna a pasar un ratito entre amigos ya que no estaba con mi mujer. Así que fui con ellos y estuvimos bebiendo un buen rato, y cantando, y jugando. Al cabo de unas horas, me fui para casa directo a la cama. No podía conmigo mismo de la que llevaba encima. Fue echarme a la cama i caer rendido al instante. Cuando desperté fui al corral donde tenía al cerdo preparado para salar, y entonces me di cuenta de que no estaba allí. Mi cerdo había desaparecido. Estaba claro que algún envidioso me lo había robado. Enseguida grite a los cuatro vientos que me lo habían robado, y Buffalmacco y Bruno vinieron a ver qué pasaba. No pude más y rompí a llorar. Les conté lo que me había pasado pero ellos no me creyeron. Dijeron que no tenía porqué fingir que me habían robado el cerdo si solo quería quedarme con el dinero de la venta del puerco para mí solo. Finalmente les convencí de que era real, que me lo habían robado y ellos sugirieron un método para encontrar al culpable del robo. Estaba seguro que era uno de los vecinos, y Bruno me pidió que los reuniera a todos mientras él iba a Florencia a comprar unas píldoras y vino pardo. Eso era lo único que necesitaba para sacar quién era el culpable. Bruno explicó lo que había sucedido, el hecho de que me hubieran robado el cerdo, y explicó como haríamos para encontrar al culpable. Cada uno de nosotros comería una de las píldoras que Bruno había traído de Florencia y quién fuera el culpable, encontraría el sabor tan amargo que tendría que escupirla. Un buen método la verdad. Seguro que alguno de los impresentables de mis vecinos se había apropiado de mi cerdo. Así que nos fuimos repartiendo las píldoras. Cuando llegó mi turno, un sabor amargo inundó mi boca y no pude tragar la píldora. Tuve que escupirla, y la gente me miraba perpleja, porque eso significaba que yo era el ladrón de mi propio cerdo. Bruno me dijo que no pasaba nada, que habría sido un malentendido y que tomara otra para verificarlo. Convencido de que la segunda píldora me sabría normal, me la tomé sin pensarlo, pero de nuevo la píldora era amarga y tuve que escupirla. Todos se fueron y se quedaron Bruno y Buffalmacco conmigo. No podía creerlo. Las pruebas decían que había sido yo el ladrón, ¡el ladrón de mi propio cerdo!
 - Por seguro daba yo que tú tenías el cerdo y que querías mentirnos con eso de que te lo habían robado para no darnos de beber con el dinero que recogieras –me dijo Bruno
Yo juré que eso no era así, que yo no tenía el cerdo, que la prueba estaba mal. Pero ellos no me creyeron y me amenazaron con contárselo a mi mujer si no les regalaba dos capones. Y no tuve más remedio que ceder y dárselos, porque bastante pena tenía ya encima, como para que ahora ellos me acabaran de fastidiar. Nada de esto tenía sentido. ¿Dónde estaba mi cerdo?

El cerdo de Calandrino

Ya llegó el tan dia esperado, era un dia de diciembre, espectacular un día precioso perfecto para mi rutina de cada año ir a mi pequeña heredad de Florencia a buscar me preciado puerco, este año tenia mas ganas que nunca, ya que el cerdo de este año era gigantesco un cerdo enorme, que como de costumbre lo mataría y lo salaria. Mi esposa no se encuentra muy bien así que iré yo solo a Florencia a buscar mi puerco. Por sorpresa me encontré a Bruno y Buffalmaco con mi vecino el cura. Les llamé y les enseñe esa preciosidad de bestia tan grande casi como un león.
Ellos me propusieron que lo vendiera, que ganaríamos mucho dinero, yo no estaba de acuerdo con eso porque mi mujer no se creería ninguna de las excusas que le digiera además se enfadaría tanto que me echaría de casa.
Se me paso por la cabeza invitarles a cenar para parecer educado pero en verdad esos dos me dan mucha mala espina no me gustan nada, ellos se negaron se mostraron un poco desagradecidos pero no me molesto que hagan lo que les parezca.
Cene y me fui a dormir con la alegría que el puerco era uno de los mejores que había matado.
Me desperté y cuando fui a ver como estaba el puerco, me sorprendí, mi precioso y gigante puerco ya no estaba ahí! me lo habían robado!, comencé a gritar y a llorar. De repente vi. a Buffalmaco y a Bruno y les llame para contárselo, pero ellos no me creían , en cambio creía que era una exageración para poder vender el cerdo y engañar a mi mujer y a ellos. Pero eso no era cierto y al final me creyeron y buscamos una solución para poder encontrar mi preciado puerco, así que decidimos reunir todos los vecinos para intentar descubrir quien era el culpable.
Yo estaba ansioso para saber quien era el ladrón de mi preciado puerco y llego la hora de la reunión.
 recitó unas palabras para explicar que había pasado y explicó de que manera se vería quien era el ladrón.
Explicó que todo el mundo se comería una píldora y quien la escupiera seria el culpable del hurto.
Me metí en la boca esa píldora pero de repente sentí un sabor horrible muy amargo y la escupí, me extrañe un poco porque parecía el mismo sabor que el aloe, pero me dieron otra pero sentí el mismo sabor y la volví a escupir, la gente me miro sorprendida y me culparon ami del hurto. Dijeron que todo era una farsa para poder vender el puerco y llevarme todo el dinero sin que nadie sepa nada la gente comenzó a mirarme mal yo no entendía nada estaba desolado y además Buffalmaco y Bruno me amenazaron en contraríelo ami mujer, yo que no quería mas problemas les di lo que querían y me fui triste para mi casa, sin cerdo y quedando como un mentiroso estafador.

