2017 Las bicicletas son para el verano

2017 Presente, pasado y futuro

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2017 Naturalezas muertas

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lunes, 23 de mayo de 2016

Acto 1º en Narración

La casa de Bernarda Alba
Allí se encontraban la criada y Poncia, las dos encargadas de los oficios de la casa de Bernarda, en un verano fatigante sentadas en medio de una habitación de paredes gruesas y blancas.
El retoque de las campanas era incesante y retumbaba en la cabeza de las dos criadas. Poncia, de mientras, le comentaba a la criada cómo había ido el inicio de la misa. Los curas de todos los pueblos se habían acercado para el funeral del esposo de Bernarda y Magdalena, la segunda hija de Bernarda, se había desmayado al verse tan sola con la muerte de su padre.
Las dos comentan la maldad de la ama y roban un poco de comida, ya que Bernarda les hace pasar hambre.
De repente, escuchan los gritos de la abuela que esta encerrada en la habitación a causa de su locura. Por su parte, las criadas trataban de dar los últimos retoques a la casa para que todo estuviera reluciente cuando la multitud llegase. Bernarda hubiera matado a las dos muchachas si había algún imperfecto.
Mientras aseaban y se dejaban la piel fregando y procurando que todo estaba en su sitio, Poncia seguía con sus maldiciones hacia su ama. Le comentaba a la criada que habían venido los parientes de Bernarda pero no los del difunto; ya que ninguno la soportaba.
Poncia se quejaba de haber pasado treinta años al servicio de Bernarda, con noches en vela si ella estaba enferma o aguantando su mal genio y, sin embargo, no recibir ningún agradecimiento por parte del ama. Sigue con su cháchara vanagloriándose de su fidelidad tal que un perro obediente. Pero dice que un día se hartará y se encerrará con ella para escupirla todo un año por cada mala pasada que le ha hecho y se burla por la suerte que le queda a ella y a sus cinco hijas: todas feas y, exceptuando a la mayor, Angustias, que tiene dinero al ser hija del primer marido, todas se quedarán con una mano y otra delante.
Suena el último responso y Poncia decide ir a escucharlo por la gran voz del cura para cantarlo.
La criada se queda sola y va cantando al ritmo de las campanadas cuando, repentinamente, ve a la mendiga pedir las sobras. La criada responde con irritación que las sobras serán para ella. La echa de allí encolerizada y sigue con su labor. En su soliloquio se lamente del difunto mientras recuerda los momentos que pasaba con él sin que Bernarda se enterase.
Entra el gentío en la casa, las cinco hijas y, por último, Bernarda que da voces a la criada y se queja de que aún hay cosas sucias.
Bernarda menosprecia a los pobres y se ve reprendida por algunas mujeres a quienes manda callar al igual que a Magdalena que está sumergida en llantos.
Bernarda pide limonada y ordena que los hombres no pasen por donde están las mujeres.
Las mujeres van platicando sobre algunos sucesos en la iglesia y sobre los hombres y Bernarda las reprende diciendo que no deben mirar más que al cura. Sin más dilación, Bernarda procede a las plegarias y todas responden las debidas palabras para continuar con la oración.
Los hombres le regalan una bolsa con dinero a Bernarda y todos se van yendo de su casa. Ella apresura a todo el mundo y maldice esperando que no vuelvan a pasar el arco de su puerta en mucho tiempo. Amelia le pide que no hable así y Bernarda responde con altanería quejándose del pueblo y de la gente que en él vive.
Poncia se lamenta de cómo ha quedado la casa después de la visita y Bernarda la corrobora. Pide un abanico y Adela le da uno colorido. Por esta acción se lleva una reprimenda por parte de su madre y pide que le den uno negro y que respete el luto de su padre. Martirio le ofrece el suyo y dice que no tiene calor cuando Bernarda le recomienda que se busque otro, ya que en ocho años que durará el luto no sentirán el viento de la calle al igual que pasó en casa del abuelo y del padre de Bernarda. Después, les dice a sus hijas que comiencen a tejer el ajuar.
Magdalena se muestra indiferente ante este hecho, pues está segura de que no se casará y maldice su condición de mujer.
Bernarda, impertérrita, dice que se hará lo que ella diga cuando, de repente, la voz de su madre retumba en quejidos pidiendo que la dejaran salir. Bernarda accede y dice que la lleven al patio a tomar el aire y que se desahogue.
La criada le advierte de que la vieja se ha puesto sus joyas y dice que se quiere casar. Al sentir esto, las chicas se ríen. Bernarda le pide a la criada que vigile a su madre y que no se acerque al pozo, no porque se pueda hacer daño, sino para evitar que las vecinas la vean.
Al ver que Angustias no está, Bernarda, furiosa, la va a buscar y le pide explicaciones de a quién miraba y por qué desde el portón. Angustias dice que a nadie y su madre la sermonea mientras le pega. Poncia le pide que se calme y Bernarda manda irse a todas.
