Como aquel que repite
la palabra elefante sin descanso
millones y millones de veces,
muchos días
sin apenas comer,
la palabra elefante,
la palabra elefante.
Al final ya no sabe lo que dice
y, aunque le llama Dios a esta ignorancia
y le visita el éxtasis
y talla toscamente exvotos de elefante
y viajan desde lejos a postrarse a sus pies,
un día paseando por el bosque
se cruza un elefante verdadero
y se queda parado buscando en su memoria
y antes de que recuerde
qué es aquello que ve
le tumba el elefante de un trompazo
y le cubre de estiércol
y se muere el maestro
de vergüenza allí mismo
Vikram Babu pregunta:
¿no es gracioso?
1 comentario:
Perfecto, Alba: poema, imagen y enlace.
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