El cerdo de Calandrino

Ya era 1 de Diciembre y le dije a mi mujer que teníamos que ir a matar al cerdo y después, salarlo. Al comentárselo ella me respondió que no se encontraba bien, que justo ese día se había puesto enferma, entonces, tuve que ir yo solo. Al llegar al terreno Buffalmacco y Bruno me empezaron a preguntar sobre que haría con el cerdo y me sugirieron que lo vendiera en vez de salarlo, propuesta que no acepté porque mi mujer esperaba que llevara al cerdo salado a casa. Al día siguiente, al amanecer bajé donde estaba el puerco y había desaparecido. Salí a la calle rápidamente buscando al culpable de ese robo pero sin resultado alguno. Pregunté a Buffalmacco y Bruno si ellos sabían algo y nada, no tenían ni idea, pero insistieron en que había sido yo el que había cogido al puerco y lo había llevado a vender, yo lo negué por completo y Bruno me dijo que haríamos la prueba de fuego, el traería unas píldoras y al comerlas a quien le sabieran amargas sería el culpable del robo. Tras hacer la prueba solo me sabieron mal a mi así que quede como el culpable del robo, pero en realidad, yo no robé mi propio puerco. Al final pensé que la mi mujer podría ser sospechosa.

sábado, 9 de marzo de 2013

El cerdo deCalandrino

Era una mañana de diciembre, hoy tocaba matar al cerdo que habíamos cuidado este año.
- Cariño, ¿Vienes a la heredad a matar al puerco?
- No me encuentro muy bien Calandrino, ves tú y ponlo tú a salar también. – me contestó mi mujer.

Al salir de la heredad vi a dos amigos míos, Bruno y Buffalmacco, les llamé para enseñarles el cerdo:
- ¡Qué gordo está! Véndelo y gastémonos el dinero, y a tu mujer le dices que te lo han robado – me propuso Bruno al ver a la enorme criatura. 
- ¡No, que no iba a creerlo y me echaría de casa! No insistáis, que no lo haré – respondí.
No me parecía nada bien hacerle eso a mi mujer, tenía claro que no lo haría. Pero ellos siguieron insistiendo, y yo me negaba a acceder.

A las ocho de la tarde me vinieron a buscar para ir a la taberna, a mí me extrañó pues sabía que les había molestado que yo no quisiera venderlo y gastarme el dinero con ellos. Aún así acepté ir a la taberna. Cuando llegamos allí, me invitaron a beber, todo era muy extraño, pero me demostraron que no eran rencorosos respecto al tema del cerdo. Bebí demasiado aquella noche, tanto que me tuvieron que acompañar ellos a casa, me tumbaron en la cama y se fueron. Yo al instante me quede frito.

A la mañana siguiente, cuando me levanté, no vi al cerdo por ningún lado. Me asusté tanto que empecé a gritar como un loco, desesperado. Alguien me lo había robado aquella noche.

Llamaron a la puerta, eran Bruno y Buffalmacco, yo abrí contándoles lo sucedido. Pero ellos no me creían, decían que era todo mentira para engañar a mi mujer y a ellos. Yo desesperado insistí e insistí. Al final llegamos a una conclusión:
- En tal caso convendría, si es posible, buscar el modo de recuperarlo. Debe haber sido alguno de tus vecinos. Y ciertamente que, si pudieras reunirlos, yo sé hacer una prueba para ver quién lo tiene. Podría hacerse con unas píldoras de jengibre y vino pardo. – me dijo Bruno.
Me pareció una idea genial, era el único modo de recuperar a mi cerdo.

A la mañana siguiente Bruno y Buffalmacco aparecieron con una cajita de las píldoras y el frasco de vino. Nos colocamos todos en círculo y Bruno explico lo que había pasado y como lo íbamos a solucionar: 
- Anoche, a Calandrino le quitaron un cerdo muy bueno y no sabe quién fue. Como cada uno de los que estamos aquí puede ser el culpable, para descubrir quién lo tiene vamos a daros a cada uno estas píldoras y un vaso de vino. Tened en cuenta que quien tenga el cerdo no podrá tragar la píldora, pues, al saberle más amarga que el veneno, la escupirá.

