En toda mi vida he visto todo tipo de atardeceres, de todos los colores imaginables, en todos los lugares posibles, y desde muchos ángulos diferentes. Puede ser que este es mi atardecer favorito. ¿Por qué? No lo sé, me gusta porque me transmite paz y tranquilidad. La foto tiene los tonos perfectos, tiene verde azul, morado, naranja,...Todo esta perfectamente combinando creando una imagen perfecta, tranquila, pero con mucha energía también.
Las nubes de esta fotografía son perfectas haciendo esas formas pintorescas, creando un ambiente perfecto. Si tuviera oportunidad de poner una casa con estas vistas lo haría. ¿Te imaginas llegar a casa después de un largo día de trabajo sentarte en el salón y ver esto? ¿Y bajar hasta el lago y construir un embarcadero para esos días de verano salir con tu pequeña barca haciendo esquí acuático ? ¿Te imaginas salir cada día a correr por este bosque tan perfecto, y oír a los pájaros cantar por la mañana? Sería perfecto ¿verdad?
Y la terraza, la terraza! Estaría perfecta puesta en estas vistas y en verano hacer allí las barbacoas, y fiestas también? Seria lo mejor del mundo verdad? Y compartiendo momentos en el lugar perfecto, con vistas perfectas, y sobre todo con las personas perfectas. Porque sin ninguna persona con la cual compartir estas vistas no merece vivir.
En fin, pero la vida no es perfecta, porque la perfección está llena de imperfecciones. La foto también tiene fallos, todo el mundo tiene, pero tienes que intentar conseguir eso que te propones, y yo digo que quiero estas vistas. Quiero levantarme por la mañana y ver una montañas y un lago con árboles gigantes por al lado, oír a los pajaros cantar y ver el sol salir lentamente mientras me tomo mi taza de chocolate caliente, en mi sofá de color crema hecho en Italia e importado para mí para que ese sea mi momento perfecto del día, porque ver esto relaja a una persona, el relax es importante y yo necesito mi momento, mi relax, mi perfección llena de imperfecciones.
¿Por qué que sería de la vida sin los fallos de las personas, y las imperfecciones de la naturaleza?
2017 Las bicicletas son para el verano
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miércoles, 21 de diciembre de 2011
Puesta de sol
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| Caterina Daiana Curutchet (2011): Puesta de sol |
-¿Cuánto tiempo llevamos aquí sentadas?
-Buufff… Desde las seis de la tarde. Y son las ocho y media.- Dije con voz quebrada, tras tanto rato sin hablar.
-Bueno, ya podríamos ir para casa, ¿no?
-Sí, lo mejor será que nos vayamos.
Nos pusimos de pie las cuatro, y abracé a mi hermana mayor. Cuando llegamos a la calle, me sacudí la arena y me puse las chanclas. Había sido una tarde mucho más larga de lo normal, y con diferencia.
Puesta de sol
¡Adiós sol!
Pues estaba yo en el puerto, observando la boya. Una bonita y simple boya verde chillón con una vara amarilla. Pero no era buen día, no picaban, parecía que los peces estuvieran echándose la siesta en sus refugios marinos. En un momento de mi empanación, me di cuenta del bello sol que se reflejaba en el agua. Un sol grande, con unos naranjas intensos y en el borde un rojo que se mezclaba con el cielo añil.
Levanté la cabeza para observar mejor aquel cuadro, que si te paras a pensar, cada día es de un autor diferente, cada día no es igual. De repente vi mi caña caer al agua y yo fui detrás.
-Chaval, agárrate a mi mano, venga, que está oscureciendo- me dijo un pescador, de pelo canoso y una espesa barba.
-Gra...gracias- dije entre mis esfuerzos de salir del agua.
-Tienes que tener más cuidado, algún día nadie estará para ayudarte- me dijo.
A lo tonto se había adentrado la noche y me tuve que volver a casa, todo empapado. Mientras volvía a casa me fije en la luna, todo lo contrario que el atardecer una brillante luna mezclada entre las nubes y un cielo azul oscuro, nada que ver con los colores pastel anaranjados del atardecer.
Al día siguiente, volví al mismo sitio, pero eso si, con mi cámara de fotos y mucho cuidado.
Solo quedamos tú, yo y nosotros.

El viento me golpea la cara y el pelo me nubla la vista. Estoy en la playa sentada en la arena observando cómo las olas empujan todo hacia mí, y después se lo llevan sin apenas reparo. Eso me hace sentir insignificante, pero allá, a lo lejos, unos tonos rojizos y anaranjados, protagonizan una de las más bellas escenas que te puedas imaginar. Una puesta de sol que pinta el cielo de tonos violetas y naranjas me hace olvidar lo que sería no uno de mis mejores días, seamos francos, el peor día que jamás he pasado y posiblemente pasaré. El intenso frío de una tarde de invierno se me cala por los huesos y la única chaqueta que llevo, no es capaz de protegerme del mundo a mí alrededor. El viento cada vez es más intenso y el sol va desapareciendo en el horizonte, detrás del mar, y, es en este momento, cuando siento su aliento en la nuca. Aquí esta él, para protegerme del mundo frío de mí alrededor, del que yo sola no puedo.
