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jueves, 4 de febrero de 2016

LA PUESTA DE SOL
De repente ya era casi de noche. El día se me había pasado volando.
Y nos ves a mi hermana y a mi en el camping, tomando una coca cola, viendo la puesta de sol y los pájaros volar.
Era una puesta de sol impresionante. Como estábamos en lo alto de la montaña y en la parte más arriba del camping, se veían todas las casas del camping con un color un tanto especial, luego, la piscina y los toboganes tranquilos y en calma, con la luz de los últimos rayos de sol, reflejados sobre la piscina, y a lo lejos, el sol escondiéndose tras las montañas. Era precioso. Con unos colores… Precioso.
Jamas la olvidaré.

lunes, 30 de abril de 2012


La puesta de sol
Era una tarde cualquiera, yo había ido el hospital a visitarlo como de normal desde hace 3 meses pero en realidad ahora había una diferencia, se estaba muriendo, en poco tiempo había empeorado hasta llegara un punto que había vuelta atrás.  
Él estaba tumbado en cama y yo sentada a su lado mirando hacia una gran ventana donde se podía apreciar perfectamente como el sol se oculta y la oscuridad lo inundaba todo.                                                                 
 – Te recuperaras, te lo prometo- le dije para incitarlo a segur luchando, pero el silencio seguía siendo el protagonista, hasta que él lo rompió:
 - ¿te has fijado e lo bonito que es el cielo? Cuando sabes que te falta poco lo precias mas-. Tenia razón era precioso y sobretodo en ese momento el cielo tenia un tono anaranjado que a medida que se ocultaba el sol se iba escureciendo, notaba como a medida que la luz se pagaba la vida de Pablo también se apagaba y me equivocaba en el momento donde el ultimo destello de luz se oculto la maquina empezó a pitar, ¿sus ultimas palabras? “tranquila, estaré bien”

miércoles, 11 de enero de 2012

Puesta de sol

Rubén me dijo que tenía una sorpresa para mí. Me vino a buscar a mi casa con la moto, me tapó los ojos y me dijo que me agarrara bien fuerte, yo no sabía dónde me llevaba ni por qué me llevaba, solo éramos amigos, nada más. Estuvimos subidos a la moto como 10 minutos y cuando el motor paró y él se bajó de la moto me ayudó a bajar, me dijo que no me quitara las vendas y yo no lo hice. Hacia una brisa suave pero fría, ya que estábamos en invierno. Bajeé unas escaleritas y de repente se me puso detrás de mí y me quitó las vendas, delante de mí se expandía el mar Mediterráneo seguido de sus olas que chocaban con las rocas que tenía delante y una bonita puesta de sol que se escondía entre las montañas lejanas, pero que iluminaba como nunca lo había hecho. Entonces le pregunté:
- Rubén, ¿por qué me has traído a un sitio como este?
Él se quedó callado y me miró a los ojos y se le puso una sonrisa dibujada en la cara, y de repente dijo:
- Porque desde hacia mucho tiempo quería decirte que te quiero y que sin ti no puedo estar.
Yo me quedé sin palabras porque yo también sentía lo mismo por él pero me daba miedo decirle lo que sentía. Fue entonces cuando se me acercó y suavemente me cogió de las caderas y me dijo:
-Te quiero.
Y en ese mismo instante me besó con sus dulces labios, me olvidé de todo, en ese momento solo se escuchaba cómo el agua suavemente chocaba con las rocas y la puesta de sol se iba escondiendo sin prisa entre las montañas, me sentía estúpida pero feliz a la vez porque ese paisaje había hecho que me enamorara de él.