Sorprendentemente todos estaban dispuestos a comer las píldoras. Bruno y Buffalmacco me dijeron que me pusiera yo también. Lo hice sin problema. Bruno empezó a repartirlas. Cuando me tocó a mí, noté un horrible gusto a aloe, no podía soportar el amargor y la escupí inconscientemente. Todos me miraban sorprendidos, aun que yo lo estaba más. Bruno me dijo:
- ¿Pero qué es eso, Calandrino? Esperad, que quizá sea otra cosa lo que le ha hecho escupir. Le daremos una más.

Le creí, evidentemente, y me tomé la segunda. Me pasó lo mismo que con la primera. Bruno y Buffalmacco dijeron que yo me había robado a mí mismo, y todos se fueron mientras yo estaba callado pensando en lo ocurrido.
Buffalmacco me decía:
- Por seguro daba yo que tú tenías el cerdo y que querías mentirnos con eso de que te lo habían robado para no darnos de beber con el dinero que recogieras.
A mí aún me duraba el amargo sabor en la boca pero aun así suplicaba y rogaba que me creyeran, que no tenía lógica todo aquello. Bruno me interrumpió:
- Pretendes, con tus juramentos, que creamos que te han robado el puerco que debes de haber vendido. No nos agradan tus burlas y, si no nos das dos pares de capones, se lo contaremos todo a tu esposa.
Yo no sabía qué hacer, no quería que mi esposa creyera esa acusación tan falsa como horrible. Y no me quedaba otra opción. Les daba los dos pares de capones o mi mujer se enteraría de lo ocurrido. Dañado, les di los dos pares de capones, posteriormente ellos se fueron.

Me fui a dar un paseo por Florencia solo, pensando en que le diría a mi mujer, ella esperaba que saliera un culpable, pero ése era yo. Aunque no estaba de acuerdo, no entendía nada, pero no podía hace otra cosa que callarme y decirle a mi mujer que la prueba de las píldoras salió mal y que no sabemos quién es el culpable. Si le contaba la verdad puede que no me creyera, decidí no tentar a la suerte.

viernes, 8 de marzo de 2013

El cerdo de Calandrino

Otro año más, me dirija a matar al cerdo, pero este año iba solo, pobre de mi mujer, había cogido un gripal como no hay otros.
A la mañana siguiente, y había matado al gorrino cuando me encontré a Bruno, que iba acompañado de su inseparable amigo, Buffalmacco que estaban hablando con mi vecino el cura del pueblo. Con lo grande que era el puerco este año, decidí regodearme y les enseñe el animal, entonces dijo Bruno:
- ¡Que gordo está! Véndelo y gastémonos el dinero, y a tu mujer le dices que te lo han robado.-
Con lo mal que se encontraba mi mujer decidí que lo último que quería hacer era darle un disgusto a la pobre, así que le respondí que no.
Ellos siguieron insistiendo pero yo ya había tomado una decisión  pero para no perder nuestra amistad les propuse de venir a cenar, así podrían probar el puerco, pero se negaron.
Esa misma tarde me vinieron a buscar a casa Bruno y Buffalmacco para ir a tomar unas copas, realmente me alegró que hubieran olvidado el malentendido del cerdo y que volviéramos a  ser amigos, estuvimos bebiendo hasta las tantas de la noche.
Me levanté al día siguiente con una terrible resaca, no obstante me sentía bien, mi mujer se encontraba mejor, había pasado una buena noche con mis amigos y hoy tocaba un rico y enorme puerco para comer, no obstante fue levantarme y empezar a buscar al animal, había desaparecido.
Salí a la calle gritando que me habían robado el cerdo cuando Bruno se me acercó y me dijo:
- Ayer Calandrino, te aconseje que dijeras eso. No me gustaría que ahora te burlases de tu mujer y de nosotros.
Yo respondí dando certeza al hecho de que me habían robado el cerdo y ellos me propusieron de reunir a todos mis vecinos para hacer una prueba con píldoras de jengibre y vino pardo, quien las escupiese, seria culpable.

Llegue a la reunión con mis vecinos y iba mirando a los demás mientras mis amigos iban repartiendo las píldoras por que uno de ellos era el ladrón de mi animal.
Para evitar mal entendidos, yo también tomé una píldora, pero lo que no me esperaba es que tuviera un sabor tan amargo, así que de inmediato la escupí. Se me puso la cara roja de vergüenza, pero allí estaba Bruno para defenderme, así que me dio otra a ver si era pos otra cosa, pero por mucho que quise aguantar, la acabé escupiendo como la primera, yo no me explicaba lo que pasaba y mis amigos empezaron a acusarme de mentiroso, de  traidor, y por mucho que lo negara, nadie me creyó.