Luke estaba conmigo, en casa, cuando cogí el teléfono y me dieron la noticia que cambió mi vida. Luke estaba allí cuando salí corriendo sin decir a dónde ni por qué, porque no podía soportar que me viera de esa manera, justo después de que me dieran la noticia que cambiaría mi vida para siempre. Aunque de todos modos sabía que acabaría encontrándome, como siempre, sin importarle el motivo de mí marcha.
Y aquí estamos, en los últimos instantes de la puesta de sol. Él me abraza tan fuerte que casi me quedo sin respiración, pero no me importa. Lo único que quiero es llorar y que todo vuelva a la normalidad, aunque sé que eso no es posible, y por eso, entre sollozos le suplico a la única persona que me queda:
- Nunca me dejes, Luke. Nunca me dejes.
- Tranquila, nunca lo haré –me prometió observando como el último rayo de luz se apagaba.
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domingo, 18 de diciembre de 2011
AMANECE EN CAMBRILS
Igual que todos los días, cuando me dirigía a clase, me encontré con mi amigo Jordi que se dirigía a su barca, para salir a faenar.-¡Buenos días, Jordi!, ¿Al trabajo de todos los días?
-Sí, qué remedio, pero hoy tengo un mal presentimiento.
-¿Qué té ocurre? –le pregunté asustado.
-El color rojizo de estas nubes como castillos de naipes, me dan mala espina.
-No seas pájaro de mal agüero, seguro que no será nada.
-Ojala tengas razón. Bueno, Jaume, hasta mañana. Que tengas un buen día en el colegio.
-Gracias, Jordi. Hasta mañana.
Yo seguí mi camino, mientras observaba como los barcos de pesca desfilaban uno detrás de otro, como un ejército de hormigas, hacia la bocana del puerto y se dispersaban, por todo el mar.
Mientras me dirigía al colegio, fui observando cómo cuanto más subía el sol por encima del faro, las nubes, cogían formas más desafiantes.
Quizás sí que tenía razón el experimentado marinero. No pude evitar que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.
Durante el día empezó a llover abundantemente y a soplar un viento huracanado, que como aquel que dice había salido de la nada.
Cuando llegué a casa por la tarde, lo primero que me dijo mi madre, es que una de las barcas que por la mañana había salido a pescar, todavía no había regresado a puerto.
¿Será tal vez la barca en la que iba mi amigo matutino Jordi?
sábado, 17 de diciembre de 2011
Y así, fue como empezó la mejor etapa de mi vida...
-¿Iara?
Iara se cubría la cara con los brazos, secándose las lágrimas con las mangas del jersey, y aunque era verano, hacía frío. Me acerqué a ella. Estaba sentada en una roca. En el norte de la ciudad había esta playa secreta y muy poco frecuentada. Iara y sus amigas la descubrieron mientras jugaban al escondite. Siguiendo la carretera principal, hay un pequeño camino escondido entre árboles. Pasando el bosque, está la playa. Dos enormes rocas hacen de entrada. Es una playa muy pequeña, de menos de treinta metros, de arena suave y amarilla, con reflejos dorados. A los lados las dos enormes rocas la cubren hasta entrar en el mar y formar un majestuoso acantilado.
Iara se cubría la cara con los brazos, secándose las lágrimas con las mangas del jersey, y aunque era verano, hacía frío. Me acerqué a ella. Estaba sentada en una roca. En el norte de la ciudad había esta playa secreta y muy poco frecuentada. Iara y sus amigas la descubrieron mientras jugaban al escondite. Siguiendo la carretera principal, hay un pequeño camino escondido entre árboles. Pasando el bosque, está la playa. Dos enormes rocas hacen de entrada. Es una playa muy pequeña, de menos de treinta metros, de arena suave y amarilla, con reflejos dorados. A los lados las dos enormes rocas la cubren hasta entrar en el mar y formar un majestuoso acantilado.
Iara estaba sentada al lado de la única roca que sobresale de la arena, de un metro, apoyándose en ella. ¿Cómo describir el dolor que sentí al ver la persona de mi vida llorando de la peor forma que había visto nunca? Iara me miraba fijamente. Tenía frío. Ella también. Con la cara roja, sin maquillar, llorando, sollozando y diciéndome: “¿Qué esperas? Ríete de mí, no me importa” La quería. La quiero. Una lágrima resbaló por mi mejilla. Iara se quedó sorprendida. Me senté a su lado y la miré fijamente. En ese momento, el mar estaba devorando el sol y la luz se reflejaba en sus ojos. Parecían rubíes. De repente, todo el mundo dejó de tener sentido, el tiempo dejó de existir y mi cerebro solo recordaba tres palabras. Me acerqué a ella, susurré: “Eres mi vida”, Le cogí la mano, suave, y la besé. No sé cuánto tiempo estuvimos así, porque cuando me separé de ella ya no podía ver el brillo rojizo de sus ojos. Era de noche. Verla sonreír me pareció lo más bello del mundo. Y así, fue como empezó la mejor etapa de mi vida.
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domingo, 20 de marzo de 2011
Buscando un nuevo rey.

En la capital de la antigua Grecia, Atenas: el rey de Atenas, un hombre mayor y sin descendencia para ocupar su trono, llamó urgentemente a tres caballeros, Teseo, Anquilo y Rittoy. El rey buscaba un nuevo rey para Atenas, y puso tres pruebas que debían pasar los caballeros, la primera y más fácil, una prueba mental, la segunda era una prueba de fuerza y la tercera y por lo tanto más difícil, era una prueba de supervivencia.