lunes, 26 de diciembre de 2011

DE LO MALO HAY ALGO BUENO


Fui a buscar a Natalia a su casa, para irnos a la playa, era por la tarde y hacía algo de frío pero no obstante salimos.
Llegamos al puerto y vimos una pastelería y compramos unos croissants y nos los comimos de cara a la playa. Cuando llegamos a la playa nos sentamos y empezamos a ver el mar, las olas rompiendo en las rocas, aun hacía sol pero quedaba poco tiempo para que se puniese por detrás del mar y al poco tiempo le dije:
-Tengo una noticia buena y otra mala.
Y ella me contestó:
-¿Qué pasa?
-Primero te diré la mala, tengo que marcharme a Estados Unidos durante seis meses.
-Pero ¿por qué  en estos momentos?.
-No tengo elección, pero solo serán seis meses y podré venir una vez al mes.
-¿Y no puedo ir contigo?
-No puedes, es por trabajo, lo pregunté y me dijeron que no podía ser, que no hay presupuesto.
-Bueno, no pasa nada si solo son seis meses, ¿pero cuándo te vas?
-En unos dos o tres días.
-¿Y la Buena noticia?
-Natalia, ¿quieres ser mi esposa hasta que la muerte nos separe?, en pocas palabras, ¿quieres casarte conmigo?
No habló, se quedó perpleja sin saber qué decir y al poco tiempo me besó y me dijo:
-Sí, quiero ser tu esposa hasta que la muerte nos separe.
Entonces yo hice mi viaje de negocios a EE.UU y al volver nos casamos, ahora tenemos dos hijos: Rosa y Riki, y nos va todo muy bien.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Atardecer

En toda mi vida he visto todo tipo de atardeceres, de todos los colores imaginables, en todos los lugares posibles, y desde muchos ángulos diferentes. Puede ser que este es mi atardecer favorito. ¿Por qué? No lo sé, me gusta porque me transmite paz y tranquilidad. La foto tiene los tonos perfectos, tiene verde azul, morado, naranja,...Todo esta perfectamente combinando creando una imagen perfecta, tranquila, pero con mucha energía también.
Las nubes de esta fotografía son perfectas haciendo esas formas pintorescas, creando un ambiente perfecto. Si tuviera oportunidad de poner una casa con estas vistas lo haría. ¿Te imaginas llegar a casa después de un largo día de trabajo sentarte en el salón y ver esto? ¿Y bajar hasta el lago y construir un embarcadero para esos días de verano salir con tu pequeña barca haciendo esquí acuático ? ¿Te imaginas salir cada día a correr por este bosque tan perfecto, y oír a los pájaros cantar por la mañana? Sería perfecto ¿verdad?
Y la terraza, la terraza! Estaría perfecta puesta en estas vistas y en verano hacer allí las barbacoas, y fiestas también? Seria lo mejor del mundo verdad? Y compartiendo momentos en el lugar perfecto, con vistas perfectas, y sobre todo con las personas perfectas. Porque sin ninguna persona con la cual compartir estas vistas no merece vivir.
En fin, pero la vida no es perfecta, porque la perfección está llena de imperfecciones. La foto también tiene fallos, todo el mundo tiene, pero tienes que intentar conseguir eso que te propones, y yo digo que quiero estas vistas. Quiero levantarme por la mañana y ver una montañas y un lago con árboles gigantes por al lado, oír a los pajaros cantar y ver el sol salir lentamente mientras me tomo mi taza de chocolate caliente, en mi sofá de color crema hecho en Italia e importado para mí para que ese sea mi momento perfecto del día, porque ver esto relaja a una persona, el relax es importante y yo necesito mi momento, mi relax, mi perfección llena de imperfecciones.
¿Por qué que sería de la vida sin los fallos de las personas, y las imperfecciones de la naturaleza?

