Llegó el día. Fuimos a buscar a mí padre al aeropuerto. Llevaba mucho tiempo en Nueva York debido a su trabajo. Tenía muchas ganas de verle, pero sobre todo, tenía muchas ganas de usar los walkie-talkies, que le había para que me los trajera.
-Papá: Gritó el hijo. Sé abrazaron.
-¿Cómo estás? ¡Sí que has crecido, eh!
-Muy bien, y tú? ¿Qué tal el trabajo?
¿Cómo es Nueva York, grande?
-Bueno, sí es grande, pero no he tenido mucho tiempo de visitarlo. Tenía mucho trabajo que hacer, explicó el padre.
-¿Te has acordado de lo que te pedíí? preguntó el hijo todo emocionado.
-Verás hijo...No le dio tiempo a acabar la frase.
-Tengo muchas ganas de que juguemos los dos juntos. Siguió el hijo.
-Lo siento, hijo, no te lo he podido comprar, he tenido mucho trabajo, contestó el padre cabizbajo.
-El niño se quedo mudo por un momento intentando mantener las ganas de llorar.
-Hijo, lo siento de verás, te compensaré. Este fin de semana iremos tú y yo a comprarte los que más te gusten. Te lo prometo.
-Vale, no pasa nada, prefiero que vayamos los dos juntos, dijo el niño. Y se fueron a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario