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2017 Naturalezas muertas
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lunes, 15 de mayo de 2017
miércoles, 1 de febrero de 2017
Cervantes y laleyenda de don quijote. Aspetos relevantes
a) Biografia de Cervantes
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547. Tuvo una existencia colmada de aventuras y percances: participó en la batalla de Lepanto, que le dejó imposibilitado de la mano izquierda; padeció cautiverio en Argel; se estableció en Sevilla como recaudador de impuestos, y la quiebra del banco donde guardaba las recaudaciones le llevó a pasar tres meses en la cárcel. Finalmente volvió a Madrid, donde murió en 1616. Cervantes es una figura cumbre de la literatura universal. Su obra maestra, el Quijote, se ha traducido a todas las lenguas de cultura. Cervantes compuso comedias (Los tratos de Argel o Los baños de Argel), entremeses, una tragedia (La Numancia), una novela pastoril (La Galatea), una novela de aventuras o bizantina (Los trabajos de Persiles y Sigismunda), doce novelas cortas (como La gitanilla o El licenciado Vidriera, etc) y su obra maestra El Quijote, una alusión a los libros de caballerías.domingo, 20 de noviembre de 2016
jueves, 17 de noviembre de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
Memorias de un amor perdido
En este ENLACE se encuentra el texto narrativo del tercer acto de La Casa de Bernarda Alba
lunes, 23 de mayo de 2016
Acto 1º en Narración
La casa de Bernarda Alba
Allí se encontraban la criada y Poncia, las dos encargadas de los oficios de la casa de Bernarda, en un verano fatigante sentadas en medio de una habitación de paredes gruesas y blancas.
El retoque de las campanas era incesante y retumbaba en la cabeza de las dos criadas. Poncia, de mientras, le comentaba a la criada cómo había ido el inicio de la misa. Los curas de todos los pueblos se habían acercado para el funeral del esposo de Bernarda y Magdalena, la segunda hija de Bernarda, se había desmayado al verse tan sola con la muerte de su padre.
Las dos comentan la maldad de la ama y roban un poco de comida, ya que Bernarda les hace pasar hambre.
De repente, escuchan los gritos de la abuela que esta encerrada en la habitación a causa de su locura. Por su parte, las criadas trataban de dar los últimos retoques a la casa para que todo estuviera reluciente cuando la multitud llegase. Bernarda hubiera matado a las dos muchachas si había algún imperfecto.
Mientras aseaban y se dejaban la piel fregando y procurando que todo estaba en su sitio, Poncia seguía con sus maldiciones hacia su ama. Le comentaba a la criada que habían venido los parientes de Bernarda pero no los del difunto; ya que ninguno la soportaba.
Poncia se quejaba de haber pasado treinta años al servicio de Bernarda, con noches en vela si ella estaba enferma o aguantando su mal genio y, sin embargo, no recibir ningún agradecimiento por parte del ama. Sigue con su cháchara vanagloriándose de su fidelidad tal que un perro obediente. Pero dice que un día se hartará y se encerrará con ella para escupirla todo un año por cada mala pasada que le ha hecho y se burla por la suerte que le queda a ella y a sus cinco hijas: todas feas y, exceptuando a la mayor, Angustias, que tiene dinero al ser hija del primer marido, todas se quedarán con una mano y otra delante.
Suena el último responso y Poncia decide ir a escucharlo por la gran voz del cura para cantarlo.
La criada se queda sola y va cantando al ritmo de las campanadas cuando, repentinamente, ve a la mendiga pedir las sobras. La criada responde con irritación que las sobras serán para ella. La echa de allí encolerizada y sigue con su labor. En su soliloquio se lamente del difunto mientras recuerda los momentos que pasaba con él sin que Bernarda se enterase.
Entra el gentío en la casa, las cinco hijas y, por último, Bernarda que da voces a la criada y se queja de que aún hay cosas sucias.
Bernarda menosprecia a los pobres y se ve reprendida por algunas mujeres a quienes manda callar al igual que a Magdalena que está sumergida en llantos.
Bernarda pide limonada y ordena que los hombres no pasen por donde están las mujeres.
Las mujeres van platicando sobre algunos sucesos en la iglesia y sobre los hombres y Bernarda las reprende diciendo que no deben mirar más que al cura. Sin más dilación, Bernarda procede a las plegarias y todas responden las debidas palabras para continuar con la oración.