Estaba desconcertado, solo y aún tenia que enfrentarme a lo que tenia en casa, pero tenia una teoría y solo falta aplicar la venganza.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El cerdo de Calandrino

Era diciembre y como todos los años me dirigí a matar el cerdo, mi esposa estaba indispuesta por lo que fui solo. De pronto me encontré, ya matado el cerdo, con Bruno y Buffalmacco, me propusieron vender el cerdo y gastarnos el dinero pero me negué rotundamente aunque insistieron mucho. Ellos se enfadaron pero por la tarde se disculparon y me llevaron a una taberna. Me sentí confuso, pero a medida que se sucedían las copas me fui emborrachando hasta que como pude me fui a mi casa a dormir.
Cuando me desperté, mi gordo y preciado gorrino había desaparecido. Lloré y grité desconsolado. Cuando llegaron mis amigos Bruno y Buffalmacco me acusaron de haber vendido el puerco y que les estaba mintiendo. Me encontraba realmente mal y les aseguré que yo no lo había hecho. Desconfiaron mucho pero finalmente accedieron amablemente a ayudarme a encontrar el ladrón.
Nos reunimos todos los vecinos entre los que se encontraría el ladrón. Nos repartieron unas píldoras de jengibre, quien la escupiera sería el culpable, pues, al saberle más amarga que el veneno, la escupirá. Todos estuvimos de acuerdo y se empezaron a repartir las píldoras. Al llegar mi turno, y sigo sin saber el porqué, noté un sabor amargo y asqueroso por lo que la escupí. Para asegurarse me dieron otra, y la segunda pastilla pasó lo mismo, tenía un sabor horrible. Todos tenían miradas incriminatorias y yo estaba avergonzado y triste.
Juré y perjuré que no había sido pero no me creyeron. Bruno y Buffalmacco estaban muy enfadados conmigo y me chantajearon con contarle a mi mujer que había vendido el cerdo y gastado el dinero a sus espaldas. Humillado y sin saber bien que pasaba les di lo que querían, dos pares de capone. Me sentí apenado, avergonzado y confuso. No sabía que había pasado e hice el ridículo. Además me quedé sin dos buenos amigos.

Ejercicio 9 aplica unidad 6

Llegó el invierno, día 1 de diciembre, a mí y a mi mujer nos tocaba ir a matar el cerdo, y salarlo, pero justo ese día, mi mujer se puso mala, entonces, tuve que ir yo solo. Cuando Buffalmacco y Bruno se enteraron, poco tardaron en venir a cuchichear. Ese mismo día, me emborracharon y me robaron el cerdo. El día siguiente, fui a matar al cerdo, y mira por donde, el cerdo no estaba allí!!! Me volví loco, y justo aparecieron aquellos dos, y no me creían cuando les decía que me habían robado el gorrino. Bruno quiso pedir a Florencia a un amigo especiero suyo, que le diera píldoras y vino. Bruno reunió a todos los que hubieran podido ser culpables de robar el cerdo, y les dio a cada uno, una píldora con vino, incluyéndome a mí. Según él, si la escupías, era porque te sabía más amargo que el veneno, y significaba que tú eras el culpable. Total, fui el único que la escupió. Me la volvieron a dar por si lo había hecho sin querer, pero no, la volví a escupir. Me echaron las culpas de haber robado mi propio cerdo, yo aluciné, y me enfadé mucho. Pero, en realidad, luego solo pude pensar únicamente en mi mujer.

El cerdo de Calandrino

Como cada año me dirigí a mi pequeña heredad que se encuentra a las afueras de Florencia, para matar matar a un cerdo y ponerlo a salar.
Como mi mujer no se encuentra bien me acompañaron unos amigos Bruno y Buffalmacco. Cuando les enseñe el cerdo se sorprendieron mucho
-¿Qué gordo esta no? Vendelo y gastémonos el dinero en bebida sin que tu mujer se entere
-no! No me creería y además me echaría de casa! Y no insistas más por que no lo hare –respondí yo
Siguieron intentado convencerme pero no lo consiguieron, así que les invite a cenar , pero ellos se negaron y se fueron. Más tarde me invitaron a ir a la taberna a tomar unas copas. Apenas pude llegar a casa de lo borracho que estaba.Al despertarme y bajar a bajo
-¿Dónde está? Grité
Mis amigos entraron en casa
-      ¿Qué ha pasado?
-      ay de mí, amigos míos, que me han robado al puerco!
Mis amigos no me creían, pensaban que les engañaba para no gastar el dinero del puerco en bebida.
-Menos mal que, por una vez, eres discreto.
-¡Pero si lo digo de verdad! –dije.
-Ayer, Calandrino, te aconsejé que dijeras eso. No me gustaría que ahora te burlases de tu mujer y de nosotros.

-¡Te digo que me han robado el cerdo!

-En tal caso, convendría, si es posible, buscar el modo de recuperarlo. Debe de haber sido alguno de tus vecinos. Y ciertamente que, si pudieras reunirlos, yo sé hacer una prueba para ver quién lo tiene. Podría hacerse con unas píldoras de jengibre y vino pardo.