Poncia se queda con Bernarda y le comenta lo que estaban hablando los hombres: estaban hablando sobre Paca la Roseta y que a su marido lo ataron en un pesebre mientras a ella se la llevaron hasta lo alto del olivar con los pechos al aire mientras Maximiliano la tocaba tal que a una guitarra. Cuenta que la mujer llegó al día siguiente con el pelo suelto y una corona de flores. Bernarda sentencia que es la única mujer mala y Poncia le dice que es por el hecho de que es fuera de aquí, al igual que los hombres que fueron con ella, que son hijos de forasteros.
Poncia añade que los hombres decían muchas más cosas y que le da vergüenza repetirlas y que Angustias las estaba oyendo. Bernarda se queja y dice que salió a sus tías que eran mojigatas pero se sonrojaban con el piropo de cualquiera. Poncia la excusa diciendo que ya tiene 39 años y nunca ha conocido varón, al igual que las otras cuatro que ya son mayorcitas y están en edad de merecer. Bernarda, en cambio, dice que no les hace falta tener ningún novio; no hay hombre en cien leguas que sean merecedores de ellas. Las dos mujeres discuten y Bernarda sentencia que no se tienen confianza y que solo está allí para servirla.
Amelia y Martirio hablan donde antes hablaban las dos mujeres grandes y Martirio se muestra triste, desesperanzada y sin ánimo; Amelia trata de animarla. Van comentando cosas al azar hasta que llegan a hablar de Enrique Humanas, un hombre que estuvo detrás de Martirio y la dejó plantada una vez que se tendrían que haber visto; lo que no sabe, es que Bernarda mandó recado a Enrique Humanas que ni se atreviera a pisar sus tierras.
En cuanto entra Magdalena, cambian de tema y se quejan del tiempo pasado, donde eran mucho más felices y las cosas eran muy diferentes.
Magdalena cuenta que Adela se ha puesto un vestido verde que se hizo para su cumpleaños y en el corral les decía a las gallinas que la mirasen mientras ella no se pudo contener la risa. Amelia pensaba en las consecuencias si su madre la hubiera visto. Magdalena se lamenta por Adela, que es la menor y quiere verla feliz.
Cambian de tema y se preguntan por la hora. De pronto, empiezan a hablar sobre Angustias y de que Pepe el Romano viene a pedir su mano. Amelia y, sobre todo, Martirio fingen una falsa alegría por su hermana. Magdalena, por su parte, admite que se lamenta porque Pepe solo busca a Angustias por su dinero y no a ella como mujer ya que es la más fea de todas y se hace cada vez más vieja y enfermiza; cosa que corrobora Amelia.
Entra Adela y le advierten de que si su madre la ve le arrancará los pelos. Halagan cómo le queda el vestido y le recomiendan que lo tiña de negro o que se lo regale a Angustias para la boda con Pepe; con esto, Adela se sorprende y se queda conmocionada. No quiere creer lo que oye y piensa que el luto por la muerte de su padre la ha cogido en la peor época y no quiere acostumbrarse al encierro que esto supone, con las consecuencias que acarrea: la piel arrugada, su piel descolorida… Quiere salir con su vestido y pasearse por las calles.
La criada avisa de que Pepe el Romano se acerca por lo alto de la calle y todas van a verlo, excepto Adela que se muestra indiferente.
Bernarda y Poncia hablan sobre la fortuna de Angustias y lo infortunadas que son las demás.
Entra Angustias y Bernarda la reprende por haberse maquillado tras la muerte de su padre, aunque Angustias se excusa recordándole que su padre no es este; su padre murió hace tiempo. Sin embargo, Bernarda le replica y le ordena al menos tener respeto y que se quite el maquillaje y deje de ser buscona.
Poncia, mientras tanto, le pide calma y que no sea tan inquisitiva. Bernarda, con su carácter impertérrito, más preocupada por el qué dirán que por los sentimientos de sus hijas, dice estar segura de lo que hace, por mucho que su madre esté loca. Magdalena, de repente, entra y dice que si están hablando de las particiones, Angustias, como es la más rica, se puede quedar con todo, en forma de recriminación. Pero Bernarda golpea en el suelo y recuerda que hasta que ella muera mandará en lo de ella y en lo de sus hijas.
Entonces, La madre de Bernarda, María Josefa, entra y le pide a su hija que le dé todo lo que es suyo, ya que no quiere que nadie se quede ni con un solo anillo; ninguna se casará. La criada, con pavor, se disculpa por dejarla entrar y María Josefa dice que se quiere casar lejos de aquí, en la orilla del mar. Y, aunque bernarda la manda callar, ella prosigue afirmando que no quiere ver a las chicas con el corazón hecho polvo y prefiere irse a su pueblo y tener un varón que le dé alegría.
Bernarda se encoleriza hasta la coronilla, con su siempre impertérrito carácter, y pide que se la lleven mientras su madre pide a gritos que la dejen y que se quiere casar a la orilla del mar.

