Hoy por fin llega papá. Tengo muchísimas ganas de que me dé mis walkie-talkies e ir con Pablo y Dídac a disfrutarlos.
Pasaron un par de horas y entonces sonó como se abría la puerta, y lo único que se me vino a la cabeza fue que papá ya estaba aquí con mis walkie-talkies. Bajé corriendo las escaleras y ahí estaba, con cara de cansado pero alegre de llegar a casa.
Entonces grité:
- ¡¡¡Papá!!! Te he echado muchísimo de menos, por fin has llegado.
- Sí hijo, tenía muchas ganas de verte. -respondió - Sobre todo para darte tu regalito.
- ¡Sí! ¿Donde están mis walkie-talkies papi?
- ¿Cómo? ¿Walkie-talkies? ¡Ah! Es verdad. Lo siento mucho hijo pero entraron a robar al hotel en el que estaba. – Yo me quedé con cara de disgusto. - Por desgracia se llevaron los walkie-talkies. Pero eso me hizo pensar y te he comprado una cosa muchísimo mejor.
De repente cambió mi cara, y me alegré mucho más. Mi padre conocía muy bien mis gustos y yo sabía perfectamente que si él decía que iba a ser mejor, tenía razón.
- Entonces, ¿qué es?
- Está en el maletero hijo, ya sé que te encanta patinar…
Le corté y salí corriendo a la calle.
- ¡Yuhuu! -Gritaba yo como si fuera SuperMan. – ¡A ver qué es!
Entonces abrí el maletero, y no vi otra cosa que una maleta de color gris que no recordaba haber visto nunca a papá.
Papá vino detrás de mí y vio mi cara de disgusto.
- Saca la mochila de ahí. –Dijo mi padre. – Es tu nueva mochila.
- ¿Cómo? Pero si es una maleta.
- No hijo, tira de la rueda que hay escondida detrás y verás de que se trata.
Era un monopatín-mochila, o mochila-monopatín, qué mas da, pero era súper chula.
- ¡Ala Papá! ¡Qué guay, así ya no llegaré tarde cuando voy andando!
- ¡A que sí! Acaba de salir al mercado y solo lo venden en Estados Unidos. Aprovéchala y vete a dar una vuelta con tus amigos, serás el único en tenerla.- ¡Sí! ¡Muchas gracias papá! Te quiero, y gracias de verdad, es mejor que los walkie-talkies.
Lo abracé y me fui con mi nueva mochila-monopatín a disfrutarla.