Los hombres le regalan una bolsa con dinero a Bernarda y todos se van yendo de su casa. Ella apresura a todo el mundo y maldice esperando que no vuelvan a pasar el arco de su puerta en mucho tiempo. Amelia le pide que no hable así y Bernarda responde con altanería quejándose del pueblo y de la gente que en él vive.
Poncia se lamenta de cómo ha quedado la casa después de la visita y Bernarda la corrobora. Pide un abanico y Adela le da uno colorido. Por esta acción se lleva una reprimenda por parte de su madre y pide que le den uno negro y que respete el luto de su padre. Martirio le ofrece el suyo y dice que no tiene calor cuando Bernarda le recomienda que se busque otro, ya que en ocho años que durará el luto no sentirán el viento de la calle al igual que pasó en casa del abuelo y del padre de Bernarda. Después, les dice a sus hijas que comiencen a tejer el ajuar.
Magdalena se muestra indiferente ante este hecho, pues está segura de que no se casará y maldice su condición de mujer.
Bernarda, impertérrita, dice que se hará lo que ella diga cuando, de repente, la voz de su madre retumba en quejidos pidiendo que la dejaran salir. Bernarda accede y dice que la lleven al patio a tomar el aire y que se desahogue.
La criada le advierte de que la vieja se ha puesto sus joyas y dice que se quiere casar. Al sentir esto, las chicas se ríen. Bernarda le pide a la criada que vigile a su madre y que no se acerque al pozo, no porque se pueda hacer daño, sino para evitar que las vecinas la vean.
Al ver que Angustias no está, Bernarda, furiosa, la va a buscar y le pide explicaciones de a quién miraba y por qué desde el portón. Angustias dice que a nadie y su madre la sermonea mientras le pega. Poncia le pide que se calme y Bernarda manda irse a todas.
Poncia se queda con Bernarda y le comenta lo que estaban hablando los hombres: estaban hablando sobre Paca la Roseta y que a su marido lo ataron en un pesebre mientras a ella se la llevaron hasta lo alto del olivar con los pechos al aire mientras Maximiliano la tocaba tal que a una guitarra. Cuenta que la mujer llegó al día siguiente con el pelo suelto y una corona de flores. Bernarda sentencia que es la única mujer mala y Poncia le dice que es por el hecho de que es fuera de aquí, al igual que los hombres que fueron con ella, que son hijos de forasteros.
Poncia añade que los hombres decían muchas más cosas y que le da vergüenza repetirlas y que Angustias las estaba oyendo. Bernarda se queja y dice que salió a sus tías que eran mojigatas pero se sonrojaban con el piropo de cualquiera. Poncia la excusa diciendo que ya tiene 39 años y nunca ha conocido varón, al igual que las otras cuatro que ya son mayorcitas y están en edad de merecer. Bernarda, en cambio, dice que no les hace falta tener ningún novio; no hay hombre en cien leguas que sean merecedores de ellas. Las dos mujeres discuten y Bernarda sentencia que no se tienen confianza y que solo está allí para servirla.
Amelia y Martirio hablan donde antes hablaban las dos mujeres grandes y Martirio se muestra triste, desesperanzada y sin ánimo; Amelia trata de animarla. Van comentando cosas al azar hasta que llegan a hablar de Enrique Humanas, un hombre que estuvo detrás de Martirio y la dejó plantada una vez que se tendrían que haber visto; lo que no sabe, es que Bernarda mandó recado a Enrique Humanas que ni se atreviera a pisar sus tierras.
En cuanto entra Magdalena, cambian de tema y se quejan del tiempo pasado, donde eran mucho más felices y las cosas eran muy diferentes.
Magdalena cuenta que Adela se ha puesto un vestido verde que se hizo para su cumpleaños y en el corral les decía a las gallinas que la mirasen mientras ella no se pudo contener la risa. Amelia pensaba en las consecuencias si su madre la hubiera visto. Magdalena se lamenta por Adela, que es la menor y quiere verla feliz.
Cambian de tema y se preguntan por la hora. De pronto, empiezan a hablar sobre Angustias y de que Pepe el Romano viene a pedir su mano. Amelia y, sobre todo, Martirio fingen una falsa alegría por su hermana. Magdalena, por su parte, admite que se lamenta porque Pepe solo busca a Angustias por su dinero y no a ella como mujer ya que es la más fea de todas y se hace cada vez más vieja y enfermiza; cosa que corrobora Amelia.