Me gusto la idea así que acepte.
Bruno y Buffalmacco decidieron, reunir a todos mis vecinos  para averiguar quién me había robado el cerdo, haciéndoles a todos una prueba con una píldora de jengibre
- quien mienta le sabrá amarga y la escupirá y  entonces sabremos quien es el culpable del robo del cerdo. Dijieron
Cuando estábamos todos reunidos Bruno y Buffalmacco comenzaron a repartir las píldoras a cada vecino . Cuando me dieron una píldora. Cojí la píldora ,  me la trague y a los segundos de masticarla la escupí de lo amarga que estaba .
Todo el mundo me quedo mirando .
-¿Pero qué es eso, Calandrino? Esperad, que quizá sea otra cosa lo que le ha hecho escupir. Le daremos una más.
Cuando me trague la segunda pasó lo mismo, la volví a escupir.
Toda la gente se comenzó a ir ya que pensaban que había mentido con el robo de mi propio cerdo.
-Por seguro daba yo que tenías el cerdo y que querías mentirnos con eso de que te lo habían robado para no darnos de beber con el dinero que recogieras.
Aun con el sabor en la boca dije:
-      Claro que no lo tengo, creerme! Dije
-Pretendes, con tus juramentos, que creamos que te han robado el puerco que debes de haber vendido. No nos agradan tus burlas y, si no nos das dos pares de capones, se lo contaremos a tu esposa.
No me quedaba otra opción, así que accedí y les di lo que me pedían

El Cerdo de Calandrino


Tengo que ir con mi herencia en las afueras de Florencia. Además de las cosas que cultivo, yo criaba todos los años  un cerdo y tenía la costumbre de ir en diciembre con mi esposa, matarlo y ponerlo a salar. En un de las ocasiones, mi esposa no se encontraba bien, así que yo fui solo a matar al gorrino. Bruno y Baffalmacco, al saber que no iba acompañada de mi esposa, fueran a visitar a un amigo cura amigo mío y mi vecino, con el que me quede unos días. La misma mañana en que llegamos había matado el cerdo y, al vernos con el cura, les llamé, los llevamos y mostramos al cerdo. Este era muy grande, y supe que pretendían salarlo. Mis amigos me decían que lo vendiera y con el dinero de la venta lo casteemos, diciendo a mi mujer que lo habían robado al puerco. Pero decía que lo descubriría y me echaría de casa mi mujer. Luego les invita a cenar pero lo negaran después de tanto hablar. Luego mis dos amigos se quedaran a dormir en mi casa, pero blandeando robar al  cerdo, pero primero me emborracharían y ahí me vendrían a robar. Y luego después de todo eso me hicieran una trampa pensando que yo fui quien robe el puerco dejándome así con el daño y con las burlas.

El cerdo gordo y hermoso

Ayer ya empecé camino para ir a matar al cerdo, este año pero sin mi mujer a causa de que está enferma y no ha podido venir. Ya cuando llegue me encontré a dos amigos míos Bruno i Buffalmacco. Uno de ellos  me dijo que ese cerdo estaba muy gordo  y hermoso y que podría venderlo y sacarme un dinero. Pero yo les conteste que no ya que no quería mentir a mi mujer porque se acabaría enterando y me echaría de casa.  Esa misma tarde me invitaron tomar algo y me acabe emborrachando. El día siguiente por la mañana cuando me levante me habían robado el cerdo, me sentí muy culpable porque si no me hubiera emborrachado no me lo hubieran robado, no lo hubiera permitido. Mis dos amigos me acusaron de mentiroso y no me creían ya que decían que lo había venido yo. Al final mis dos amigos y yo quedamos que haríamos unas pruebas con todos los vecinos para saber quien había sido. Bruno fue a buscar unas píldoras y nos repartió una a cada uno y nos dijo que quien había sido el ladrón la escupiría rápidamente porque le sabrían muy amargas. Cuando nos las metimos en la boca yo sin ningún temor porque sabía que yo no lo había hecho, yo no había robado el cerdo. De golpe he empezado a notar un sabor muy amargo y la e escupido incluso antes de que acabara de repartirlas a los otros, y me ha dado otra para asegurarse. Entonces la he vuelto a escupir porque estaba asquerosa.  Todos me empezaron a acusar de que yo había robado el cerdo y yo era inocente. Pero luego en lo único que he podido pensar es en mi mujer.