El telón se cierra.

domingo, 22 de mayo de 2016

Narración del Tercer Acto

ACTO TERCERO
Se ha hecho de noche, y en el patio interior de la casa de Bernarda están comiendo ésta y sus hijas mientras la Poncia les sirve. Prudencia, que ha ido a visitarlas, decide que es hora de irse pero continúan hablando sobre el marido y la hija de prudencia, y lo bien que le han ido los negocios a Bernarda. Sale a relucir el tema de la boda de Angustias y ésta aprovecha para enseñar el anillo de pedida a la visita. Bernarda alardea del dinero que se ha gastado en comprar los muebles para su hija. Finalmente, Prudencia por fin se va al oír el último toque lejano de las campanas de la iglesia para rezar el rosario.
Tras la cena, Adela, Amelia y Martirio salen a tomar el fresco mientras en la sala se queda Bernarda hablando con Angustias. Hablan sobre Pepe. Angustias cree que le oculta cosas, que está extraño, como distraído. Su madre le alecciona sobre cómo debe comportarse con su futuro marido, siendo una esposa sumisa.
Vuelven a entrar las hijas tras estirar las piernas y contemplar la noche y su madre, tras mucho insistir, consigue que sus hijas se vayan a acostar quedándose a solas con la Poncia, que le insinúa a Bernarda que a pesar de su vigilancia no es capaz de controlar todo lo que pasa bajo su techo. Bernarda orgullosa, se niega a plantearse esa posibilidad. Cuando la dueña de la casa se retira a su habitación, Poncia y la criada comentan sobre la tormenta que se les avecina cuando estalle toda la información oculta tras las paredes de la casa y bajo los corazones de las hijas de Bernarda Alba. Adela interrumpe la conversación al ir a beber agua. Se van todas a dormir.
Aparece María Josefa con una oveja en los brazos entonando una irónica canción. Se va cantando y entra Adela que, mirando a un lado y a otro con sigilo, desaparece por la puerta del corral. Aparece en la habitación Martirio, que va en enaguas y se cubre con un pequeño mantón negro, de repente sale enfrente de ella su abuela. Mantienen una absurda conversación ya que su abuela desvaría hasta que Martirio consigue mandarla a la cama. María Josefa se va llorando mientras canturrea el estribillo de su canción.
Es evidente que la oscura noche da cobijo a los oscuros secretos de las hijas de Bernarda. Martirio se dirige a la puerta del corral en busca de su hermana Adela. La llama primero con inseguridad pero enseguida la reclama en voz alta. Adela aparece despeinada y Martirio le echa en cara que su actitud no es el de una mujer honrada. Discuten entre ellas por el amor de Pepe. Adela está enamorada de él y cree que su amor es correspondido. Sabe que vino a la familia atraído por el dinero pero está convencida que sus ojos siempre han estado sobre ella. A Martirio, sin embargo, le corroen los celos ya que ella también se ha sentido atraída por Pepe y sabe que jamás será correspondida. No tiene ningún problema de que el amante de Adela se case con Angustias, porque sabe que ésta nunca conseguirá el amor de su futuro marido, pero Martirio jamás consentirá que Adela se salga con la suya.
Adela intenta ablandar el corazón de Martirio acercándose a ella con la intención de abrazarla tras su dura confesión de que también estaba enamorada de Pepe, pero Martirio, rencorosa, amargada y llena de odio, rechaza a su hermana. Adela le dice, que con resignación soportará que Pepe se case con Angustias porque sabe que a quién el hombre lleva en su corazón es a ella, la cual siempre estará disponible para él a lo largo de toda su vida.
Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante. Adela intenta escapar y forcejean. Martirio llama a voces a su madre que aparece en enaguas con un mantón negro. Martirio acusa a Adela de haberse acostado con Pepe el Romano. Bernarda se dirige furiosa a Adela increpándole su comportamiento, pero la menor de sus hijas, le hace frente por primera vez defendiendo su amor por Pepe.

Aparece el resto de la familia desconcertadas y atraídas por los gritos. Adela dice que ella es la verdadera mujer de Pepe y que él le está esperando fuera en el corral. Bernarda coge la escopeta y sale corriendo. Adela intenta salir pero Angustias la retiene contra su voluntad. Suena un disparo y entrando en la habitación Bernarda le dice a Adela que se atreva a buscarlo ahora. Martirio corrobora la versión de su madre y Adela sale corriendo. La Poncia pregunta si realmente lo ha matado y Martirio le dice que no, que salió corriendo en la jaca. Pero esto último Adela no lo ha oído. 

sábado, 21 de mayo de 2016

Relato a partir de la infancia de Pepín Bello.

Ya se estaba haciendo tarde, la luna ya estaba en lo más alto del cielo estrellado y Pepín se apresuraba a llegar a casa, sabiendo que su padre iba a estar muy enfadado. Se había pasado todo el día con Domingo Loriente y sus amigos, jugando a hacer ver que eran arqueólogos y estaban buscando restos de dinosaurios.

Después de 10 minutos corriendo al máximo de sus capacidades, llegó al portón de su casa y se coló por la ventana de la cocina. Afortunadamente para él, su madre se encontraba en San Sebastián esa semana. Nunca llegó a entender como lo hacía, pero siempre le pillaba, daba igual que se colara sigilosamente por una ventana, o que trepase hasta el balcón de la habitación de su hermano, ella estaba allí esperándole. Pero ese día iba a conseguir librarse de los gritos de su madre y de su padre, el cual estaba encerrado en su despacho. Sabía que cuando cerraba la puerta de su despacho significaba que estaba dibujando o  trabajando en algo y por lo tanto, desconectado del mundo exterior.  

Entró por la cocina y se encontró con que aún no habían cenado, “¡bien!” pensó para sus adentros, eso significaba que no habían notado su ausencia (aparte el pobre muchacho estaba hambriento). Salió de la cocina y subió hasta su cuarto donde se cambió de ropa, para no dejar ni rastro de que había infringido las normas de sus padres: llegar a las siete y media como máximo a casa. Estaba bastante preocupado, hacía poco, en una las regañinas por parte de su madre, le había dicho que estaba pensando en mandarle a Inglaterra  a un internado como en el que había estado ella, a ver si así empezaba a acatar las normas. Esto le había empezado a reconcomer y desde entonces había intentado ser más precavido.