Entra Adela y le advierten de que si su madre la ve le arrancará los pelos. Halagan cómo le queda el vestido y le recomiendan que lo tiña de negro o que se lo regale a Angustias para la boda con Pepe; con esto, Adela se sorprende y se queda conmocionada. No quiere creer lo que oye y piensa que el luto por la muerte de su padre la ha cogido en la peor época y no quiere acostumbrarse al encierro que esto supone, con las consecuencias que acarrea: la piel arrugada, su piel descolorida… Quiere salir con su vestido y pasearse por las calles.
La criada avisa de que Pepe el Romano se acerca por lo alto de la calle y todas van a verlo, excepto Adela que se muestra indiferente.
Bernarda y Poncia hablan sobre la fortuna de Angustias y lo infortunadas que son las demás.
Entra Angustias y Bernarda la reprende por haberse maquillado tras la muerte de su padre, aunque Angustias se excusa recordándole que su padre no es este; su padre murió hace tiempo. Sin embargo, Bernarda le replica y le ordena al menos tener respeto y que se quite el maquillaje y deje de ser buscona.
Poncia, mientras tanto, le pide calma y que no sea tan inquisitiva. Bernarda, con su carácter impertérrito, más preocupada por el qué dirán que por los sentimientos de sus hijas, dice estar segura de lo que hace, por mucho que su madre esté loca. Magdalena, de repente, entra y dice que si están hablando de las particiones, Angustias, como es la más rica, se puede quedar con todo, en forma de recriminación. Pero Bernarda golpea en el suelo y recuerda que hasta que ella muera mandará en lo de ella y en lo de sus hijas.
Entonces, La madre de Bernarda, María Josefa, entra y le pide a su hija que le dé todo lo que es suyo, ya que no quiere que nadie se quede ni con un solo anillo; ninguna se casará. La criada, con pavor, se disculpa por dejarla entrar y María Josefa dice que se quiere casar lejos de aquí, en la orilla del mar. Y, aunque bernarda la manda callar, ella prosigue afirmando que no quiere ver a las chicas con el corazón hecho polvo y prefiere irse a su pueblo y tener un varón que le dé alegría.
Bernarda se encoleriza hasta la coronilla, con su siempre impertérrito carácter, y pide que se la lleven mientras su madre pide a gritos que la dejen y que se quiere casar a la orilla del mar.
El telón se cierra.
domingo, 22 de mayo de 2016
La casa de Bernarda Alba
La
casa de Bernarda Alba
Era una noche calurosa de verano, pero eso no impedía a
todas las hermanas vestir de negro por orden de Bernarda, la madre. Todas
unidas por un lazo de sangre, excepto angustias, que era hija de otro maromo.
Ninguna de sus hermanas quería tener relación con ellas, era la única en parte
libre y que podía conocer a un hombre con el que podía contraer matrimonio,
este es Pepe el Romano, que tiene enamoradas a otras de sus dos hermanas.
Empezaba la tensión en aquella mesa, Bernarda había invitado
a cenar a una amiga suya para mostrarle que su hija mayor se iba a casar. Simplemente le importaba lo que pensaran de
puertas para fuera, es por eso que solo quería llamar la atención de aquella
mujer…le pidió a angustias que le enseñara el anillo y sin pensárselo dos
veces, se lo enseño. Aquel anillo era de perlas, cosa que significaba tristeza
y engaño en aquella época, pero Angustias, cuando la amiga de su madre le dijo
esto, mostro una cierta indiferencia y dijo que las cosas habían cambiado. Adela
por otra parte comenzó a darle la razón a aquella vieja mujer, que solo quería malmeter
en medio de la familia, al cavo de unos segundos se intento levantar de la mesa
y Bernarda le echó una mirada de lince…cosa que ella se lo tomó como una orden,
una orden que había cazado al instante, ella obedeció y se sentó de nuevo en la
silla.