Actividad 9 del aplica t6

Mi nombre es Calandrino y soy un hombre muy tradicional, al casarme con mi mujer me he acostumbrado a comprar a un cerdo al que alimentaria i lo criaría. Cuando este relleno i sano ire a matarlo i a salarlo con mi mujer. Sin embargo este aňo mi mujer no se encontraba muy bien asi que decidi ir a sacrificarlo yo solo.
En el pueblo tenia dos buenos amigos que me aconsejaron vendrelo en vez de matarlo, porque era grande i muy sano, pero me di cuenta de que solo querían quedarse con el dinero ganado con su venta. Sus nombres son Bruno y Buffamalcco. Claro que les dije que no podía ser , ni yo ni mi mujer estaría de acuerdo. A la noche los tres fuimos al bar i me emborrache bastante. I como no estos dos aprovecharon que no estaba en mi estado normal i al volver a mi casa , no encontraba al cerdo. Pensando en la idea que me han sugerido me pensé que eran ellos los que me lo robaron. Al dia siguiente los vi a los dos, sin embargo me dijeron que no sabían de que estaba hablando y se ofrecieron a ayudarme a encontrar al vecino que me los robo, a base de vino i unas píldoras que en realidad la mitad eran boňigas de perro. Resulto que los dos lo manipularon de tal manera que parecía que me he robado yo mismo i no otro, también se lo comentaron a mi mujer diciendo que les debía una parta a cada uno. Como no les di las partes, sin haber vendido ningún cerdo. Lo que pasa es que soy demasiado buena persona i no me doy cuenta de cuando se aprovechan de mi i cuando no. Pero me prometo a mi mismo que nunca mas volveré a confiar en una persona .

El cerdo de Calandrino

Yo , Calandrino, todos los años desde que estoy casado con mi mujer que tengo la costumbre de comprar un cerdo e ir en diciembre a matarlo y a salarlo con ella. Este año, hice lo mismo de siempre, solamente que mi mujer estaba enferma y he decidido ir solo a matar al cerdo. Por la mañana, mis dos buenos amigos , o eso creía, Bruno y Buffalmacco vinieron a ver el cerdo y me dijeron que era muy grande y gordo y que quizás sea mejor venderlo sin que mi mujer se entere y así ganar mucho dinero. Yo les dije que no estaba de acuerdo con semejante cosa.
Esa misma noche fuimos a la taberna y bebí mas de la cuenta. Luego volví a casa y cuando me desperté vi que habia desaparecido el cerdo. Yo estaba seguro de que mis supuestos amigos me lo habian robado ya que me dieron esa idea el dia anterior y me negué. Cuando vinieron a mi casa les comenté lo sucedido, y con mucha naturalidad decidieron ayudarme a descubrir quien de mis vecinos es el culpable con la ayuda de unas píldoras y vasos de vino. Mis amigos lo hicieron de tal forma, que resultó que me habia robado a mi mismo, cosa que era mentira. Y me dijeron que les diera dos pares de capones o le decian a mi mujer lo ocurrido. Y  como no queria mas problemas, les lo que me pidieron. Y eso me pasa por ser demasiado confiado, y demasidado bueno. Si algo tengo claro, es que núnca mas volveré a enseñar el cerdo a nadie más que a mi mujer, y núnca más volveré a confiar en el primero que parece ser mi amigo.

El cerdo de Calandrino

Como cada año vamos a una heredad en Florencia, allí me dedico a criar cerdos los cuales mato junto a mi mujer . Esta vez  mi mujer no pudo acompañarme así que vinieron unos amigos míos, pero ellos me pedían que vendiera el cerdo sin decirle nada a mi mujer.
Por la noche me llevaron a una taberna y me emborrache tanto que me encontraba fatal y caí dormido rotundamente.
Mis amigos mientras yo estaba dormido me robaron el cerdo y cuando me desperté por la mañana ya no estaba el cerdo, lo primero que hice fue ir a buscar a mis amigos para contarles lo que había pasado. Es mentira decían ellos nosotros te vamos a ayudar a saber quien te ha robado el cerdo.

Bruno, me fui a Florencia a comprar unas píldoras de jengibre. Por la mañana estamos todos los vecinos en casa de Calandrino para saber quien robo el cerdo y el proceso que hicimos para saberlo fue que cada uno tiene que tomar una píldora y quien la escupa será el ladrón ya que no aguantara el amargor.

El cerdo de Calandrino

Me llamo calandrino y tengo unas fincas en Florencia  y cada año compro un cero con mi mujer para así salarlo y venderlo  este año mi mujer no pudo ir porque se puso mala entonces tuve que ir yo. Al cabo de un rato me encentré a mis amigos a Bruno y Buffalmacco ellos al ver mi cerdo dijeron que era el mas grande que había tenido y me propusieron de venderlo para así sacarme algo de dinero, yo les dije que no porque pensé que si mi mujer se entera me mataría ya que hace muchos años que hacemos esa tradición  Al día siguiente me levante y vi que mi cerdo no estaba. Yo empece a gritar i los vecino se acercaron les explique que alguien me había robado el cerdo de mi casa. Entonces bruno nos reunió a todos i nos dio una píldora a cada uno para ver quien había robado el cerdo, según el nos dijo que quien tuviese el cerdo al probar la píldora la escupiría porque le sabría muy mala. Yo me metí la píldora en la boca me supo tan amarga que la tuve que escupir allí todo el mundo me dijo que yo había robado el cerdo i lehabía mentido, me sentí engañado por mis amigos muy decepcionado y ver que nadie confiaba en mi i me tomaban por un mentiroso.