Relato a partir de la infancia de Pepín Bello en Huesca

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martes, 17 de mayo de 2016

Relato de la infancia de Pepín Bello

Amanecía un nuevo día para Pepín, un muchacho alegre, despreocupado y entusiasta. Cantaba el gallo desde hace rato y su madre no paraba de llamarlo a voces: ¡Pepííííín, Pepíííííííín! Él restregaba la almohada por su cara con la intención de llegar a sus oídos y tapárselos para que nadie perturbase su sueño. Según Pepín, él ya era mayor, tenía ocho años recién cumplidos, cosa que le permitía tener un poco más de libertad, por lo tanto podía gozar del sueño un ratito más. Pasados unos minutos escuchó los fuertes y escandalosos pasos de su madre dirigiéndose a su habitación, eso provocó, como si se tratara de un acto reflejo, que Pepín saltara de la cama y se quitara el pijama en pocos segundos. La puerta se abrió, y como un rayo, sin dar tiempo a que su madre dijera nada, Pepín ya había salido de su cuarto dirigiéndose a la cocina de su humilde morada.

Vivían en un pueblo pequeño de montaña, en Huesca. Después de desayunar Pepín fue a visitar a su padre, Serevino Bello, a su oficina de trabajo. Había un largo recorrido desde su casa hasta la oficina, que normalmente su padre hacía en mula, pero Pepín, como ya era mayor y tenía ocho años se dispuso a ir andando. Pepín se distraía tarareando canciones, observando los paisajes verdes, admirando a la naturaleza, era un chico muy curioso, era curioso hasta tal punto que vio que el sendero que estaba atravesando se dividía en dos y cogió un camino oscuro, frío y con un cartel en el que ponía: “Prohibido el paso, sendero desierto desde la prehistoria.”

Él era un aventurero, se adentraba por el camino y cada paso que daba lo alejaba de la luz, los árboles cubrían el cielo sólo se apreciaban siluetas. Pepín estaba muerto de miedo, pero se repetía una y otra vez, tengo ocho años, ya soy mayor, este camino no puede conmigo. Pasaron cuatro horas y Pepín aún seguía andando con un temblor escalofriante en las piernas. Agotado, decidió rehacer el camino andado con la finalidad de volver a casa. Tras muchas horas de andar, salió otra vez al cruce donde se había desviado, dejándolo atrás para volver a su casa, cuando de repente escuchó una voz masculina que decía: ¡Pepíííííííín! Era su padre, que se acercaba a él galopando encima de su mula. Pepín le contó todo lo que le había pasado y su padre lo montó en la mula y se lo llevó para casa. 

Narración del Tercer Acto


sábado, 30 de abril de 2016

Narración

Narración 5 puntos

La acción se desarrolla en una casa típica andaluza, de paredes blancas y muros

gruesos. Esta casa está situada en un pueblo típico andaluz de la España de

Al principio del acto, todas están sentadas comiendo, todas menos Prudencia que está

sentada en una silla más alejada. Bernarda y Prudencia están hablando sobre sus

temas de incumbencia y Bernarda le pregunta a prdencia por su marido mientras la

invita a comer. Prudencia acepta la invitación, y le explica que está enfadada con sus

hermanos por la herencia y no sale mucho a la calle a causa del enfado. Entonces

Bernarda le pregunta por su hija y Prudencia le cuenta que está enfadada con su hija

por contestarle. Bernarda y Prudencia empiezan a hablar de la boda de Angustias, y

Prudencia le pide que le enseñe el anillo de compromiso y le pregunta a Angustias por

Cuando Prudencia se va, Adela sale al portón acompañada de Amelia y Martirio.

Magdalena se queda sentada medio dormida en una silla, Angustias recoge la mesa y

Bernarda que está allí, le dice a Angustias que hable con Martirio, por lo que había

ocurrido con el retrato. Bernarda le pregunta que si esta noche va a ir Pepe a verla a lo

que Angustias contesta negativamente, porque éste se va con su madre a la capital.

Entran las otras tres hermanas y Bernarda les manda acostarse.

La Criada y la Poncia se quedan hablando del lío con el Romano. Se quedan

criticando la mala actuación de Bernarda. Saben que es tan orgullosa que ella misma

se pone una venda en los ojos, y las dos están de acuerdo en que les gustaría dejar la

casa, pero no pueden. Cuando las dos criadas se iban a retirar a sus alcobas, Adela

sale de su cuarto diciendo que la sed la a despertado. Adela sale sigilosamente y

desaparece por la puerta del corral. A su vez se levanta Martirio, la cual sale a buscar

a Adela para detenerla en sus intenciones, pero se cruza con Maria Josefa, su abuela.

Ésta, se haya en el patio cantando a una ovejita que se encuentra entre sus brazos,

cantándole como si fuera su hijo e insultando y burlándose de Bernarda y Magdalena.

Le dice al corderito entre cánticos que se quiere marchar muy lejos, que la puerta se

abrirá y se irá a la playa a casarse. Entonces ve a Martirio, y después de burlarse de

ella, le pide que le ayude a escapar, pero Martirio, tomándola por loca, la manda a la

cama. En ese momento Martirio empieza a decir el nombre de Adela en voz baja, y

esta sale del granero un poco despeinada y las dos comienzan a discutir. Adela y

Martirio discuten sobre a quien de ellas dos le pertenece Pepe.

