
EL PUEBLO ENTRE LA NIEVE.
Hace muchos años, en un pueblo situado al norte de Europa, el cual se encontraba en su momento de esplendor, hasta que un día hubo una gran nevada, y un alud cayó sobre todas las casitas que se encontraban en el pueblo cuyo nombre la gente no menciona. Todo el mundo murió bajo la nieve, y los que sobrevivieron, no se han vuelto a ver, nadie sabe nada sobre su paradero. Ese pueblo quedó deshabitado, se volvió un lugar frío, con todas las casas cubiertas de nieve. Al cabo de los años, de vez en cuando iban algunos turistas curiosos y se instalaban durante unas semanas en alguna casa habitable. Muchos de los turistas que las habitaban salían de allí aterrorizados, si es que salían.
Un componente de la brigada criminal, que investigaba las desapariciones de todas aquellas personas, fue a pasar el fin de semana a la casa para averiguar lo que sucedía. Todo normal. Era una casa fría por el hecho de estar en el pueblo anegado de nieve. Después de cenar al lado de la hoguera, se subió a dormir. Las escaleras que iba subiendo, iban sonando a su paso. Un corriente frío le recorrió todo el cuerpo. Miró atrás, la puerta estaba cerrada y la hoguera encendida. Nada justificaba ese escalofrío. Cuando se echó en la cama, volvió a sentir ese escalofrío tras un titubeo de la puerta. Cada vez estaba más nervioso, estaba a punto de abandonar. Se dijo a él mismo que descubriría lo que le pasó a aquellas personas desaparecidas. Tocaron las doce de la noche. Vio pasar una masa de color azul muy misteriosa por la puerta entreabierta. Se asustó mucho, al ver tan misteriosa cosa. Empezó a notar un sueño que le corrompía todo el cuerpo. La hoguera de repente se apagó. Lo notó. Un corriente frío recorrió la casa. No podía dormirse a pesar del sueño que le estaba entrando, puesto que si lo hacía, no descubriría lo que pasa en esa casa. No pudo más y cayó en un sueño muy profundo. Cuando despertó estaba rodeado de unos espíritus con bolas parecidas al fuego de color azul. Le rodeaban. No podía escapar por ningún lado y por la ventana se atisbaba un alud. Los espíritus manifestaban ira, enfado, decepción, tenían ganas de venganza por lo que les hizo morir. Toda aquella gente eran los que murieron en el alud que destruyó el pueblo hace tiempo. Eso explicaba todas las desapariciones de la gente que entraba en esa casa. La avalancha se acercaba y él no podía escapar. Cada vez temía más por su vida y los fantasmas se le acercaban cada vez más. Se vaticinaba una muerte segura. De repente, los espíritus desaparecieron, la avalancha se cesó y la ventisca paró. El policía se giró y vio una nota enganchada en la pared. La nota decía: “Éstos son los que no consiguieron escapar del alud. Los pocos que sobrevivimos, ahora que ya estamos muertos, nos dedicamos a eliminar los ataques que provocan los espíritus resentidos para que la gente vuelva a habitar el pueblo y vuelva a ser el mismo que fue antes de que la nieve lo destrozara por completo. No sé si has resuelto tu caso pero nosotros nos seguiremos ocupando del nuestro”
Un componente de la brigada criminal, que investigaba las desapariciones de todas aquellas personas, fue a pasar el fin de semana a la casa para averiguar lo que sucedía. Todo normal. Era una casa fría por el hecho de estar en el pueblo anegado de nieve. Después de cenar al lado de la hoguera, se subió a dormir. Las escaleras que iba subiendo, iban sonando a su paso. Un corriente frío le recorrió todo el cuerpo. Miró atrás, la puerta estaba cerrada y la hoguera encendida. Nada justificaba ese escalofrío. Cuando se echó en la cama, volvió a sentir ese escalofrío tras un titubeo de la puerta. Cada vez estaba más nervioso, estaba a punto de abandonar. Se dijo a él mismo que descubriría lo que le pasó a aquellas personas desaparecidas. Tocaron las doce de la noche. Vio pasar una masa de color azul muy misteriosa por la puerta entreabierta. Se asustó mucho, al ver tan misteriosa cosa. Empezó a notar un sueño que le corrompía todo el cuerpo. La hoguera de repente se apagó. Lo notó. Un corriente frío recorrió la casa. No podía dormirse a pesar del sueño que le estaba entrando, puesto que si lo hacía, no descubriría lo que pasa en esa casa. No pudo más y cayó en un sueño muy profundo. Cuando despertó estaba rodeado de unos espíritus con bolas parecidas al fuego de color azul. Le rodeaban. No podía escapar por ningún lado y por la ventana se atisbaba un alud. Los espíritus manifestaban ira, enfado, decepción, tenían ganas de venganza por lo que les hizo morir. Toda aquella gente eran los que murieron en el alud que destruyó el pueblo hace tiempo. Eso explicaba todas las desapariciones de la gente que entraba en esa casa. La avalancha se acercaba y él no podía escapar. Cada vez temía más por su vida y los fantasmas se le acercaban cada vez más. Se vaticinaba una muerte segura. De repente, los espíritus desaparecieron, la avalancha se cesó y la ventisca paró. El policía se giró y vio una nota enganchada en la pared. La nota decía: “Éstos son los que no consiguieron escapar del alud. Los pocos que sobrevivimos, ahora que ya estamos muertos, nos dedicamos a eliminar los ataques que provocan los espíritus resentidos para que la gente vuelva a habitar el pueblo y vuelva a ser el mismo que fue antes de que la nieve lo destrozara por completo. No sé si has resuelto tu caso pero nosotros nos seguiremos ocupando del nuestro”
1 comentario:
Creas un buen ambiente de terror y solucionas muy bien el final.
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