Actividad 9

Como cada año fui a la heredad a matar el cerdo y ponerlo a salar. Mi mujer no pudo venir porque no se encuentra bien.
 Una vez muerto y salado el puerco, se lo enseñé a Bruno, Buffalmacco y al cura. Al verlo tan grande y hermoso me propusieron venderlo, gastarnos el dinero y decirle a mi mujer que me lo habían robado. Yo me negué en rotundo.
Bruno y Buffalmacco me llevaron a la taberna, bebí más de la cuenta y no supe lo ocurrió a mí alrededor. Cuando me levanté el cerdo había desaparecido y pensé que me lo habían robado.
Los que creía mis amigos, me convencieron que podían averiguar quién lo había robado. Según me contaron, repartirían unas píldoras de jengibre con vino pardo y aquel que hubiese cometido el robo, no podría tragárselas porque le resultarían muy amargas y las escupiría. A mí también me incluyeron en el grupo. No me pude tragar ninguna de las dos que me dieron y, con ello, pareció que yo me había robado a mí mismo el cerdo.
Bruno y Buffalmacco se fueron y antes les tuve que dar dos pares de capones para evitar que le contasen a mi mujer lo que parecía, es decir, que me había robado a mí mismo.
Triste y habiendo hecho el ridículo más espantoso se lo conté a mi mujer explicándole entre sollozos que estaba convencido que Bruno y Buffalmacco me habían robado el puerco.

martes, 5 de marzo de 2013

El cerdo de Calandrino

Yo,Calandrino soy de Floreciente, allí tengo unos cultivos y unas tierras.Cada año yo y mi mujer criamos un cerdo para matarlo y luego salarlo.  Mis amigos me decían que el cerdo de este año era muy gordo y grande y que seria mejor que lo vendiera para sacarme dinero y no decirle nada a mi mujer, yo no lo acepte y les dije que no para no defraudar a mi mujer. Ellos me dijeron de ir a la taberna a por unas copas y charlar, me pase de largo y acabe un poco mal. 
A la mañana siguiente no vi al cerdo y lo primero que pensé fue que me lo habían robado, fui a mis amigos a preguntarles y me decían que no sabían nada. Entonces mis amigos nos reunieron a todos los vecinos y nos dieron a probar unas píldoras  que decían que quien las escupiera era quien había robado el cerdo. Yo convencido de que no había podido ser me la metí en la boca y de repente me dieron muchísimas ganas de escupir-la  esa cosa estaba horrible. Al cabo de dos segundos no aguante mas y lo escupí  era el sabor mas extraño del mundo. 
Mi amigo grito que yo era el que había robado el cerdo y que todo lo había hecho para engañarlos. Todo el mundo se fue incluso mis supuestos "amigos", me sentí defraudado por todos y solo se me ocurrió pensar en una cosa, mi mujer.

lunes, 4 de marzo de 2013

Mi gorrino, desaparecido,


Yo, Calandrino, hoy quería ir con mi mujer matar un cerdo, porque por costumbre hacemos eso, pero resulta que mi mujer estaba muy enferma y, decide hacerlo yo solo. Mate a un cerdo enorme, en el momento que fui a salarlo se me presentaron mis dos amigos, llamados Bruno y Buffalmacco.
Ellos al ver el tamaño de ese gorrino, me propusieron venderlo y con ese dinero gastarlo en copas en la taberna… pero yo me sentí muy mal al escuchar lo que mis odios escuchaban de mis mejores amigos, y para rematar Bruno añadió:
- Y después le dices a tu mujer que te lo han robado.
Al escuchar esas palabras mi corazón se encogió y no me podría creer que esas palabras salieran de la boca de mi amigo. Después mis amigos como me vieron mal para compensar me llevaron a la taberna a tomar una copas, acabe muy mal, y solo recuerdo que me llevaron a la cama y nada más. A la mañana desperté estaba de resaca muy cansado. Cuando desperté, fui  a ver al cerdo haber que tal estaba, al ver no estaba! Se me fue todos los males de la resaca, empecé a gritar como un loco y aparecieron mis amigos, preguntándome que me pasaba  y les dije que alguien me había robado el gorrino, y ellos se pensaban que les estaba tomando el pelo. Se enfadaron con migo porque pensaban que les estaba mintiendo como ellos pretendían hacer de un principio, y estaba muy desesperado.
Ellos decidieron, reunir a todo el vecindario de los alrededores para saber quien ha sido haciéndoles a todos una prueba con una píldora de jengibre, quien mienta le sabrá amarga y la escupirá… Entonces se sabrá quien es el culpable del robo del cerdo. Fueron los dos a un Florencia a coger unas píldoras de jengibre para saber quién era el culpable. Cuando nos reunimos todos, dio a todos incluido yo, cuando me dio la píldora mi amigos Bruno, la empecé a masticar y me sabia súper rarísima y muy asquerosa… entonces la escupí, como mi amigo Bruno es tan buen amigo, medio otra para haber si esa no me sabia mal, y estaba me sabia incluso peor que la otra… Y la volví a escupir… Cuando se fueron todos solo se quedaron mis amigos y estaba tan raro tan decepcionado de mi mismo que no me estaba enterado de lo que me estaban diciendo mis amigos… era una cosa muy triste… y lo primero que se me paso por la cabeza, que  a lo mejor  la robe yo anoche cuando vine tan borracho y no me acuerdo de nada.