Tras un rato sentadas viviendo más tensión que la del
principio y casi sin hablar, Bernarda se levanto, su amiga la siguió y todas
las hijas siguieron el paso de angustias que iba detrás de su madre. Entonces,
Bernarda dijo de ir a ver el cuarto de bodas y entonces todas entraron en
aquella habitación a raíz de que la madre lo hiciera. Bernarda simplemente quería
hacerle ver a aquella mujer lo lujuriosa que podía ser su vida si se lo proponía
y que con la herencia que le había quedado del marido podía llegar hacer muchas
cosas. No se pensó dos veces lo de gastarse millones de pesetas en la preparación
para la noche de bodas de su hija junto a pepe romano.Más tarde, la mujer invitada decidió desalojar la casa debido a que sonó
una campana, eso le indicaba que ya se le había pasado la hora y que tenía que
regresar a su hogar. Cuando esta mujer se fue, dos de las hermana se dirigieron
hacia el establo a relajar al caballo, ya que estaba muy nervioso y solo quería
salir de allí.Tras llegar al establo se
quedaron mirando a las estrellas y Bernarda en la mesa junto a su hija
angustias, se quedo hablando sobre pepe el romano, Bernarda le dijo que no tenía
que preocuparse por el, simplemente casarse y callarse como una perra sumisa, que
cada uno haría su parte, el traería el dinero y ella cuidaría de la casa. No
tenía que preguntarle de nada, simplemente asentir y hacer lo que pepe el
romano dijera.
Angustias estaba preocupada y dijo…” lo siento madre,
pero hay algo que me preocupa de el”, entonces Bernarda le volvió a repetir que
no le preguntara nada, que obedeciera y ya, después, al cavo de un rato de
charla, le dijo que fuera con sus dos hermanas para crear una buena relación
con ellas, que es lo que quería, ya que es lo que ve la gente desde fuera, y
eso hizo, se fue con las dos hermanas, pero se dio cuenta que no le hacían ningún
caso.
Esa noche, Pepe el Romano había mentido a su futura
prometida, le había dicho que se iba al pueblo con su madre y que aquella noche
no podría hablar con ella, más tarde apareció y se encontró con Adela, su otra
amante. Martirio lo escucho todo y decidió callarse, simplemente por ese día. Al día siguiente,
Poncia advirtió a la madre, a la hija Adela y en sí, a todas las personas que
vivían en aquella casa, les advirtió que estaba pasando algo raro, y que la
gente de fuera hablaba de lo que estaba ocurriendo, cada día más y más…Sin más
rodeos, Bernarda le dijo que no se metiese, que ella lo tenía todo controlado y
fue en aquella noche cuando Martirio se canso de su hermana y decidió gritar a
todo pulmón para que llegara Bernarda, y cuando Bernarda descubrió todo aquello
que estaba ocurriendo se quedo hecha un cuadro, visto lo visto reaccionó de una
manera violenta, e intentó matar a Pepe el Romano con una pistola, fallando el
tiro por suerte o por desgracia, pero eso hizo que su hija pequeña, Adela,
acabase suicidándose por amor, pero qué más da eso!…lo que importa son las
lenguas, decía ella. Diremos que murió virgen. Bernarda no dejo que derramaran
ni una sola lágrima de dolor…
viernes, 29 de abril de 2016
SEGUNDO ACTO
LA CASA DE BERNARDA ALBA
SEGUNDO ACTO
Todo empieza cuando las hermanas están cortando sabanas en una tabacón cerrada y un poco
oscura, las hermanas, acompañadas de la criada que también las vigilaba, están estableciendo
una conversación bastante interesante, Angustias, que es la más mayor y la que más desea
irse de esa casa la cual parece una cárcel, empieza a decir que esta con muchas ganas de
abandonar ese sitio y salir de una vez a la calle, entonces Martirio sin ganas de que haya otra
discusión, hace que la charla acabe y saca de tema de conversación el tiempo que ha hecho,
muchas de ellas empiezan a decir que esa misma noche, de la calor que hacia se habían
tenido que levantar y algunas de ellas a refrescarse al no aguantar la temperatura de aquella
Entonces acaba saliendo el tema de Angustias y Pepe el Romano y empieza un gran debate
del cual el principal tema es la hora en que Pepe el Romano se había marchado de la reja de la
casa. Unas dicen que se marchó a las cuatro y otras a la una y media de la madrugada. Las
hermanas interesadas por la relación de Angustias y Pepe le pregunta a ella el cómo le pidió
que ella sea su novia, ella muy contenta y entusiasmada les explica que él le dijo que
necesitaba a una mujer en su vida y que si le parecía bien que sea ella, al oír eso las hermanas
pensaron en que es extraño que dos personas empiezan a ser novios con solo conocerse de
unas rejas, Angustias se defiende diciendo que cualquier mujer diría que si a cualquier hombre
y al ella estar con unas ganas tremendas de tener a un hombre a su lado no se lo pensó dos
veces. Les empieza a decir que ella no pudo decir ni una palabra porque sentía que el corazón
se le salía por la garganta y por ello solo hablaba él. En ese momento Poncia, que se puede
decir que es muy suelta y sincera, al ver que las hijas de Bernarda estaban interesadas en el
tema de los hombres, les empezó a contar el cómo se lo pidió su marido, y también explico que
se les tiene que tener a raya a los hombres y que a los quince días de estar casados dejan la
cama por la mesa y después la mesa por la tabernilla.