Martirio le quiere y haría lo que fuera por tenerlo, pero es Adela quien lo tiene y eso a

Martirio le come por dentro y decide que si no es ella quien lo posea, que tampoco

será Adela, y en ese momento levanta la voz llamando a su madre. En ese momento

salen Bernarda y las demás hermanas. Martirio le dice a Bernarda que Adela está con

Pepe en el pajar, por lo que Bernarda comienza a gritarle. Angustias esta desolada por

lo que ha hecho su hermana y Bernarda coge una escopeta y dispara contra Pepe.

En ese momento, después de oír el tiro, Adela pensando que le había alcanzado sale

corriendo y se encierra en su cuarto. Cuando la Poncia consigue entrar, descubre que

Al final, cuando Bernarda descubre que Adela está muerta, empieza a gritar: “¡Mi hija a

muerto virgen! ¡Nadie diga nada!” Bernarda no quiere que en el pueblo se entere nadie

de cómo y por qué a muerto su hija y por eso grita que ha muerto virgen.

Ésta les dice a sus hijas que no lloren, y si quieren, que lo pueden hacer cuando estén

solas. Las últimas palabras de Bernarda fueron: “Ella, la hija menor de Bernarda Alba,

ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!”

viernes, 29 de abril de 2016

Relato de la infancia de Pepín Bello

Pepín se levantó de la cama con mucha parsimonia. Era domingo y según sus primeras impresiones, tenía la sensación de haber dormido media vida. No había ninguna prisa por salir de la cama, allí se estaba cómodo y el tiempo no apremiaba. Cuando decidió dar el paso, sintió como su cuerpo fluía suavemente por el espacio. Dormir tanto tiempo sin duda alguna le sentó más que bien. Se cambió el pijama y se puso ropa, que sin perder un nivel de formalidad decente, le resultaba comodísima. Salió de su habitación y se fue directo al comedor a por el desayuno. Como cada domingo, su padre, Severino Bello, se acercaba a la panadería del barrio a comprarle un bollo de crema que le fascinaba. Consiguió que su padre le comprara semanalmente semejante delicia porque llegaron a un trato: si durante la semana desayunaba una pieza de fruta, el domingo para desayunar recibiría un bollo de crema, pero si incumplía un solo día el trato, no había dulce el domingo. Pepín no falló ni una sola semana desde que llegaron a ese acuerdo, ya que le resultaba tan placentero comerse relajado su bollo… De hecho, al final acabó disfrutando de todos los desayunos, ya que cada pieza de fruta que se comía era un escalón menos de la escalera semanal, cosa que le hacía tremendamente feliz.

SEGUNDO ACTO

LA CASA DE BERNARDA ALBA

SEGUNDO ACTO

Todo empieza cuando las hermanas están cortando sabanas en una tabacón cerrada y un poco

oscura, las hermanas, acompañadas de la criada que también las vigilaba, están estableciendo

una conversación bastante interesante, Angustias, que es la más mayor y la que más desea

irse de esa casa la cual parece una cárcel, empieza a decir que esta con muchas ganas de

abandonar ese sitio y salir de una vez a la calle, entonces Martirio sin ganas de que haya otra

discusión, hace que la charla acabe y saca de tema de conversación el tiempo que ha hecho,

muchas de ellas empiezan a decir que esa misma noche, de la calor que hacia se habían

tenido que levantar y algunas de ellas a refrescarse al no aguantar la temperatura de aquella

Entonces acaba saliendo el tema de Angustias y Pepe el Romano y empieza un gran debate

del cual el principal tema es la hora en que Pepe el Romano se había marchado de la reja de la

casa. Unas dicen que se marchó a las cuatro y otras a la una y media de la madrugada. Las

hermanas interesadas por la relación de Angustias y Pepe le pregunta a ella el cómo le pidió

que ella sea su novia, ella muy contenta y entusiasmada les explica que él le dijo que

necesitaba a una mujer en su vida y que si le parecía bien que sea ella, al oír eso las hermanas

pensaron en que es extraño que dos personas empiezan a ser novios con solo conocerse de

unas rejas, Angustias se defiende diciendo que cualquier mujer diría que si a cualquier hombre

y al ella estar con unas ganas tremendas de tener a un hombre a su lado no se lo pensó dos

veces. Les empieza a decir que ella no pudo decir ni una palabra porque sentía que el corazón

se le salía por la garganta y por ello solo hablaba él. En ese momento Poncia, que se puede

decir que es muy suelta y sincera, al ver que las hijas de Bernarda estaban interesadas en el

tema de los hombres, les empezó a contar el cómo se lo pidió su marido, y también explico que

se les tiene que tener a raya a los hombres y que a los quince días de estar casados dejan la

cama por la mesa y después la mesa por la tabernilla.

En un instante viene Adela la cual tiene una discusión con Martirio pero entonces les llama la

criada diciéndoles que Bernarda las llamaba porque había venido el hombre de los encajes.