Los tres caballeros, decididos, entraron en la sala, para superar la primera prueba. Era una especie de problema matemático. El problema era el siguiente:
Tenían todo el tiempo que quisieran para averiguarlo. Pero sin ayuda de nadie, ellos solos, cada uno por libre. Pensaron mucho, demasiado. Pero los tres escribieron con la ligera pluma en su papel la repuesta. Los tres casualmente la acertaron. La respuesta era:''En el interior de una habitación cerrada hay una bombilla y fuera de la habitación hay tres interruptores, sólo uno de ellos enciende la bombilla. Mientras la puerta esté cerrada puedes pulsar los interruptores las veces que quieras, pero al abrir la puerta hay que decir cuál de los tres interruptores enciende la bombilla.''
1. Encendemos dos interruptores durante un tiempo. (El tercero se deja apagado)
2. Apagamos uno de los dos interruptores encendidos.
3. Entramos en la habitación. Habrá una bombilla encendida y dos apagadas.
(La bombilla encendida es la del interruptor que está encendido)
4. Tocamos las dos apagadas, una estará caliente y otra fría
(La bombilla caliente es la del interruptor que encendimos y apagamos)
5. El interruptor que no he tocado corresponde a la bombilla fría
Los tres superaron la prueba, pasaron a la segunda. Debían luchar contra unos dragones que tenían encerrados. Pero esta prueba solo la superaron dos, Teseo y Rittoy. Anquilo murió en el intento.
La tercera prueba era pasar el laberinto antes de que anocheciera, evitando todos los peligros, que a medida que pasaban las horas iban aumentando.
La tercera prueba era pasar el laberinto antes de que anocheciera, evitando todos los peligros, que a medida que pasaban las horas iban aumentando.
Había dos laberintos idénticos, uno para cada caballero. Eran las diez de la mañana, los dos se metieron en su laberinto. En los laberintos había desde pequeños insectos hasta grandes monstruos, los que debían esquivar para continuar su camino. Las ocho de la tarde y no se sabía nada de ninguno. Ya empezó a oscurecer. Nadie sabía lo que estaba pasando allí dentro. Eran las once y media de la noche, llevaban más de doce horas allí. El rey desesperado por esperar se levantó y irse a dormir a su castillo, pero justo en ese momento entre los matorrales del laberinto de Teseo, apareció, él. Explicó su experiencia y su valentía, y fue nominado para el nuevo rey de Atenas. De Rittoy nunca se supo nada más.
lunes, 24 de enero de 2011
Los ojos del lobo

¿Dónde estoy? No recuerdo nada. Lo último que sé es que me distancié un poco del grupo de amigos con los que me encontraba. Me duele mucho la cabeza, siento mareos. Oigo vagamente la conversación de dos personas. No sé identificar lo que dicen. Solo oigo voces pero no puedo diferenciar lo que están diciendo. Veo borroso pero puedo distinguir a una persona sola. Debe de estar hablando por teléfono. Tengo las manos atadas, al igual que los pies. El miedo y la inquietud se van apoderando de mi cuerpo. No lo puedo aguantar y me pongo a chillar, aunque tengo una cinta en la boca, hago lo que puedo para pedir ayuda. De repente el coche se para. Es de noche y no logro distinguir dónde estamos. Vuelvo a perder el conocimiento. Durante el tiempo que he estado inconsciente, me ha pasado la vida por delante, tal y como dicen en las películas. Es una situación real, que el cerebro debe desarrollar cuando te encuentras en peligro inminente. He experimentado vivencias antiguas, de cuando era pequeña. También he sentido el amor y el cariño con el que viví esos recuerdos. He sentido nostalgia, dolor, pero no un dolor como el que sientes como cuando te haces una herida cuando eres pequeño y tu madre te coge en brazos y te consuela. Este miedo no era así. Era una sensación de inseguridad, de poder perder todo cuanto tienes en un abrir y cerrar de ojos, de no poder ver nunca más a esas personas que acabas de ver en tus recuerdos y a muchas otras que están aún por conocer, y que puede que no las llegues a hacer por culpa de un psicópata que no tiene otra cosa que hacer que secuestrar a niñas indefensas. Es una sensación que te recorre todo el cuerpo. Me cayó una lágrima por la mejilla. Aunque seguía inconsciente, mis sentimientos no lo estaban. Seguía recordando tantas cosas vividas y mi sensación de miedo y de inseguridad que nadie puede consolar en estos momentos va aumentando hasta que de repente despierto. Hay un hombre observándome y riéndose. Es una risa repugnante, que transmite inseguridad. Me habla, pero no entiendo lo que dice, como si estuviera hablando en otro idioma, solo que la que no le entiendo soy yo. Oigo distorsionado. Pienso a dónde me llevará, que hará conmigo. Pienso también en todas las películas que he visto en las que secuestran a chicas, que las maltratan las cortan con cuchillas mientras ellas gritan de dolor, también me acuerdo de algunas películas en la que las violan, y todo esto me lo estoy imaginando en mis carnes. Nunca me caracterizó el optimismo. No solo ha pasado en películas, sino que también en la realidad, ha habido chicas como yo, pensando lo mismo que yo o incluso viviéndolo. Un escalofrío me recorre el cuerpo. Todo esto sucede mientras el hombre me mira y se ríe, como lleva haciendo los últimos 5 minutos. En estos instantes es demasiado todo lo que me pasa por la cabeza. Nunca pensé que tantas cosas pasaran por la cabeza. Pensaba que era un mito. De repente el hombre me coge como si fuera un saco de patatas, y me lleva, de noche lejos del coche y lejos de que alguien me pueda encontrar. Y esto es solo la primera parte de todo lo que está a punto de sucederme.
