Ese día era especial.
Los dos cumplian ya 5 años de casados.
Para ellos las fechas de cosas importantes, eran realmente especiales y una excusa para celebrar algo un día, el cual podría ser aburrido pero por esa fecha se convierte en un dia especial, que recordarás toda tu vida.
Aquel día era domingo. Los domingos son perfectos para celebrar ocasiones especiales ya que tienes todo el día para disfrutar de la sorpresa que cada uno hubiera preparado.
Ella le había hecho una poesía donde expresaba lo que sentíay lo que le gustaba.
Él, en cambio, le había pedido al vecino, que era jardinero, que le trajera por la mañana temprano unas flores recieén cortadas después del fresco rocío de buena mañana. Y a la mujer del vecino si le podía hacer una de las tartas favortitas de su amada esposa, que en tema de pasteles era muy delicada y comía los mejores, y da la casualidad de que su vecina era pastelera, y hacia los mejores pasteles del pueblo. El favorito de su amada, era uno de chocolate con fresas y nata. Y la vecina tuvo el detalle de hacer con las fresas y la nata por encima un bonito corazón.
Él se levantó temprano para ir a recoger la tarta y las flores para su amada.
Luego cuandó volvió a casa, la despertó y le dijo:
-Cariño, despierta que vamos a ver lo más bonito del mundo después de ti.
- Qué bonito, amor, pero ¿no es muy temprano?
-Sí, peró valdrá la penac cree en mí.
-No será lo que yo estoy pensando, ¿verdad?
-Puede. Ponte un albornoz y las zapatillas, que nadie nos verá a esta hora.
Ella se levantó de la cama, toda despeinada, y con mucho sueño pero ya de mañana era bella y no le hacía falta maquillaje para poder ser una mujer preciosa, porque ya lo era al natural.
Cuandó acabó de ponerse el albornoz y las zapatillas, fueron al ático donde había dos sillas juntas y una manta.
Allí se sentaron a contemplar el amanecer, que ella queria ver desde hacía mucho tiempo ya que le gustaba dormir y nunca se levantaba a la hora para verlo en directo y disfrutar.
Lo estuvieron viendo los dos abrazados, y sin decir una palabra ya que disfrutaban del silecio de la ciudad y del calor de uno al otro.
Cuando el sol ya había salido se decidieron a bajar al piso.
- ¿Te ha gustado ver el amanecer, cariño?
- Claro que sí, mi amor. Contigo me gusta hacer lo que sea.
- Y a mi. Mira, aquí tienes unas flores que son bellas, pero no tanto como tú, y un pastel de esos que te gustan tanto especialmente hecho para ti. ¿Qué te parece?
- Cariño, no sé qué decir! Cada año te superas y me haces quedar como una tonta con el regalo que yo te hago.
-Cariño, con el amor que me das cada dia no necessito nada más. Solo te necesito a ti.
-Qué tierno. Bueno, te había hecho una poesía que no sé si te va a gustar.
-Todo lo que hagas tú me encanta, pero si lo haces para mi me enloquece.
Él la estuvo leyendo mientras ella cogía el ramo para llevarlo a...
- ¡Cielo!
- ¿No te gusta la poesía?
Y en ese momento le dio un beso, un beso tierno y entremecedor, de esos tan bonitos y que transmiten mucho amor que no tienen palabras para describir.
-Eso quiere decir que te gusta, ¿no?
-Cariño, todo lo que te he regalado y el amor que te he dado no tiene nada en comparación a esta poesía tan corta pero con tanto amor y sentimiento que me has escrito.
-La he podido escribir porque tú me das ese amor que necesito, la ternura y el cariño que me das cada día me hacen hacer más fuerte y ser una afortunada por tenerte aquí a mi lado cada dia.
-Te quiero.
-Yo también mi amor.