Puesta de sol

Caterina Daiana Curutchet (2011): Puesta de  sol
Ese día era muy especial. No hacía mucho viento, pero era muy frío, y se me congelaban las lágrimas. El cielo parecía plano, y las nubes eran como si estuvieran apoyadas en un cristal. Las olas eran muy finas, pero largas. A lo lejos se veía la sutil silueta de las montañas, que cada vez se veía menos. Ese día se cumplían 7 años de la muerte de mi madre. Estábamos las cuatro, mis tres hermanas y yo, sentadas en la orilla. Aunque cada una pensara en una cosa, todas mirábamos la puesta de sol, veíamos cómo oscurecía, cómo los colores iban cambiando. Desde pequeña creí que este momento tardaría en llegar, o eso era lo que deseaba. Pero te das cuenta de que no lo superas, simplemente aprendes a vivir con eso. De repente una de nosotras dijo:
-¿Cuánto tiempo llevamos aquí sentadas?
-Buufff… Desde las seis de la tarde. Y son las ocho y media.- Dije con voz quebrada, tras tanto rato sin hablar.
-Bueno, ya podríamos ir para casa, ¿no?
-Sí, lo mejor será que nos vayamos.
Nos pusimos de pie las cuatro, y abracé a mi hermana mayor. Cuando llegamos a la calle, me sacudí la arena y me puse las chanclas. Había sido una tarde mucho más larga de lo normal, y con diferencia.

La puesta de Sol


Hola, me llamo Roberto, tengo 16 años y vivo en Perú, mido 1.80 cm, tengo el pelo rubio y rizado, y hoy me toca de hacer de niñera de mi hermano pequeño así que me fui con mi hermano pequeño a la playa, me estaba tomando un refresco en un chiringuito que estaba al lado de la playa, esa playa tan bonita, tan tranquila, con las palmeras balanceándose a ritmo de esa brisa cálida, esa agua tan cristalina y en una temperatura perfecta para darse un buen baño. Mi hermano tenía 5 años y casi no sabía nadar y quiso lanzarse al mar sin ninguna protección que le hiciera mantenerse flotando en el agua, directamente el salvavidas se lanzó al agua salvando a mi hermano. Fui corriendo hacia donde estaba mi hermano, estirado en la orilla tosiendo, con mala cara, le llevé hacia casa.
Al llegar a casa y poner a reposar a mi hermano, fui directamente a la playa otra vez a agradecerle a esa señorita por salvar a mi hermano pequeño.
-Muchas gracias, señorita.
-De nada, hombre, es mi trabajo.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?
-Natalia, ¿y tú?
-Roberto, encantado de conocerte, ¿cuántos años tienes?
-16 recién cumplidos, ¿y tú?
-16, tirando hacia 17.
-Escucha, Roberto, ¿te gustaría ir hoy a dar una vuelta por la playa y nos conocemos un poquito mas?
-Encantado, ¿a las 8 en el chiringuito?
-Entendido, entonces hasta las 8.
Me dio un beso de despedida, yo como un tonto me quedé parado contemplándola

Me fui a casa contentísimo, Natalia era guapísima, sus ojos brillaban como un diamante en bruto, su cuerpo era perfecto, su pelo negro como el carbón hacia destacar su rostro, era casi perfecta, aun no me creía que un desgraciado como yo estuviera a punto de tener esa oportunidad de poder estar cerca de ella y conversar con esa bella chica.
Me arreglé y me fui hacia la playa, ella con un vestido simple con un estampado de rosas,
-Hola, Roberto, creía que no vendrías.
-¡Cómo no voy a venir!
Natalia se puso a reír, esa sonrisa tan perfecta me impulsó a acercarme a ella y estar con ella todo el tiempo que pudiese en esa noche. En ese momento salió la puesta de sol, era increíble, esos colores rojizos, naranjas juntos y al medio el sol, esa estrella gigante y tan maravillosa que poco a poco se esfumaba en el horizonte.
Ahora mismo estoy en mi habitación pensando en esa chica, Natalia, y el tiempo que quedaba para volverla a ver.

Puesta de sol


Era un miércoles por la tarde, yo volvía hacia mi casa cuando algo me llamó la atención. Me paré y miré al horizonte, aquella puesta de sol era preciosa, al fondo podía divisar el sol, con sus tonos cálidos color fuego, y su imagen intensa y profunda, reflejada en el mar, que distorsionaba la imagen con el vaivén de las olas, me transmitía calma. Y mientras la miraba, en mi rostro se esbozó una sonrisa. Solo fue ese instante en que me paré a observarla y después emprendí otra vez mi camino hacia casa, con aquella puesta de sol que quedó grabada en mi mente.