Pero, como al salir Martirio mira mal  Adela, Adela le dice a Martirio que qué le pasaba y porque

le miraba así, entonces Adela empieza a decirle a Martirio que está cansada de que la esté

mirando todo el día y que incluso la mira dormir, un segundo después Martirio se va y

La Poncia le dice que es su hermana y que la que más la quiere y que ella hace lo que quiera

con su cuerpo, entonces Poncia le dice que ya se ha dado cuenta que ella está por Pepe pero

que se olvide de él que es de su hermana, y que cuando su hermana fallezca por algún parto,

Pepe vendrá a por ella. Al cabo de un momento entra Angustias al oír los chillidos y le pide

a Poncia lo que le había pedido que le comprara, le dice que se lo ha dejado en su cuarto y

Angustias se va. Entran las otras tres hermanas para pedirle lo mismo a Poncia. De repente se

oyen a los hombres llegar del trabajo y Poncia de la nada dice que hace años vinieron unas

mujeres de la calle y que ella misma le dio dinero a su hijo para que vaya a verlas. Las mujeres

para divertirse empiezan a cantar lo que oyen de fuera con mucho entusiasmo.

Después, a la tarde Angustias entra muy enfadada gritando que donde estaba el retrato de

Pepe, su novio. Bernarda por el escándalo sale al pasillo y pregunta quien de las hermanas lo

había cogido, ninguna responde asique le dice a la criada que vaya a registrar por las

habitaciones. Cuando llega de rebuscar Bernarda le pregunta en q habitación estaba y ella

contesta que en la de Martirio. La madre enfadada coge a la hija y le dice que porque lo había

cogido. Martirio le dice que era para hacerle una broma a su hermana, pero no se lo cree.

Entonces madre e hija discuten, pero al final Martirio se va y Poncia le dice a Bernarda que

cree que sus hijas deberían salir de casa y que las tiene muy encerradas, que tendrían que

conocer a alguien. Bernarda enfadada le dice que ella hace lo que quiera con la vida de ella y

sus hijas y ahí se acaba la charla.

Cuando pasa un rato, mientras Bernarda estaba también con las hijas y Poncia vuelve a salir el

tema de Pepe el Romano, de la hora en que se marcha. Las hijas siguen diciendo que unas lo

oyen irse a la una y otras a las cuatro. Al cabo de poco Bernarda harta de la conversación

decide que se acabe esa conversación y todas se callan y Poncia se va.

Cuando Poncia regresa explica que fuera hay una mujer que ha tenido un hijo y para que no se

sepa lo decide matar y enterrarlo pero unos perros lo encuentran y deciden la gente del pueblo

matarla y cuenta que le están dando con palos. Bernarda dice que la maten y las otras hijas

intentan mirar que pasa pero una de las hijas, como ella también está desobedeciendo pide

que porfavor no la maten, que no se lo merece. Entonces todas entran y vuelven a sus cosas.

Narración acto 3

Se encontraron Prudencia y Bernarda, las cuales decidieron entablar conversación, ya que no se veían nunca. El tema principal fue el marido y la hija de Prudencia, de los cuales no habló muy bien, y le contó a Bernarda que el lugar en el que se refugiaba era la iglesia, allí nadie la molestaba. De repente se escuchó el ruido de un caballo que tenían, y cambiaron de tema. Seguidamente intervino Poncia alterada, que también había escuchado al caballo, y se unió a la conversación, junto a Angustias, Amelia, y Magdalena . Pero la conversación cogió un rumbo diferente, y empezaron a hablar sobre el casamiento de Angustias, y Pepe, el cual vendría a pedir su mano dentro de tres días. Angustias enseñó el anillo de perlas que le regaló su futuro marido y aprovecho el momento para sentirse la protagonista entre todas sus hermanas. Cuando ya empezó a hacerse tarde, y el sonido de las campanas confirmaron la hora, y Prudencia decidió irse a dormir, y se despidió de las demás. Todas las hermanas junto a Bernarda, se levantaron de la mesa, y por un momento, Adela intentó escaparse hacia el portón a solas, pero Amelia y Martirio optaron por acompañarla, cosa que no le hizo nada de gracia a Adela – había un secreto en aquel portón-. Mientras, Bernarda y Angustias se quedaron hablando, sobre el problema que hubo con Martirio la anterior noche. Pero la futura esposa, se negó a perdonar a su hermana. Seguidamente, se pusieron a hablar de cómo iba la relación con Pepe, y Angustias explicó que creía que le ocultaba cosas, y que no se sentía lo contenta que debería de estar. Pero Bernarda la obligó a no preguntar nada, para que no llorara más. De repente intervinieron Adela, Martirio y Amelia, que ya habían vuelto de su paseo nocturno. Y entonces Angustias decidió irse a dormir ya que Pepe no venía. Finalmente todas decidieron irse a dormir también, y se quedaron a solas Bernarda y Poncia, que se pusieron a hablar sobre cómo estaba educando Bernarda a sus hijas, y sobre la poca libertad que tenían. Hasta que Bernarda se cansó y se fue a dormir. Adela se escapó de nuevo por el portón, pero Maritirio decidió que no se saldría con la suya, y la siguió, despertando a sus hermanas y a su madre, Adela al verse delante de aquella situación, descubierto su amor por Pepe, el futuro marido de su hermana, decidió suicidarse.