domingo, 3 de marzo de 2013

Act. 9 El cerdo de Calandrino



Me dirigía a matar al cerdo como todos los años, por desgracia mi esposa no me pudo acompañar, estaba indispuesta. 
Ya llegando y habiendo matado ya el cerdo, me encontré con dos amigos míos, Bruno y Buffalmacco.
 ¡Pero que gordo y hermoso esta ese cerdo! Podrías venderlo, te darían buen dinero. A tu mujer le dices que desgraciadamente de lo han robado y nos gastamos las ganancias.
No, no! De ninguna manera! Mi esposa se enteraría.
Bruno y Buffalmacco no aceptaban un no por respuesta, insistieron e insistieron hasta que finalmente mi terquería ganó su palabrería. Yo seguí mi camino, pero esa misma tarde Bruno y Buffalmacco me invitaron a unos tragos. Tan bueno y exquisito el vino estaba que no pude parar de beber hasta tal punto que lo único que recuerdo es divisar mi cama poco antes de acostarme.

Al despertarme, algo horrible había ocurrido. ¡Me habían robado el cerdo!, qué culpable me sentía, si no hubiera bebido me hubiera dado cuenta y lo hubiera impedido.
Comencé a gritar y llorar por la pérdida y en ese momento aparecieron Bruno y Buffalmacco. Se lo conté todo pero no me creían, me apuntaban de mentiroso. ¡A mí! Que jamás he dicho nada que sea falso.
Bruno propuso que hiciéramos una prueba entre los vecinos y yo mismo entre ellos para saber quién había sido el ladrón.
Al día siguiente reuní a los vecinos y  me senté con ellos en un medio círculo, entonces Bruno, que había traído unas píldoras y vino, explicó la prueba:
Yo daré estas píldoras a cada uno de los que estamos aquí y el ladrón al haber comido del cerdo anteriormente le sabrán tan amargas que la escupirá inmediatamente.
Yo no lo había robado, por lo tanto, no tenía ningún miedo de escupirla, más bien tenía que estar atento de quien la escupía. 
Bruno fue repartiendo y cuando me la dio y empecé a saborearla, ¡Dios santo, sabía realmente mal! ¡No había probado algo tan repugnante en mi vida! No pude sopórtalo y lo escupí. Bruno no había terminado de repartir así que me dio otra para asegurarse, pero la siguiente sabía incluso peor que la anterior y la escupí nuevamente.
Todos me atacaban con sus miradas acusadoras. Juré y perjuré mi inocencia pero no me creían. Bruno y Buffalmacco me acusaban de haber vendido el cerdo y haberme gastado el dinero. Yo era inocente, pero nada importó, ¿Qué le diría a mi mujer? ¿Me creería?. Ya había quedado como un mentiroso ladrón, claro que no me creería.  

Bruno y Buffalmacco me amenazaron con contárselo todo a mi esposa si no le daba parte de las ganancias. Yo no daba más fuerza para tanto disgusto así que acepte y les di lo que pedían.

             Yo era inocente, pero nada importaba.

El cerdo de Calandrino

Tengo que ir a mi pequeña heredad en las afueras de Florencia como cada año. Iré a ver al cerdo que crío todos los años aparte de mis cultivos. Tengo costumbre de ir en diciembre con mi mujer, pero este año no me puede acompañar porque está enferma. Solía matarlo y ponerlo a  salar. Bruno y Buffamalmaco se enteraron que este año iba solo, y fueron a visitar amigo suyo y vecino mío. Esas misma mañana que llegaron yo había matado el cerdo, y al verlos a ellos con el cura los llame, les mostré el cerdo, en cuanto lo vieron supieron que yo lo quería salar.
Me dijeron que estaba muy gordo y que debería venderlo, y que le dijera a mi mujer que me lo habían robado. Esto me lo propuso Bruno
Yo insistí que mi mujer no me creería y me echaría de mi casa. Hablamos un buen rato pero fue en vano. Decidí invitarlos a cenar, pero se negaron.
A mis espaldas planearon el robo de mi cerdo, y de esa manera cuando por la noche llegué a mi casa y me eché a dormir.
A la mañana siguiente cuando me levanté el cerdo no estaba, y empecé a pegar alaridos. Cuando vinieron Bruno y Buffalmacco les pregunte por el, pero me trataron de loco.
Después compraron píldoras de jengibre para hacerme creer que quien la escupiera había robado el cerdo, y como fui yo me acusaron ami de haber robado mi propio cerdo y de no quererles decir nada para no tener que dar nada de dinero.

AGRANDA EL TEXTO