Aquella dulce tarde de otoño.

Blanca Barrau (2011): Puesta de sol en Cambrils

Cada minuto que pasaba, las sombras de las palmeras se hacían más largas, cada minuto que pasaba, dudaba si besar o no al chico que caminaba junto a mí por el paseo de Cambrils. Su nombre era Julio, era el hombre de mi vida, con el que siempre había soñado, con el que siempre me hubiera querido casar. Pero por desgracia solo una gran amistad nos unía.
Eran las cinco y media de la tarde, la hora en que el sol se empezaba a esconder en aquellas frías tardes de otoño. Estábamos en noviembre, uno de los meses que el cielo está más bonito ya que llovía y hacía viento, el viento mueve de una forma extraña las nubes de lluvia, y forma torbellinos que se dibujan en el cielo. Esa tarde el viento había dibujado una nube alargada acompañada de pequeñas nubes redondas. El tono del color del cielo era naranja y azul, la combinación de colores perfecta para hablar con Julio y decirle lo que sentía por él, aunque todo era perfecto cuando Julio se encontraba cerca. Empecé la conversación.
- Julio, tengo algo importante que contarte.
Pareció adelantarse.
- Yo también debería decirte algo Alicia.
- Tu primero, por favor.
Nos sentamos en uno de los blancos bancos del paseo, dejó caer su mano sobre la mía lentamente, con miedo de que yo la rechazara.
- Alicia, lo que tengo que contarte no es fácil, tenemos una gran amistad que no desearía jamás que se perdiera, – sus ojos no miraban a otro sitio que no fueran los míos. – Alicia, lo que quiero decirte es que hace alrededor de dos meses, me di cuenta de que para mí no significas solo amistad, si no que algo más intenso, más profundo, más dulce, dulce como tu sonrisa y tu voz al otro lado del teléfono. Lo que quería proponerte esta tarde era que si querías probar estar juntos, si sale bien, podríamos seguir, pero si sale mal no deberías dejar la amistad, Alicia, creo que me e enamorado de ti…
- Oh, Julio, no debes tener miedo a perder la amistad, me has dejado sin palabras…
Y un largo beso dio por acabada la conversación, un dulce beso mientas las montañas tapaban los últimos rayos de sol.

Puesta de sol


Era un sábado, cuando yo estaba de vacaciones, me desperté temprano, no tenia sueño. Fui a la playa a descansar en la arena, unas pequeñas palmeras a lo lejos y otras más grandes delante. Me tumbé en la arena mirando el amanecer. Mientras miraba el sol, me dormí, una pequeña brisa de viento me pasó por los pies y me desperté rápidamente, con mucho frío.
Me fui a pasear y de golpe vi a una persona caminando hacia mí, era una muy amiga mía que no veía desde hacía más de 2 años. La abracé con mucha fuerza y le pregunté qué hacía aquí, estuvimos hablando toda la tarde hasta que nos sentamos en una pequeña montaña al lado de unas palmeras. Hablamos y hablamos hasta que llegó la puesta de sol tan bonita, con el sol bien reluciente y naranja dando una espléndida luz al mar. Yo y mi amiga nos quedamos allí mirando hasta que anocheció.