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viernes, 21 de enero de 2011
3 argumentos para no ser xenófobo.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Separación de Australia.

Hace 150-140 millones de años, África, Sudamérica, India y Antártida/Australia todavía estaban juntas en un continente llamado Gondwana. Estos actuales continentes, se fueron separando al largo de miles de años. Antártida y Australia seguían juntos como un mismo continente después de 40 millones de años. Después de tantos años, Australia se fue separando de Antártida, y a causa de los movimientos tectónicos, fue subiendo hasta colocarse en el actual sitio donde se encuentra.
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miércoles, 13 de octubre de 2010
Un viaje a EE.UU

UN VIAJE A ESTADOS UNIDOS
Estaba deseando que llegara ese día. Por fin iba a poder realizar el viaje que desde pequeña quise hacer. Hacía un mes que tenía las maletas preparadas el iPod cargado, el portátil guardado, los libros en la bolsa de mano y algunos dólares. Era el viaje de mis sueños y no iba a dejar que nada lo estropeara en el último momento.
Por fin llegó el día. En cuanto salí del trabajo, fui a buscar a mi amigo Fernando a su casa y a Caro a la suya. Dejamos el coche aparcado en el parquin de Caro y llamamos a un taxi para que nos llevara al aeropuerto. Cargamos las maletas en el maletero y nos dirigimos muy emocionados al aeropuerto. Una vez allí pasamos las bolsas y maletas por aquellas cintas con rayos X. Con las maletas factu
radas, el bolso pequeño en el brazo y los nervios de punta subimos al avión. Una vez aposentados, la azafata nos izo la demostración esa que hacen siempre en los vuelos, en la cual te enseñan las salidas de emergencia, por donde caen las mascarillas y como ponerlas en caso de turbulencias. Nos abrochamos el cinturón, nos cogimos los tres de la mano y el avión empezó a despegar. Teniendo en cuenta que era la primera vez que subía en un avión, creo que lo llevé bastante bien. Durante el vuelo hubo ratos en que jugábamos a cartas, ratos en los que me ponía los cascos y escuchaba música, otro en los que leía… Fueron las dos horas más cortas de mi vida, ya que entre la emoción del viaje, las risas que nos echábamos viendo cómo a la gente que dormía le caía la baba, la gente que se ponía histérica y gritaba como posesos que nos íbamos a estrellar y se montaban conspiraciones absurdas mientras las azafatas intentaban reducirlos y calmarlos… en fin, que lo pasamos muy bien y solo era el principio de nuestro espectacular viaje.
Al cabo de esas dos horas las azafatas nos despertaron y bajamos a hacer transbordo en la gris Inglaterra. Estiramos las piernas y nos dimos un paseo por la terminal de Londres. De repente nos encontramos con un hombre que nos gritaba en inglés súper nervioso y muy rápido. Le conseguimos tranquilizar y nos habló más tranquilo y sin llorar ni gritar. Estábamos muy preocupados. Se ve que era un hombre con un problema que le hacía tener unos 8 años mentales. Su preocupación se debía a que se le había perdido la bolsa de chuches. Así que le acompañamos a una tienda de chuches del aeropuerto y le compramos su bolsita con cuatro chuches. Se fue más feliz que una perdiz.
Cuando nos recuperamos de esa experiencia tan… insólita, volvimos a subir al avión. Repitieron la demostración de las azafatas, y el avión despegó. Este trayecto fue bastante más largo, duró 11 horas. Después de pasar casi medio día encerrados en el avión, aterrizamos en Nueva York, por fin estábamos en Nuevo York.
radas, el bolso pequeño en el brazo y los nervios de punta subimos al avión. Una vez aposentados, la azafata nos izo la demostración esa que hacen siempre en los vuelos, en la cual te enseñan las salidas de emergencia, por donde caen las mascarillas y como ponerlas en caso de turbulencias. Nos abrochamos el cinturón, nos cogimos los tres de la mano y el avión empezó a despegar. Teniendo en cuenta que era la primera vez que subía en un avión, creo que lo llevé bastante bien. Durante el vuelo hubo ratos en que jugábamos a cartas, ratos en los que me ponía los cascos y escuchaba música, otro en los que leía… Fueron las dos horas más cortas de mi vida, ya que entre la emoción del viaje, las risas que nos echábamos viendo cómo a la gente que dormía le caía la baba, la gente que se ponía histérica y gritaba como posesos que nos íbamos a estrellar y se montaban conspiraciones absurdas mientras las azafatas intentaban reducirlos y calmarlos… en fin, que lo pasamos muy bien y solo era el principio de nuestro espectacular viaje.Al cabo de esas dos horas las azafatas nos despertaron y bajamos a hacer transbordo en la gris Inglaterra. Estiramos las piernas y nos dimos un paseo por la terminal de Londres. De repente nos encontramos con un hombre que nos gritaba en inglés súper nervioso y muy rápido. Le conseguimos tranquilizar y nos habló más tranquilo y sin llorar ni gritar. Estábamos muy preocupados. Se ve que era un hombre con un problema que le hacía tener unos 8 años mentales. Su preocupación se debía a que se le había perdido la bolsa de chuches. Así que le acompañamos a una tienda de chuches del aeropuerto y le compramos su bolsita con cuatro chuches. Se fue más feliz que una perdiz.