En un instante viene Adela la cual tiene una discusión con Martirio pero entonces les llama la
criada diciéndoles que Bernarda las llamaba porque había venido el hombre de los encajes.
Pero, como al salir Martirio mira mal Adela, Adela le dice a Martirio que qué le pasaba y porque
le miraba así, entonces Adela empieza a decirle a Martirio que está cansada de que la esté
mirando todo el día y que incluso la mira dormir, un segundo después Martirio se va y
La Poncia le dice que es su hermana y que la que más la quiere y que ella hace lo que quiera
con su cuerpo, entonces Poncia le dice que ya se ha dado cuenta que ella está por Pepe pero
que se olvide de él que es de su hermana, y que cuando su hermana fallezca por algún parto,
Pepe vendrá a por ella. Al cabo de un momento entra Angustias al oír los chillidos y le pide
a Poncia lo que le había pedido que le comprara, le dice que se lo ha dejado en su cuarto y
Angustias se va. Entran las otras tres hermanas para pedirle lo mismo a Poncia. De repente se
oyen a los hombres llegar del trabajo y Poncia de la nada dice que hace años vinieron unas
mujeres de la calle y que ella misma le dio dinero a su hijo para que vaya a verlas. Las mujeres
para divertirse empiezan a cantar lo que oyen de fuera con mucho entusiasmo.
Después, a la tarde Angustias entra muy enfadada gritando que donde estaba el retrato de
Pepe, su novio. Bernarda por el escándalo sale al pasillo y pregunta quien de las hermanas lo
había cogido, ninguna responde asique le dice a la criada que vaya a registrar por las
habitaciones. Cuando llega de rebuscar Bernarda le pregunta en q habitación estaba y ella
contesta que en la de Martirio. La madre enfadada coge a la hija y le dice que porque lo había
cogido. Martirio le dice que era para hacerle una broma a su hermana, pero no se lo cree.
Entonces madre e hija discuten, pero al final Martirio se va y Poncia le dice a Bernarda que
cree que sus hijas deberían salir de casa y que las tiene muy encerradas, que tendrían que
conocer a alguien. Bernarda enfadada le dice que ella hace lo que quiera con la vida de ella y
sus hijas y ahí se acaba la charla.
Cuando pasa un rato, mientras Bernarda estaba también con las hijas y Poncia vuelve a salir el
tema de Pepe el Romano, de la hora en que se marcha. Las hijas siguen diciendo que unas lo
oyen irse a la una y otras a las cuatro. Al cabo de poco Bernarda harta de la conversación
decide que se acabe esa conversación y todas se callan y Poncia se va.
Cuando Poncia regresa explica que fuera hay una mujer que ha tenido un hijo y para que no se
sepa lo decide matar y enterrarlo pero unos perros lo encuentran y deciden la gente del pueblo
matarla y cuenta que le están dando con palos. Bernarda dice que la maten y las otras hijas
intentan mirar que pasa pero una de las hijas, como ella también está desobedeciendo pide
que porfavor no la maten, que no se lo merece. Entonces todas entran y vuelven a sus cosas.