Puesta de sol

¡Adiós sol!
Pues estaba yo en el puerto, observando la boya. Una bonita y simple boya verde chillón con una vara amarilla. Pero no era buen día, no picaban, parecía que los peces estuvieran echándose la siesta en sus refugios marinos. En un momento de mi empanación, me di cuenta del bello sol que se reflejaba en el agua. Un sol grande, con unos naranjas intensos y en el borde un rojo que se mezclaba con el cielo añil. 
Levanté la cabeza para observar mejor aquel cuadro, que si te paras a pensar, cada día es de un autor diferente, cada día no es igual. De repente vi mi caña caer al agua y yo fui detrás.
-Chaval, agárrate a mi mano, venga, que está oscureciendo- me dijo un pescador, de pelo canoso y una espesa barba.
-Gra...gracias- dije entre mis esfuerzos de salir del agua.
-Tienes que tener más cuidado, algún día nadie estará para ayudarte- me dijo.
A lo tonto se había adentrado la noche y me tuve que volver a casa, todo empapado. Mientras volvía a casa me fije en la luna, todo lo contrario que el atardecer una brillante luna mezclada entre las nubes y un cielo azul oscuro, nada que ver con los colores pastel anaranjados del atardecer. 
Al día siguiente, volví al mismo sitio, pero eso si, con mi cámara de fotos y mucho cuidado.

La puesta de sol


Era un día de verano, bien temprano, me desperté, y miré por la ventana, presentía que iba a ser un día estupendo. Me vestí, cogí la bici y fui a buscar unos amigos. Fuimos a jugar a fútbol, con aquel aire cálido apenas se podía jugar, así que decidimos ir a la piscina, llegó la hora de comer y un amigo nos invitó a todos a comer en su casa, estábamos llenos, nos sentamos un rato en el sofá a ver la tele. Hacia las 4:30 o así salimos de allí, acordamos ir a dar una vuelta por el puerto, dimos una vuelta por allí, a ver el ambiente y nos paramos a comer un helado, el día había empeorado de una manera increíble, tanto que, ya tarde, a las 7:30 o por ahí empezó a llover, nos refugiamos en un portal de un bloque de pisos, esperando a que parara de llover, pasó un buen rato, pero finalmente dejó de llover, el calor se mantenía constante, dejó de llover y el sol se empezó a poner, era una imagen muy bonita, así que decidimos cruzar las piedras que separan el puerto del faro verde para ir a hasta el faro, donde la puesta de sol se veía perfectamente, fue un gran día, y ver esa imagen de la puesta de sol, fue una gran manera de terminarlo.

LA PUESTA DE SOL


LA PUESTA DE SOL
Un día de julio, un chico llamó a la puerta de una casa, la de mi casa.
Bajé corriendo para ver quién era y me vendaron los ojos con un trapo.
Y me hizo entrar a su coche.
Me llevó a un lugar donde yo oía el mar.
Me quitó la venda de los ojos y me encontré en un lugar aislado de todos los sitios, en un lugar en el que no se veía a nadie,  entonces me asusté, de repente cogió y me dijo:
- Mira enfrente.
Allí vi la puesta de sol más bonita de las que podría a ver visto en toda mi vida.
Una puesta de sol preciosa , con un cielo rosado, morado, azulado y muchos colores más.
Se veía un sol inmenso y se reflejaba sobre el mar liso y transparente.
En ese mismo instante él me rodeo el brazo por la espalda y me abrazó, entonces me susurró a la oreja:
- Está sensación que tienes al ver esta puesta de sol tan bonita, la tengo yo cada mañana cuando estás junto a mí.
Entonces me cogió un cosquilleo por la barriga, me miró y me besó.
Cuando me terminó de besar, los dos miramos a la puesta de sol y vimos que ya se estaba acabando y entonces me giré, lo miré y le dije:
- La puesta de sol se acaba pero espero que esto dure para siempre.

Puesta de sol

Era verano y estábamos en un restaurante comiendo con toda la familia, cuando íbamos por los postres mi primo decidió que después de comer podríamos ir a tomar un poco el aire. Lo hablamos entre todos y acordamos que sí. Habíamos decidido ir a ver la puesta de sol en la playa.
Acabamos de comer y nos preparamos para ir hacía la playa, iríamos andando, así de paso haríamos bajar la comida.
Llegamos en diez minutos, la playa estaba muy bonita, la arena parecía una sabana de color dorado y en el agua se reflectaba el inmenso sol que había ese día.
Como de costumbre mi tía llevaba una cámara y decidió ir tirando fotos a medida que el sol fuera descendiendo. Me pidió que la ayudara y así lo hice, mi trabajo consistía en hacer fotos desde otra perspectiva, así ella podía tener mas visión del paisaje.
Después cogimos una pelota que teníamos en el coche y nos pusimos a jugar a voleibol.
Fue una tarde muy bonita, el paisaje era de película y costaría mucho volverlo a ver pero lo mejor era que yo ese día había estado allí y lo había visto.