Cuando nos recuperamos de esa experiencia tan… insólita, volvimos a subir al avión. Repitieron la demostración de las azafatas, y el avión despegó. Este trayecto fue bastante más largo, duró 11 horas. Después de pasar casi medio día encerrados en el avión, aterrizamos en Nueva York, por fin estábamos en Nuevo York.
Después de dejar las maletas en el hotel que reservamos en el centro de la ciuda
d, nos fuimos a contemplar la ciudad con esos rascacielos y ese ambiente de gran ciudad que dan las coches para arriba y para abajo. Decidimos hacer una visita al Empire State Building, ya que en una serie de televisión que solíamos ver por las tardes cuando quedamos, Como conocí a vuestra madre, una de los protagonistas dijo que era un edificio que todo el mundo que estuviera en Nueva York tenía que visitar. Después de la visita guiada, en la que aprovechamos para aplicar los conocimientos de inglés que habíamos aprendido durante unos meses antes del viaje, fuimos a ver la estatua de la libertad. Es una mujer gigantesca con una antorcha en la mano. Es mucho más impresionante en vivo y directo que por la tele. Es de un color verdoso por el material del cual está hecha, cobre y acero. Solamente desde la antorcha hasta la base tiene 46,05m. Pudimos subir a la cabeza del símbolo de la libertad de los EE.UU. Se ve todo el océano atlántico. Es precioso. Una vez vistos todos estos signos tan significativos y de haber paseado por esas calles tan soñadas y pasear por tiendas y esos típicos centros comerciales estadounidenses, volvimos a nuestras respectivas habitaciones conectadas por una puerta. Después de un rato descansando en el hotel, y de arreglarnos, fuimos a cenar al restaurante del hotel mismo. Durante la cena comentamos el día tan ajetreado, pero estupendo que habíamos tenido. Una hora después, caos, caímos rendidos en la cama que nos esperaba en la habitación.
¡¡Riiiiiing!! Suena el despertador. Fui la primera en despertarme, así que desperté a Fernando. Una vez levantados fuimos a llamar a Caro. Estaba roque pero al final cedió. Nos fuimos duchando y arreglando. Bajamos a desayunar al comedor del hotel. Fernando y Caro tomaron un café con leche mientras que yo me tome mi leche con Cola-Cao. Después de desayunar cogimos un tren y nos fuimos al famoso Hollywood . Durante el viaje en el tren, vimos ese cartel gigante de letras blancas en el que pone Hollywood. Parece de película. Una vez llegamos allí, fuimos directos al paseo de las estrellas. Caminando por las calles de Hollywood, nos perdimos. ¡Éramos novatos! Después de preguntar la dirección que debíamos tomar a algunos habitantes de Hollywood, llegamos al famoso paseo de las estrellas. Estaba lleno de eminencias como Paul Newman, Los Simpsons, Jonas Brothers… De repente llegamos a un sitio abarrotado de turistas y nativos que se apelotonaban para poder hacerse fotos con las estrellas más famosas de todo el paseo de la fama. En cuanto nos hicimos un hueco entre esa gente tan desesperada, conseguimos ver esas estrellas.
- ¡Uaau! ¡Qué chulas son estas estrellas! ¡Normal que haya tanta gente! –dijo Caro
- ¡Mira, mira! La de Michael Jackson –exclamé
- Y aquí está la de Marilyn Monroe. ¡Y la de Elvis Presley! Son distintas a las demás. –se sorprendió Fernando
- ¿Can you do it a photo to us? –le pregunté a un turista
- ¡Of course! –nos contestó
Así que le dejamos la cámara y nos hizo una foto a los tres en las respectivas estrellas de Marilyn, Elvis, Michael…
Ya eran las dos de la tarde. Se nos pasó volando la mañana visitando Hollywood. Comimos en un restaurante típico de los EE.UU., uno de comida rápida. Después de la “lujosa” comida, fuimos a investigar la ciudad. Caminando, llegamos a un rodaje de esos que salen en la tele, creo que era Sexo en Nueva York. Nos asomamos por la valla de seguridad, nos pareció divisar a Sarah Jessica Parker, pero la verdad es que podía ser Sarah como podía ser Kim Cattral, pero bueno, nos hizo ilusión creer que era Jessica, hasta que el guarda de seguridad nos echó del sitio donde nos habíamos colado. Fue bonito mientras duró. Nos dimos un paseo por la orilla de la playa de Hollywood mientras anochecía. Fue precioso.