Narración de un acto

ACTO 1

La casa de Bernarda Alba era sin duda alguna una oda a los caserones: gruesas paredes blancas, puertas de arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes, sillas de anea, cuadros con paisajes inverosímiles, etc. Era verano, y el campanario gozaba de una inusual actividad. El marido de Bernarda había fallecido y se estaba celebrando su funeral. Aprovechando la tesitura, la Poncia y otra criada se colaron en el caserón y empezaron a comer de la despensa. Bernarda Alba, la propietaria de la casa, era una persona ruin, mezquina y severa, a la cual no importaba nadie más que ella. Trataba a sus criadas de manera hostil y dominante, por lo que las dos criadas estaban más que contentas al usurpar su comida.

Infancia de Pepín Bello

Infancia de Pepín Bello

La infancia de Pepín Bello, transcurrió en los alrededores de su ciudad natal: Huesca. Con sus padres, un pintor aficionado y libre pensador, y su madre, una mujer ingeniosa, simpática y bromista. También le acompañaron siete hermanos, los cuales siguen teniendo gran admiración hacia él. Durante su juventud, trabajaron en la construcción de pantanos en la provincia, y siempre contaban las experiencias vividas en esos tiempos. Les gustaba pasarlo bien, y hacer alguna que otra travesura, que siempre quedaría en sus recuerdos. Algo que tanto a él como a sus hermanos y amigos, era ver cómo los buitres carroñeros se abalanzaban sobre las vacas y los animales muertos que les llevaban.

También solían viajar juntos. Cuentan que, cuando la familia iba de vacaciones, Pepín siempre viajaba en tren de forma solitaria.
Recibieron una educación libre y casera, fuera de la iglesia y de la escuela hasta que sus padres creyeron que era conveniente realizar el bachillerato. Justo se acababa de construir la Residencia de Estudiantes. Pepín contaba que era un lugar agradable y barato.


En resumen, Pepín dispuso de una feliz y bella infancia, que no auguraba los tiempos de guerra venideros. 

Texto Narrativo: Primer Acto


La Casa de Bernarda Alba: Primer Acto

La casa de Bernarda Alba, era un gran caserón situado en Córdoba, con gruesas paredes blancas y gruesas, puertas arqueadas y cortinas de yute, rematadas con volantes y madroños. La decoración que ésta albergaba, era bastante clásica y típica, en las casas de la gente de bien, en la época: Cuadros con paisajes de fantasía con ninfas y reyes e leyenda, etc,…
Aquel día, las campanas de la iglesia sonaban sin cesar: El esposo de Bernarda acababa de fallecer, y se celebraba su funeral. Las criadas de la casa, cuchicheaban aprovechando la ausencia de la señora de la casa. Bernarda, era una mujer muy temperamental y severa que siempre se mostraba fría y hostil, especialmente con ellas.

miércoles, 27 de abril de 2016

RELATO INFANCIA PEPÍN BELLO

Era un caluroso día de verano en Huesca y Pepín, con su hermano y un amigo, Domingo Loriente, fueron a dar una vuelta. Se encontraron una mina y una vagoneta vacía y se les ocurrió meterse dentro. Pepín tiró de la palanca y la vagoneta se empezó a mover y a coger más y más velocidad. Fueron por subidas y bajadas hasta que vieron un camino cortado, pero su hermano cogió una piedra que había dentro de la vagoneta y con su tirachinas, que llevaba siempre en el bolsillo, la disparó acertando justo en la palanca que cambiaba los raíles. Entonces, la vagoneta se fue por un camino oscuro y cuando vieron la luz… Cayeron justamente al pantano, por un agujero que había en la cueva y saltaron los tres cayendo en el agua sanos y salvos. Se quedaron nadando por ahí y después fueron a ver los carnuzos y a los buitres, para variar, sin contar a nadie lo sucedido con la vagoneta sumergida en el pantano.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mis microrrelatos

El DÍA
Lo mejor es la noche, un silencio aplastante en comparación con el día con ruidos de coches, de personas hablando, niños llorando...etc. Todo en silencio, solo unas cuantas personas por la calle, por lo demás todo en absoluto silencio, hasta que todo vuelve a empezar de nuevo, los mismos ruidos insoportables de cada día.

LA RUTINA DEL INSTITUTO
Suena el despertador, son las 08:00 de la mañana, me visto, desayuno y me lavo lo más deprisa que puedo , llego tarde al instituto. Justo cuando están cerrando la puerta de la entrada consigo entrar.
Después de 3 horas seguidas de clases nos toca la segunda hora preferida ( EL PATIO), es la segunda mejor hora , después de haberme comido el bocadillo y haber estado hablando con mis amigos y riéndonos suena la sirena que nos indica que tenemos de volver a entrar .Cuando falta un minuto para que sean las dos todos ya estamos recogiendo nuestras cosas para irnos cada uno a nuestra casa .Suena el timbre, todos salimos muy rápidos , pero nos encontramos con toda una multitud intentando salir todos a la misma hora, después de haber estado 5 minutos para conseguir salir nos vamos cada uno a nuestra casa para poder hacer los miles de deberes que nos envían cada día y poder salir con los amigos . Mañana la misma rutina de todos los días.