La puesta de sol

La puesta de sol
Era un día de invierno en el que hacía mucho viento y había una bonita puesta de sol como si fuego fuese  tan roja que parecía el mantel de un torero y también con tonalidades naranjas y amarillas que parecía un bonito arco iris de colores cálidos antes de anochecer, estaba yo junto a mi madre paseando al perro por la calle delante de mi casa. Cuando de repente oímos un ruido como de una pistola disparando una bala. Más tarde oímos gritar a una persona, parecía la voz de una chica de entre 19 y 22 años.
-¿Qué ha sido eso, mama?- Le dije yo a mi madre.
-No sé. Ha sonado como a un disparo- Me respondió ella medio asustada y preocupada.
-Tendríamos que llamar a la policía para que venga y vea qué ha pasado.
-Sí, supongo, ahora mismo llamo- Mi madre comenzó a  teclear el número de emergencias con los dedos temblándole de miedo y también quizá de frío.
Media hora más tarde vinieron 2 coche 4x4 de la policía para poder entrar en el bosque sin dificultad, y con linterna para poder ver ya que media hora después de la bonita puesta de sol se hizo oscuro.
El día siguiente vinieron sobre las 12 de la mañana a decirnos que habían encontrado el cadáver de una chica de 21 años que se llamaba Rebeca.
Estuvieron unos 4 días investigando sin parar en el bosque con helicópteros y algunas patrullas caninas, también empezaron a preguntar a los vecinos si habían visto algo.
Por fin,5 días después dieron con el asesino que resultó ser un fugitivo muy peligroso que se había escapado hacia poco de la cárcel.
Entonces yo y mi madre recordaremos ese día, como el día en que la bonita y extraordinaria puesta de sol se convirtió en una noche terrorífica con una muerte y una detención.

ATARDECER


El lunes volvía de jugar a fútbol con unos amigos cuando de repente uno dijo:
- Mirad qué atardecer más bonito.
El cielo rojo llamó mi atención, entonces otro dijo.
- A mí me gustan más los amaneceres.
El otro le respondió.
- Pero si es lo mismo. El cielo del atardecer tiene un color rojizo, mientras que el del amanecer adquiere un color mas amarillento o anaranjado- argumentó el otro.
Y así nos quedamos discutiendo mientras contemplábamos ese hermoso atardecer.

Atardecer...


Ayer cuando comenzó a amanecer me acordé de que tenía que hacer una foto para el trabajo de castellano. Mientras iba caminando por la calle me encontré con una amiga, Naomi, me dijo:
-¿Has visto qué bonito atardecer?
-Sí, es precioso, no llevo el móvil, ¿me dejas el tuyo para hacer una foto?
-¿Una foto, para qué?
-Tengo que hacer un trabajo de castellano.
-Ten, toma.
-Gracias
Hice la foto mientras contemplaba un atardecer muy rojizo, que caracterizaba las salidas del instituto en esta semana.