Después del paseo, volvimos a coger un tren para ir a Los Ángeles. Esta vez sí que fuimos a un restaurante elegante. No nos hizo falta pasar por el hotel de Nueva York ya que estábamos listos desde que fuimos a Hollywood, por lo que pudiésemos encontrar. Cenamos en Chasen’s and Spago. Se ve que era un restaurante muy frecuentado por estrellas de Hollywood. Era una pizzería bastante buena. Los tres probamos las pizzas de ese restaurante. Muy buenas, la verdad. Al acabar de cenar, nuestra cartera común se resintió, pero valió la pena. Fuimos a ver el ambiente que tenía Los Ángeles de noche. ¡Era muy bonito! Las calles estaban todas iluminadas, y muchos bares tenían noches temáticas. En uno en el que entramos, el tema eran los sesenta. Había gente con pelo afro vestidos como Elvis Presley, chicas vestidas como Marilyn Monroe… ¡fue fantástico! Después de pasar por unos cuantos bares, llamamos a un taxi de esos amarillos y negros tan típicos de los EE.UU. En cuanto vino, nos llevó al hotel de Nueva York. Cuando llegamos, subimos a las habitaciones y caímos derrotados en nuestras camas.
Llegó el último día. Se nos acababa el chollo. Esa misma tarde, teníamos que coger un avión y volver a Barcelona, así que decidimos aprovechar esa mañana al tope. Al final llegamos al acuerdo de ir a ver un partido de beisbol de esos en los que las bolas van tan altas que hasta les pierdes la vista. Después de arreglarnos y de dejar la habitación del hotel más o menos arreglada, salimos y nos encontramos con Caro en el hall del hotel. Salimos a la calle y fuimos caminando ya que estaba cerca del hotel y así disfrutábamos del buen día del que disponíamos. Durante el camino vimos varias tiendas de Channel aunque estaban fuera de nuestro alcance, nos
dimos el gusto de entrar y dar la impresión de ricachones. Cuando llegamos al estadio, nos sentamos en nuestros respectivos asientos. El partido comenzó y los vendedores de perritos calientes, pasaron con los carritos por nuestra grada. ‘Fer’ se levantó y nos compró uno a cada uno. Fue el primer partido de beisbol que vi. Fue muy emocionante. En uno de los strikes que hicieron, la pelota cayó sobre mi falda. ¡Tuve mucha suerte! Desde pequeña que había querido tener una pelota y un guante de beisbol, firmados, aunque tanto no se podía pedir. Al salir del estadio, me compré una cosa que siempre había querido tener, una camiseta de esas de beisbol que son blancas y tienen rayas finitas en color rojo. Con trece años siempre había querido tener una, pero como no pudimos ir a Estados Unidos, y quería ser yo la que la comprara y no por encargo, ahora era mi momento para hacerlo. ‘Fer’ también se compró una, para ir iguales. Al salir de la tienda de suvenires, nos encontramos a Hughes, un jugador de los NY Yankees. Con mi camiseta en una mano, y la pelota en la otra, le pedí que si me las podía firmar. El aceptó encantado y además de hacernos también una foto, me regaló su guante con el que acababa de jugar. ¡Fue estupendo! Después de unos minutos sin creérmelo y en estado de “shock” ‘Fer’ y Caro me dieron unos golpecitos en la espalda y me dijeron que nos teníamos que ir que habían llamado a un taxi y que volvíamos al hotel.
- ¡Alba! ¡Corre que le taxi ya está aquí! –Me avisó ‘Fer’
- Voy, voy.
Resulta que el taxista era un español, que vivía en EE.UU y que estaba trabajando de taxista. Al darnos cuenta, le explicamos lo que nos había pasado en el estadio y nos explicó que fuimos muy afortunados porqué casi nunca se dejan ver los jugadores de los NY Yankees, más que nada por cuestiones de seguridad. Le dijimos que ese era nuestro último día en tierras americanas. Nos deseó buena suerte en nuestro trayecto y ¡nos dio unos billetes de avión a EE.UU. que le regalaban en la compañía! Desde ese día que nos acordamos del taxista español. Nos dejó en el hotel y cuando subimos a la habitación, empezamos a hacer las maletas. Pusimos los móviles y el iPod a cargar. Guardamos el portátil y encendimos la mini cadena que había en la habitación y pusimos algunos CD que compramos allí. Mientras hacíamos las maletas, nos dimos cuenta que casi que no nos cabían las cosas, ya que como habíamos comprado tantos recuerdos… Cuando conseguimos cerrar las maletas, empezamos a arreglar las habitaciones, para que las señoras de la limpieza no tuvieran trabajar extra por nuestra culpa. Cuando bajamos las maletas y las metimos en un taxi, nos fuimos hacia el aeropuerto de nuevo. Una vez allí, comimos en un bocata en un pans & company cerca de nuestro avión. Una hora antes de que el avión despegara, fuimos a facturar nuestras maletas y a pasarlas por la cinta esa de rayos X.
Cuando subimos al avión, volvimos a pasar el mismo protocolo que la vez anterior: la demostración de las azafatas, el transbordo en Inglaterra… Esta vez no nos encontramos con ningún improvisto como el del señor aquel que nos encontramos en el viaje de ida.