Mis dos microrrelatos

El niño que no tuvo su juguete
Tenía de todo. Pasó su infancia con todo lo que quería, todo lo que pedía. Rodeado de mucha gente que se encargaba de él y velaba por su seguridad. Sus padres constantemente viajaban. De pequeño no lo apreció pero maduró y se dio cuenta de que le había faltado algo más importante que su riqueza; un padre y una madre que lo amaran.
Primer amor  
A gritos lo decían, pero no lo quería escuchar. Como todos querían, pasó. Diez años después recuerdo mi primer amor. Todos lo repetían, era la edad del pavo “ A Petito le gusta Pepita” y cosas así. Al final miras el otro lado, y te das cuenta de que no es tan malo, incluso que es atractivo. Y pasa lo que tiene que pasar, una cita, una declaración, un beso. Y aquí estoy. Quién diría que me casaría con ella y que tendrían tres hijos.

martes, 15 de noviembre de 2011

MICRORRELATOS

EL PARTIDO DEL AÑO

Hoy era un día perfecto para jugar a fútbol, tenía el presentimiento de que íbamos a ganar.
Cuándo empezó el encuentro, ya sabía que todo saldría bien.
Pases perfectos, juego limpio, espectáculo y ¡ VICTORIA!
¡Si, ya lo sabía yo!, cuando no juego todo va bien.

viernes, 7 de octubre de 2011

Las chicas de alambre. Propón un final.



Jonh siguió investigando, y no encontró a nadie que no la hubiese visto, todo el mundo le decía los mismo que desapareció hace diez años o que puede estar muerta, resultó ser que Jon fue a una casa pequeña que había en un bosque un poco extraña, tocó a la puerta y le abrió una anciana era bajita con los ojos grandes y el pelo muy muy blanco Jonh le dijo que si podía entrar que quería hacerle unas pequeñas preguntas sobre Vania, la famosa chiquilla que desaparecía hace diez años la anciana le dijo que y le ofreció unas galletas recién echas y un baso de leche. Jon se sentó en una mesa con Carmen (ese era el nombre de la anciana.)

Jon le empezó hacer preguntas sobre Vania, le preguntó si la conocía si labia visto alguna vez por la tele o en algún lugar, la anciana se empezó a reír, Jon se pensaba que le estaba tomando el pelo y se quedó con cara de sorprendido, Carmen le explicó el motivo de que porque se reía y resulta que ella era muy amiga de el padre de Vania y resultó ser que Vania siempre venia a casa de Carmen a cuidarla y se pasaba todas las tardes con ella y jugaban juntas. Cuando Vania se hizo mayor y siguió el camino de ser modelo se dejaron de ver hasta hacía poco que Vania vino ha casa de Carmen y le contó que había dejado ya la etapa esa de ser modelo y que se quería ir de vacaciones algún lugar donde no la conociera nadie sin que nadie se enterara porque sabía que si se enterarse alguien de la prensa la seguirían hasta donde estaría ella, y así lo hizo y se fue sin avisar a nadie hasta hace poco, de repente sonó el timbre y Carmen abrió la puerta y de repente se asomó una chica guapa, hermosa alta y delgada aunque ya mayor, era Vania, Jon no se lo podía creer! Estuvieron hablando los tres en la mesa y conociéndose así siguió durante toda la tarde, y se hicieron amigos y algunos fines de semana quedaban para contarse las cosas, y así de amigos se hicieron hasta toda su larga vida.


jueves, 6 de octubre de 2011

Mi final y un itinerario


La horas de avión se hacían largas. No sabía que hacer. Si una persona desaparece durante diez años, por mucho que diga que puedo publicar su historia y decir donde vive, no tengo valor para hacerlo. Debo elegir entre dos opciones: publicar la historia para prosperar en mi carrera como periodista y aruinar la vida a Noraima y Vanessa (que no Vania) que solo quieren vivir tranquilas, o mantener en el anonimato que Vanessa sigue viva y seguir trabajando en pequeñas entrevistas.

Salí del aeropuerto cansado. Llevaba horas metido en el avión. Se me cerraban los ojos mientras andaba arrastrando mis pies. Tomé un taxi y en unos minutos estaba tumbado en mi cama. Estaba hecho un lío, ¿qué debía hacer? De repente pensé en Sofía. Una sonrisa apareció en mi cara. La quería. Quería volver a verla y abrazarla, tenerla en mis brazos. Dejé de pensar en Vania. Sofía me aclaraba la mente, me hacía sentir calmado.
Cuando me desperté era de día, debían ser las dos mínimo. Fui hasta la cocina y allí me encontré a Sofía, preparando el desayuno. Me recordó a las viejas películas americanas.
-Hola. He dormido aquí, no te importa, ¿verdad? -dijo sonriendo-.
-Claro que no -le contesté-.
Sofía cocinaba de maravilla. Y envuelta en la luz que entraba del exterior era mas bonita aún. Desayunamos (o comimos, era tan tarde que no sabria decir) y fuimos a la redacción.
Mi madre, sorprendentemente, me estaba esperando en la entrada. Me abrazó lo mas fuerte que pudo.
-¿Qué tienes? ¿¡Está viva?!
Entonces aparecieron en mi cabeza imágenes de Vania, Noraima, Aruba, la casa, el cementerio, el beso. Él lo tenía decidido.
-No.
La sonrisa de mamá se convirtió en una cara seria.
-Bueno. Era de esperar.

Dos meses después, Sofia, ahora mi novia, se mudaba a mi apartamento. Le conté que en realidad Vania no estaba muerta, como todos creían, sino que seguía viva. Le prometí ir a verla en un mes, y así podría ayudar a Vanessa a escribir su libro. Al final, todo acabó incluso mejor de lo esperado.

AGRANDA EL TEXTO