SEGUNDO ACTO
Todo empieza cuando las hermanas están cortando sabanas en una tabacón cerrada y un poco
oscura, las hermanas, acompañadas de la criada que también las vigilaba, están estableciendo
una conversación bastante interesante, Angustias, que es la más mayor y la que más desea
irse de esa casa la cual parece una cárcel, empieza a decir que esta con muchas ganas de
abandonar ese sitio y salir de una vez a la calle, entonces Martirio sin ganas de que haya otra
discusión, hace que la charla acabe y saca de tema de conversación el tiempo que ha hecho,
muchas de ellas empiezan a decir que esa misma noche, de la calor que hacia se habían
tenido que levantar y algunas de ellas a refrescarse al no aguantar la temperatura de aquella
Entonces acaba saliendo el tema de Angustias y Pepe el Romano y empieza un gran debate
del cual el principal tema es la hora en que Pepe el Romano se había marchado de la reja de la
casa. Unas dicen que se marchó a las cuatro y otras a la una y media de la madrugada. Las
hermanas interesadas por la relación de Angustias y Pepe le pregunta a ella el cómo le pidió
que ella sea su novia, ella muy contenta y entusiasmada les explica que él le dijo que
necesitaba a una mujer en su vida y que si le parecía bien que sea ella, al oír eso las hermanas
pensaron en que es extraño que dos personas empiezan a ser novios con solo conocerse de
unas rejas, Angustias se defiende diciendo que cualquier mujer diría que si a cualquier hombre
y al ella estar con unas ganas tremendas de tener a un hombre a su lado no se lo pensó dos
veces. Les empieza a decir que ella no pudo decir ni una palabra porque sentía que el corazón
se le salía por la garganta y por ello solo hablaba él. En ese momento Poncia, que se puede
decir que es muy suelta y sincera, al ver que las hijas de Bernarda estaban interesadas en el
tema de los hombres, les empezó a contar el cómo se lo pidió su marido, y también explico que
se les tiene que tener a raya a los hombres y que a los quince días de estar casados dejan la
cama por la mesa y después la mesa por la tabernilla.
En un instante viene Adela la cual tiene una discusión con Martirio pero entonces les llama la
criada diciéndoles que Bernarda las llamaba porque había venido el hombre de los encajes.
Pero, como al salir Martirio mira mal Adela, Adela le dice a Martirio que qué le pasaba y porque
le miraba así, entonces Adela empieza a decirle a Martirio que está cansada de que la esté
mirando todo el día y que incluso la mira dormir, un segundo después Martirio se va y
La Poncia le dice que es su hermana y que la que más la quiere y que ella hace lo que quiera
con su cuerpo, entonces Poncia le dice que ya se ha dado cuenta que ella está por Pepe pero
que se olvide de él que es de su hermana, y que cuando su hermana fallezca por algún parto,
Pepe vendrá a por ella. Al cabo de un momento entra Angustias al oír los chillidos y le pide
a Poncia lo que le había pedido que le comprara, le dice que se lo ha dejado en su cuarto y
Angustias se va. Entran las otras tres hermanas para pedirle lo mismo a Poncia. De repente se
oyen a los hombres llegar del trabajo y Poncia de la nada dice que hace años vinieron unas
mujeres de la calle y que ella misma le dio dinero a su hijo para que vaya a verlas. Las mujeres
para divertirse empiezan a cantar lo que oyen de fuera con mucho entusiasmo.
Después, a la tarde Angustias entra muy enfadada gritando que donde estaba el retrato de
Pepe, su novio. Bernarda por el escándalo sale al pasillo y pregunta quien de las hermanas lo
había cogido, ninguna responde asique le dice a la criada que vaya a registrar por las
habitaciones. Cuando llega de rebuscar Bernarda le pregunta en q habitación estaba y ella
contesta que en la de Martirio. La madre enfadada coge a la hija y le dice que porque lo había
cogido. Martirio le dice que era para hacerle una broma a su hermana, pero no se lo cree.
Entonces madre e hija discuten, pero al final Martirio se va y Poncia le dice a Bernarda que
cree que sus hijas deberían salir de casa y que las tiene muy encerradas, que tendrían que
conocer a alguien. Bernarda enfadada le dice que ella hace lo que quiera con la vida de ella y
sus hijas y ahí se acaba la charla.
Cuando pasa un rato, mientras Bernarda estaba también con las hijas y Poncia vuelve a salir el
tema de Pepe el Romano, de la hora en que se marcha. Las hijas siguen diciendo que unas lo
oyen irse a la una y otras a las cuatro. Al cabo de poco Bernarda harta de la conversación
decide que se acabe esa conversación y todas se callan y Poncia se va.
Cuando Poncia regresa explica que fuera hay una mujer que ha tenido un hijo y para que no se
sepa lo decide matar y enterrarlo pero unos perros lo encuentran y deciden la gente del pueblo
matarla y cuenta que le están dando con palos. Bernarda dice que la maten y las otras hijas
intentan mirar que pasa pero una de las hijas, como ella también está desobedeciendo pide
que porfavor no la maten, que no se lo merece. Entonces todas entran y vuelven a sus cosas.
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