Después de las dos horas que nos quedaban, llegamos de nuevo al aeropuerto de Barcelona. Cogimos un taxi que nos llevó a casa de Caro, donde cogimos el coche de su garaje. Cogió sus maletas del taxi y cuando subió a su casa nos fuimos Fer y yo en el coche. Dejé a ‘Fer’ en su casa. Durante el camino, estuvimos hablando del fantástico viaje del que habíamos disfrutado. En cuanto subió a su piso, me fui yo hacía el mío. Cuando llegué, descargué las maletas, me tiré al sofá y quedé rendida para toda la tarde.
Fue el mejor viaje que me pude echar a la cara.
Al cabo de unos meses, decidimos volver, ya que teníamos esos billetes que nos regaló el generoso taxista español.
d, nos fuimos a contemplar la ciudad con esos rascacielos y ese ambiente de gran ciudad que dan las coches para arriba y para abajo. Decidimos hacer una visita al Empire State Building, ya que en una serie de televisión que solíamos ver por las tardes cuando quedamos, Como conocí a vuestra madre, una de los protagonistas dijo que era un edificio que todo el mundo que estuviera en Nueva York tenía que visitar. Después de la visita guiada, en la que aprovechamos para aplicar los conocimientos de inglés que habíamos aprendido durante unos meses antes del viaje, fuimos a ver la estatua de la libertad. Es una mujer gigantesca con una antorcha en la mano. Es mucho más impresionante en vivo y directo que por la tele. Es de un color verdoso por el material del cual está hecha, cobre y acero. Solamente desde la antorcha hasta la base tiene 46,05m. Pudimos subir a la cabeza del símbolo de la libertad de los EE.UU. Se ve todo el océano atlántico. Es precioso. Una vez vistos todos estos signos tan significativos y de haber paseado por esas calles tan soñadas y pasear por tiendas y esos típicos centros comerciales estadounidenses, volvimos a nuestras respectivas habitaciones conectadas por una puerta. Después de un rato descansando en el hotel, y de arreglarnos, fuimos a cenar al restaurante del hotel mismo. Durante la cena comentamos el día tan ajetreado, pero estupendo que habíamos tenido. Una hora después, caos, caímos rendidos en la cama que nos esperaba en la habitación.¡¡Riiiiiing!! Suena el despertador. Fui la primera en despertarme, así que desperté a Fernando. Una vez levantados fuimos a llamar a Caro. Estaba roque pero al final cedió. Nos fuimos duchando y arreglando. Bajamos a desayunar al comedor del hotel. Fernando y Caro tomaron un café con leche mientras que yo me tome mi leche con Cola-Cao. Después de desayunar cogimos un tren y nos fuimos al famoso Hollywood . Durante el viaje en el tren, vimos ese cartel gigante de letras blancas en el que pone Hollywood. Parece de película. Una vez llegamos allí, fuimos directos al paseo de las estrellas. Caminando por las calles de Hollywood, nos perdimos. ¡Éramos novatos! Después de preguntar la dirección que debíamos tomar a algunos habitantes de Hollywood, llegamos al famoso paseo de las estrellas. Estaba lleno de eminencias como Paul Newman, Los Simpsons, Jonas Brothers… De repente llegamos a un sitio abarrotado de turistas y nativos que se apelotonaban para poder hacerse fotos con las estrellas más famosas de todo el paseo de la fama. En cuanto nos hicimos un hueco entre esa gente tan desesperada, conseguimos ver esas estrellas.
- ¡Uaau! ¡Qué chulas son estas estrellas! ¡Normal que haya tanta gente! –dijo Caro
- ¡Mira, mira! La de Michael Jackson –exclamé
- Y aquí está la de Marilyn Monroe. ¡Y la de Elvis Presley! Son distintas a las demás. –se sorprendió Fernando
- ¿Can you do it a photo to us? –le pregunté a un turista
- ¡Of course! –nos contestó
Así que le dejamos la cámara y nos hizo una foto a los tres en las respectivas estrellas de Marilyn, Elvis, Michael…
Ya eran las dos de la tarde. Se nos pasó volando la mañana visitando Hollywood. Comimos en un restaurante típico de los EE.UU., uno de comida rápida. Después de la “lujosa” comida, fuimos a investigar la ciudad. Caminando, llegamos a un rodaje de esos que salen en la tele, creo que era Sexo en Nueva York. Nos asomamos por la valla de seguridad, nos pareció divisar a Sarah Jessica Parker, pero la verdad es que podía ser Sarah como podía ser Kim Cattral, pero bueno, nos hizo ilusión creer que era Jessica, hasta que el guarda de seguridad nos echó del sitio donde nos habíamos colado. Fue bonito mientras duró. Nos dimos un paseo por la orilla de la playa de Hollywood mientras anochecía. Fue precioso.