La puesta de sol


Estábamos cuatros amigos en la playa, hacia muy buen tiempo y decidimos que primero nos bañaríamos y más tarde iríamos al faro. El mar estaba tranquilo, y nosotros muy bien, mirándolo.
Cuando acabamos de bañarnos Marc dijo:
- Ya que vamos al faro, nos podríamos quedar a ver la puesta de sol.
Entre todos decidimos quedarnos, pero Alex dijo:
- ¿Y qué haremos mientras?
Yo le respondí que podríamos ir algún lugar a comer un poco. Fuimos a una pastelería y a la heladería Sirvent a comprar helados. Nos sentamos en un banco a comer, cuando me empezó un dolor de barriga muy fuerte. Mis amigos me acompañaron a mi casa, pero no estaban mis padres y mis amigos no sabían qué hacer, les dije que me dolía mucho. Seguidamente les dije:
- Hace tres días me pasó lo mismo y tuve que ir al hospital.
Así que decidieron llevarme al hospital. Una vez allí, Alex llamó a mis padres para decirles lo que me había pasado. Ellos vinieron rápidamente al hospital. Mis padres dieron las gracias a mis amigos por llamarles y por ayudarme.
Ahora solo eran tres y volvieron al faro para ver la puesta de sol. Yo estaba muy ilusionado en disfrutar un momento precioso pero no pudo ser. Aún quedaba un poco de luz, miré por la ventana y lo que vi fue precioso, me había quedado sin palabras de lo maravilloso que era. Ese color me gustó mucho, me transmitió paz y tranquilidad.

Solo quedamos tú, yo y nosotros.


El viento me golpea la cara y el pelo me nubla la vista. Estoy en la playa sentada en la arena observando cómo las olas empujan todo hacia mí, y después se lo llevan sin apenas reparo. Eso me hace sentir insignificante, pero allá, a lo lejos, unos tonos rojizos y anaranjados, protagonizan una de las más bellas escenas que te puedas imaginar. Una puesta de sol que pinta el cielo de tonos violetas y naranjas me hace olvidar lo que sería no uno de mis mejores días, seamos francos, el peor día que jamás he pasado y posiblemente pasaré. El intenso frío de una tarde de invierno se me cala por los huesos y la única chaqueta que llevo, no es capaz de protegerme del mundo a mí alrededor. El viento cada vez es más intenso y el sol va desapareciendo en el horizonte, detrás del mar, y, es en este momento, cuando siento su aliento en la nuca. Aquí esta él, para protegerme del mundo frío de mí alrededor, del que yo sola no puedo.
Luke estaba conmigo, en casa, cuando cogí el teléfono y me dieron la noticia que cambió mi vida. Luke estaba allí cuando salí corriendo sin decir a dónde ni por qué, porque no podía soportar que me viera de esa manera, justo después de que me dieran la noticia que cambiaría mi vida para siempre. Aunque de todos modos sabía que acabaría encontrándome, como siempre, sin importarle el motivo de mí marcha.
Y aquí estamos, en los últimos instantes de la puesta de sol. Él me abraza tan fuerte que casi me quedo sin respiración, pero no me importa. Lo único que quiero es llorar y que todo vuelva a la normalidad, aunque sé que eso no es posible, y por eso, entre sollozos le suplico a la única persona que me queda:
- Nunca me dejes, Luke. Nunca me dejes.
- Tranquila, nunca lo haré –me prometió observando como el último rayo de luz se apagaba.

LA PUESTA DEL SOL


Hoy todo el día tengo ganas de ir a la playa, no sé el porqué, a lo mejor es porque hace unos días que estoy enfadada con mi amiga Laura y necesito reflexionar.
De camino a la playa me encuentro con Laura, me pregunta dónde voy y le digo que  a la playa. Nos quedamos mirando unos instantes y de repente Laura me abraza, me dice: lo siento, Carlota, no quería enfadarme contigo, ha sido todo una tontería. Yo le digo: si quiere venir conmigo a la playa, y nos vamos juntas... Cuando llegamos, corríamos sin parar de reír, fuimos rápidamente a tocar el agua, pero estaba congelada; así que decidimos tumbarnos en la toalla. Eran alrededor de las 8 de la tarde y empezaba a anochecer, La brisa era agradable, no hacía calor ni frío. Laura me dice: ¡¡¡Carlotaa!!! Mira el cielo, qué puesta de sol más bonita. Era increíble, estaba brillando y se veía el reflejo en el mar, era un momento en que la luz va desapareciendo y se transforman los colores del cielo en miles de violetas y rojizos tonos.
En aquel momento me sentía feliz, relajada al lado de mi amiga Laura me miró fijamente y me dijo que no se volvería a enfadar conmigo.

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