Después del paseo, volvimos a coger un tren para ir a Los Ángeles. Esta vez sí que fuimos a un restaurante elegante. No nos hizo falta pasar por el hotel de Nueva York ya que estábamos listos desde que fuimos a Hollywood, por lo que pudiésemos encontrar. Cenamos en Chasen’s and Spago. Se ve que era un restaurante muy frecuentado por estrellas de Hollywood. Era una pizzería bastante buena. Los tres probamos las pizzas de ese restaurante. Muy buenas, la verdad. Al acabar de cenar, nuestra cartera común se resintió, pero valió la pena. Fuimos a ver el ambiente que tenía Los Ángeles de noche. ¡Era muy bonito! Las calles estaban todas iluminadas, y muchos bares tenían noches temáticas. En uno en el que entramos, el tema eran los sesenta. Había gente con pelo afro vestidos como Elvis Presley, chicas vestidas como Marilyn Monroe… ¡fue fantástico! Después de pasar por unos cuantos bares, llamamos a un taxi de esos amarillos y negros tan típicos de los EE.UU. En cuanto vino, nos llevó al hotel de Nueva York. Cuando llegamos, subimos a las habitaciones y caímos derrotados en nuestras camas.Llegó el último día. Se nos acababa el chollo. Esa misma tarde, teníamos que coger un avión y volver a Barcelona, así que decidimos aprovechar esa mañana al tope. Al final llegamos al acuerdo de ir a ver un partido de beisbol de esos en los que las bolas van tan altas que hasta les pierdes la vista. Después de arreglarnos y de dejar la habitación del hotel más o menos arreglada, salimos y nos encontramos con Caro en el hall del hotel. Salimos a la calle y fuimos caminando ya que estaba cerca del hotel y así disfrutábamos del buen día del que disponíamos. Durante el camino vimos varias tiendas de Channel aunque estaban fuera de nuestro alcance, nos
dimos el gusto de entrar y dar la impresión de ricachones. Cuando llegamos al estadio, nos sentamos en nuestros respectivos asientos. El partido comenzó y los vendedores de perritos calientes, pasaron con los carritos por nuestra grada. ‘Fer’ se levantó y nos compró uno a cada uno. Fue el primer partido de beisbol que vi. Fue muy emocionante. En uno de los strikes que hicieron, la pelota cayó sobre mi falda. ¡Tuve mucha suerte! Desde pequeña que había querido tener una pelota y un guante de beisbol, firmados, aunque tanto no se podía pedir. Al salir del estadio, me compré una cosa que siempre había querido tener, una camiseta de esas de beisbol que son blancas y tienen rayas finitas en color rojo. Con trece años siempre había querido tener una, pero como no pudimos ir a Estados Unidos, y quería ser yo la que la comprara y no por encargo, ahora era mi momento para hacerlo. ‘Fer’ también se compró una, para ir iguales. Al salir de la tienda de suvenires, nos encontramos a Hughes, un jugador de los NY Yankees. Con mi camiseta en una mano, y la pelota en la otra, le pedí que si me las podía firmar. El aceptó encantado y además de hacernos también una foto, me regaló su guante con el que acababa de jugar. ¡Fue estupendo! Después de unos minutos sin creérmelo y en estado de “shock” ‘Fer’ y Caro me dieron unos golpecitos en la espalda y me dijeron que nos teníamos que ir que habían llamado a un taxi y que volvíamos al hotel.- ¡Alba! ¡Corre que le taxi ya está aquí! –Me avisó ‘Fer’
- Voy, voy.
Resulta que el taxista era un español, que vivía en EE.UU y que estaba trabajando de taxista. Al darnos cuenta, le explicamos lo que nos había pasado en el estadio y nos explicó que fuimos muy afortunados porqué casi nunca se dejan ver los jugadores de los NY Yankees, más que nada por cuestiones de seguridad. Le dijimos que ese era nuestro último día en tierras americanas. Nos deseó buena suerte en nuestro trayecto y ¡nos dio unos billetes de avión a EE.UU. que le regalaban en la compañía! Desde ese día que nos acordamos del taxista español. Nos dejó en el hotel y cuando subimos a la habitación, empezamos a hacer las maletas. Pusimos los móviles y el iPod a cargar. Guardamos el portátil y encendimos la mini cadena que había en la habitación y pusimos algunos CD que compramos allí. Mientras hacíamos las maletas, nos dimos cuenta que casi que no nos cabían las cosas, ya que como habíamos comprado tantos recuerdos… Cuando conseguimos cerrar las maletas, empezamos a arreglar las habitaciones, para que las señoras de la limpieza no tuvieran trabajar extra por nuestra culpa. Cuando bajamos las maletas y las metimos en un taxi, nos fuimos hacia el aeropuerto de nuevo. Una vez allí, comimos en un bocata en un pans & company cerca de nuestro avión. Una hora antes de que el avión despegara, fuimos a facturar nuestras maletas y a pasarlas por la cinta esa de rayos X.
Cuando subimos al avión, volvimos a pasar el mismo protocolo que la vez anterior: la demostración de las azafatas, el transbordo en Inglaterra… Esta vez no nos encontramos con ningún improvisto como el del señor aquel que nos encontramos en el viaje de ida.
Después de las dos horas que nos quedaban, llegamos de nuevo al aeropuerto de Barcelona. Cogimos un taxi que nos llevó a casa de Caro, donde cogimos el coche de su garaje. Cogió sus maletas del taxi y cuando subió a su casa nos fuimos Fer y yo en el coche. Dejé a ‘Fer’ en su casa. Durante el camino, estuvimos hablando del fantástico viaje del que habíamos disfrutado. En cuanto subió a su piso, me fui yo hacía el mío. Cuando llegué, descargué las maletas, me tiré al sofá y quedé rendida para toda la tarde.Fue el mejor viaje que me pude echar a la cara.
Al cabo de unos meses, decidimos volver, ya que teníamos esos billetes que nos regaló el generoso taxista español.
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